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Clamores de libertad y justicia en Nicaragua

“La actual rebelión ha obligado a muchos nicaragüenses a replantearse seriamente el futuro de su país. Un futuro en el que Nicaragua recupere el rumbo democrático, con todas las garantías de libertad y justicia”.
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias.
2018-04-24T14:25:08-04:00
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Una mujer herida durante las manfestaciones de protesta contra el gobierno en Nicaragua. Crédito: Jorge Torres/Efe

Manos amigas me han hecho llegar imágenes de la represión que ordenó el Presidente Daniel Ortega en Nicaragua. Son tan crudas que difícilmente podrían publicarse en los originales sin herir la sensibilidad de muchas personas. Algunas muestran a un joven que yace ensangrentado en el suelo tras recibir tres balazos. Otras muestran a un joven con un ojo anegado en sangre y lo que parece ser un orificio de bala en la frente. Compañeros de protesta lo montan en una moto para llevarlo al hospital y tratar de salvarle la vida. Pero es inútil. En otras imágenes aparece un muchacho, prácticamente un niño, al que tratan de resucitar compañeros. Quienes procuran ayudarle, sin embargo, pronto reparan en que había recibido un balazo mortal en el pecho y ya nada podían hacer por él. “Lo mataron, lo mataron”, gritan conmovidos. Las imágenes más descarnadas corresponden a otra joven víctima fatal con un enorme tajo sanguinolento que solo pudo haberlo causado un arma de muy alto calibre.

En la década de los noventa cubrí muchas manifestaciones en Nicaragua para The Miami Herald. Y nunca presencié, ni remotamente, una represión tan brutal como la que acaban de desplegar la policía y los paramilitares del régimen de Ortega en Managua, Estelí, Bluefields y otras ciudades nicaragüenses. Estos incidentes, que han durado ya cinco días, son un símbolo escalofriante de lo que ha significado el orteguismo: un sistema autocrático en el que un solo hombre, su familia y un puñado de secuaces y arribistas se han perpetuado en el poder, traicionando muchos de los principios y objetivos que en su juventud los llevaron a combatir una tiranía muy parecida, la de la familia Somoza. Un ejemplo clásico de víctimas que remedan el comportamiento abusivo y las acciones arbitrarias y criminales de sus verdugos.

Es archisabido que el detonante de las protestas populares fue la decisión de Ortega de imponer por decreto reformas antidemocráticas al Instituto Nicaragüense de Seguridad Social, INSS. Incluían el aumento sustancial de las contribuciones patronales y laborales, un impuesto retroactivo y por lo mismo ilegal a las pensiones de los jubilados actuales y una reducción de las pensiones futuras. Estudiantes, trabajadores y activistas reaccionaron con protestas multitudinarias que se convocaron de manera espontánea a través de las redes sociales. El régimen a su vez les respondió con toda la fuerza bruta de su bien aceitado aparato represivo, un legado de la dictadura sandinista que a su vez asimiló esos métodos autoritarios en Cuba y otros países de la desaparecida órbita soviética.

Sin embargo, la intensidad de las protestas y la perseverancia de los manifestantes sugieren que también se rebelaban contra los excesos que han cometido Ortega, su esposa Rosario Murillo y su camarilla durante más de una década. Con un delirante sentido de legitimidad histórica –por haber combatido el despreciable somocismo– y ensoberbecidos por el poder, han menoscabado las instituciones democráticas de Nicaragua y atentado contra la libertad de prensa y los periodistas. Uno de ellos, Ángel Ganoa, fue asesinado de un disparo mientras filmaba una manifestación en Bluefields, crimen cuyas imágenes impublicables también me han llegado. Ortega y sus compinches han establecido asimismo oscuras alianzas con empresarios corruptos y practicado el nepotismo, todo en la más absoluta impunidad. En 2016, en una elección amañada, el autócrata coronó a su esposa “vicepresidenta” con la esperanza de que lo suceda si su padecimiento cardíaco lo mata o incapacita. Algunos manifestantes dieron rienda suelta a su indignación por estas y otras componendas derribando “árboles de la vida”, coloridas esculturas de metal con los que Murillo ha decorado a Managua.

Más de 30 muertos y decenas de heridos después, Ortega ha dado marcha atrás a las odiadas reformas. Se diseñaron, en parte, para suplir los ingresos que la dependiente economía nicaragüense recibía de la Venezuela de Chávez y de Maduro, la cual se halla sumida en su propia crisis política, económica y social. Los petrodólares venezolanos habían creado una falsa imagen de prosperidad en Nicaragua, apaciguado a sectores populares y convertido a un segmento de la clase empresarial en cómplice del orteguismo. Algunos de los empresarios más acaudalados del país pactaron acuerdos mercantilistas con Ortega y sus secuaces. Se conformaron con la mediatización de la democracia a cambio de poder preservar y multiplicar sus riquezas. Algo parecido sucedió con algunos líderes de la Iglesia católica. La actual rebelión ha puesto en entredicho esos acomodos y obligado a muchos nicaragüenses a replantearse seriamente el futuro de su país.

Debería ser un futuro en el que Nicaragua recupere el rumbo democrático, con todas las garantías de libertad y justicia, y en la que sus dirigentes políticos se coloquen al servicio de la nación en vez de colocar a la nación a su servicio, como antes hizo la dinastía de los Somoza y como hacen ahora Ortega, su esposa Rosario Murillo y los oportunistas que les acompañan en el ejercicio abusivo del poder. Una Nicaragua sufrida y maltratada les está diciendo a las claras basta ya. Ojalá escuchen de una vez ese clamor desesperado.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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