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Construyamos un plan de infraestructura asequible

“Es especialmente probable que las familias hispanas sientan el impacto de impuestos más altos, especialmente el impuesto a la gasolina, que aumenta el costo de ir al trabajo, a las tiendas, a la escuela, a la guardería y a otros destinos cotidianos”.
Opinión
Presidente de La Iniciativa Libre
2019-05-09T14:56:03-04:00

Muchos de nosotros nos sentimos frustrados con un Congreso que no parece capaz de superar sus diferencias partidistas. Urge un consenso bipartidista para resolver los desafíos que estamos encarando actualmente, y es rara la vez que se consigue esa deseada concordia. Pero molesta mucho más el ver a estos mismos legisladores superar las diferencias partidistas solo cuando se trata de propuestas que desperdiciarán el dinero de los contribuyentes y amenazarán nuestro futuro fiscal.

La semana pasada, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el líder de la minoría del Senado, Charles Schumer, se reunieron con el Presidente Donald Trump y anunciaron que habían llegado a un acuerdo sobre un plan de infraestructura con un costo de dos billones de dólares. El obstáculo clave para avanzar fue, aparentemente, saber de dónde saldrían los recursos para cubrir ese costo.

Así no es como debería funcionar la formulación de políticas. A modo de comparación, dos billones de dólares son aproximadamente la mitad del total de los egresos del gobierno federal el año pasado. Es imprudente e irresponsable por parte de los legisladores decidir sobre un nivel de gasto aleatorio porque suena bien, especialmente cuando se trata de un gasto monumental. En realidad, contamos con ellos para tomar decisiones difíciles sobre las prioridades nacionales y luego ajustar esas decisiones de gasto dentro de un plan fiscal sostenible. La infraestructura no es diferente. En lugar de decidir precipitadamente gastar dos billones de dólares, y luego buscar proyectos para financiar, los legisladores deben evaluar cuidadosamente el costo de los proyectos que son verdaderas prioridades nacionales. Una vez que se realiza ese trabajo, pueden considerar si esos proyectos se ajustan al presupuesto federal.

A lo largo de los años, hemos visto que cuando nuestros líderes actúan de una manera que invierte el proceso, comprometiéndose a gastar trillones de dólares sin un plan, inevitablemente se producen malos resultados. Los recursos se desperdician, los impuestos aumentan y el proceso político puede llevar a que prioridades secundarias obtengan fondos federales, mientras se ignoran los proyectos de mayor importancia .

Ante una plena reactivación económica, no sobran los políticos que se muestran ansiosos por gastar billones en "infraestructura". Ahora se esfuerzan por encontrar formas de financiarlo y una idea que muchos apoyan es un aumento en el impuesto federal a la gasolina. En este momento, los impuestos federales consumen 18.4 centavos del costo de cada galón de gasolina. Las propuestas que hay en el Congreso aumentarían eso a más de 43 centavos por galón. Este impuesto federal estaría por encima y de cualquier impuesto estatal a la gasolina, y estos impuestos pueden llegar, en algunos casos, a 60 centavos por galón. Eso significa que en algunos estados los conductores pagarían más de un dólar por galón en impuestos a la gasolina.

Los políticos que defienden con entusiasmo unos impuestos más altos a la gasolina muestran poca comprensión de los desafíos que actualmente sobrellevan las familias trabajadoras. Es especialmente probable que las familias hispanas sientan el impacto de impuestos más altos, especialmente el impuesto a la gasolina, que aumenta el costo de ir al trabajo, a las tiendas, a la escuela, a la guardería y a otros destinos cotidianos. Si el Congreso aumentara el impuesto a la gasolina (por no decir duplicara, como lo harían las propuestas actuales), nuestra comunidad sentiría el impacto de ese aumento muy rápidamente. Agregar 25 centavos al costo de un galón de gasolina le costaría a una familia promedio cientos de dólares por año.

Lo concreto es que los impuestos más altos a la gasolina elevarían el costo de todo lo transportado por carretera en Estados Unidos. Y eso significa casi todo. Los artículos que compramos todos los días en el supermercado o en los grandes almacenes probablemente aumentarán. La consecuencia es inmensa. La imposición lastimaría mas gravemente a las familias.

Este debate es especialmente frustrante porque sabemos que Washington puede hacer más para atender las necesidades de infraestructura sin dolorosos aumentos de impuestos. El Congreso y el presidente se unieron para reducir los impuestos hace apenas un par de años, y desde entonces nuestra economía ha experimentado un auge. Las familias hispanas se están beneficiando del crecimiento económico y el aumento de los salarios. Cada vez más, las familias pueden construir el sueño americano. En sentido contrario, aumentar los impuestos ahora perjudicaría a las familias y socavaría el crecimiento. No es necesario, y no es una buena idea.

En cambio, contamos con que los legisladores revisen cuidadosamente los programas para financiar infraestructura: carreteras, puentes y más. Si hay prioridades que deben abordarse, identifiquémoslas y expliquemos por qué merecen recursos escasos. Y si lo hacen, analicemos las ventajas y desventajas, y encontremos la mejor manera de financiarlas sin costosos aumentos de impuestos. Esa es la opción correcta para la nación, y es una opción que las familias hispanas pueden pagar.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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