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En fotos: Las desgarradoras historias de escape y sobrevivencia de los desertores de Corea del Norte

Algunos fueron torturados, otros se aislaron en las montañas antes de huir. Hay quien perdió a su padre en el río y otra que no quiere estar lejos de su familia pero no puede volver. Sus testimonios revelan hasta dónde llega un Estado totalitario que les modeló hasta su forma de pensar.
15 Abr 2018 – 08:57 AM EDT
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Song Byeok, de 48 años, era un artista de propaganda en su país Natal. “Intentamos salir a China en agosto de 2000 cruzando el río Tumen”, relata Byeok a la agencia de noticias Reuters sobre su primer intento de huida de Corea del Norte en el que perdió a su padre. "Veníamos de una ciudad del interior del país y no estábamos seguros dónde el río estaba hondo o llano. No sabía en ese momento, pero el río estaba crecido por la temporada de lluvias. Debíamos cruzar de cualquier forma, en lo único que podía pensar era en llegar a China y comprar comida. Até mi cuerpo al de mi padre y nos lanzamos al río. De pronto no sentí más su peso y cuando voltee lo vi alejarse. Estaba devastado, mi padre se hundía en el agua sin poder salir". Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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"Regresé a pedir ayuda a los guardias fronterizos norcoreanos quienes respondieron preguntándome por qué intenté salir del país y diciéndome que yo también debía morir. Me esposaron y me llevaron preso. Fui torturado por la policía secreta de Corea del Norte y pasé cuatro meses en un campo de prisioneros. Al salir sentí la necesidad de sobrevivir. Antes de intentar escapar de nuevo volví a mi casa y me llevé esta fotografía. Pensé que aunque muriera en el intento al menos tendría esta foto conmigo. Nunca encontré a mi padre. Me establecí en Corea del Sur pero en 2004 regresé a China para hacer una ceremonia en su honor junto al río. Mi corazón todavía siente dolor". Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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Ji Sung-ho, de 35 años, nació en Hoeryong, cerca de la frontera con China. Dejó Corea del Norte en 2006 y solo cargó con su par de muletas de madera. "Vivía como un niño mendigo. Estaba robando carbones de un tren cuando me caí y perdí la pierna y la mano. El Estado donde nací no te ayuda y las personas que necesitan muletas las construyen. Por esto las mías nunca fueron perfectas y se rompían fácilmente. Tuve varios pares de muletas pero todas se rompieron, este fue el último par que construí y utilicé por 10 años”. Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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“A los los 25 años escapé a Corea del Sur”, continuó Sung Ho. “Antes robaba carbón de los trenes en movimiento y cuando me caía rompía mis muletas. Y si la policía me atrapaba también me las rompía y siempre debía construir unas nuevas. Cuando llegué a Corea de Sur la agencia de inteligencia me dio una prótesis de pierna. Me aconsejaron que tirara las muletas pero no lo hice porque hay mucho amor de parte de mis amigos y familiares de Corea del Norte en ellas. Aunque el gobierno de Corea del Sur me dio unas nuevas, todavía conservo las últimas que construí, para no olvidar”. Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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Lee Oui-ryuk, de 29 años, nació en Onsong, cerca de la frontera con China. Desertó en 2010 y trajo consigo su tarjeta de identificación. "El carnet tiene escrito que mi tipo de sangre es A, pero en realidad soy O, los funcionarios anotaron mi tipo de sangre sin siquiera hacer una prueba. Fui atrapado tratando de desertar a Corea del Sur un día cercano al cumpleaños de Kim Jong Il, pensando que podía ser una ventaja. Me vieron y me dispararon cuando intenté huir por el río Tumen. Logré escapar y esconderme, pero alguien me denunció". Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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"Fui interrogado durante tres meses por la policía secreta de Corea del Norte. El Estado dictaminó que que era un desertor y me enviaron a un campo de concentración. Escapé durante el traslado, logré llegar a la casa de mi hermana mayor y me llevé estas fotos. Debía esconderme en las montañas y necesitaba mi identificación para moverme sin que me atraparan. Los detalles de cada foto que traje están anotados en la parte de atrás, son 12 imágenes que me ayudan a recordar". Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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Kim Ryon Hui, de 48 años, nació en Pyongyang. Cuenta que nunca quiso desertar. En 2011 necesitaba tratamiento médico para su hígado así que pidió ayuda a un traficante para llegar a China pero fue engañada y terminó en Corea del sur. Quiere regresar al norte pero eso sería ilegal en Corea del Sur. "Extraño a mis padres aún más de lo que extraño a mi hija. Son todo para mí. Durante los primeros años ni siquiera podía respirar bien cuando pensaba en ellos. Mi hermano pequeño vive con ellos en Pyongyang ahora. Lo que más temo es que mueran antes de poder regresar".
Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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"Mi hija y yo nos escribimos y enviamos fotos frecuentemente. Se llama Ri Ryon Gum y nació el 15 de febrero de 1993. No quiero que viva conmigo fuera de Corea del Norte. Practicaba Taekwondo, quería convertirse en espía contra Corea del Sur. Ella era muy valiente y me sorprendió mucho saber que se convirtió en chef. Me contó que lo hizo porque se mudó con su padre en lo que yo me fui y decidió aprender a cocinar para poder cumplir el rol que yo dejé vacío en casa. Me entristeció escuchar eso". Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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Jeong Min-woo, de 29 años, nació en Hyesan, en la frontera con China. Era oficial del Ejército Popular de Corea del Norte y se escapó con su uniforme. "Llegué a Corea del Sur el 22 de noviembre de 2013. No abandoné mi unidad. Nunca fue una deserción, me fui para ganar dinero y solo les dije a los guardias en la frontera que me iba. Lo logré porque solo había militares allí. Cuando llegué a Tailandia pedí ropa prestada y guardé mi uniforme en mi bolso. Si iba a volver a Corea del Norte tenía que vestirme con él. Un uniforme es un activo valioso en Corea del Norte porque los militares pueden hacer cualquier cosa. Pero tuve que entregar mi uniforme original a la inteligencia de Corea del Sur". Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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"Este uniforme también es auténtico pero lo introduje en secreto en Corea del Sur, es el de verano, hecho de algodón. Los suministros militares se venden clandestinamente. Mis amigos en Corea del Norte me lo enviaron en 2014 y tuve que pagar unos cientos de dólares por todo. En Corea del Norte vestía mi uniforme todos los días, incluso cuando estaba fuera de servicio. No podía usar ropa ordinaria. Si lo hacía no podía viajar en auto y alguien podía robarme o buscarme problemas. Si hubiera regresado habría necesitado ese uniforme para ser yo el que robara a otros". Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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Kang, de 28 años, no quiere ser reconocida y por eso dice solo su apellido. Sus padres le enviaron un abrigo a través de la frontera china después de que escapó a Corea del Sur en 2010. "No le pedí a mi madre que me lo enviara pero ella sabe que soy friolenta. Está hecho de piel de perro y es realmente costoso, mi madre seguro gastó mucho dinero para comprarlo. Mi padre era un oficial del partido, nuestra familia tenía un automóvil y vivíamos en un departamento especial. La gente común no puede permitirse usar este tipo de abrigo, ni siquiera soldados, sólo los oficiales comisionados y los hijos de familias ricas pueden costearlo. Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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“Este tipo de abrigo es parte del uniforme militar y es muy difícil encontrarlo. Las imitaciones, como la que me envió mi madre, son confiscadas por el Estado. Incluso los oficiales militares prefieren las falsificaciones porque el diseño es mucho mejor. Me veo gorda vestida con el abrigo así que no lo uso, tal vez lo usaré si lo modifico”. Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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Lee Min-bok, de 60 años, fue investigador en la Academia de Ciencias Agrícolas de Corea del Norte. Primero trató de desertar, sin éxito, en 1990. Finalmente abandonó Corea del Norte en junio de 1991 y llegó a Corea del Sur en 1995. Su familia le envió sus diarios. "Según las enseñanzas de Kim Il Sung todas las personas deben llevar un diario y así lo hice. Aunque Kim Il Sung aquí es un villano, en Corea del Norte está por encima de todo. Aprendimos que fue bien educado y con sus consejos da un propósito a nuestras vidas. Esa era nuestra ideología y así viví mi vida, nadie puede pensar de manera diferente". Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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"Había estado enviando dinero a mi familia y ellos me enviaron los diarios 10 años después de mi llegada a Corea del Sur. Nunca escribí una queja en esas páginas, habría tenido un gran problema si lo hubiera hecho. Mis diarios son un registro de mi historia en Corea del Norte. Estoy pensando en convertirlos en un libro que trataría sobre cómo cambiar el pensamiento de los norcoreanos cuando ocurra la unificación. Los diarios muestran cómo piensan y cómo sus mentes se estructuran. Necesitamos esta información en un libro de texto porque es una prueba. Hablar de ello no es tan efectivo", explicó Min-bok. Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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Baek Hwa-sung, de 33 años, dejó Sinuiju, ciudad fronteriza con China, en 2003 y se reubicó en Corea del Sur en 2008. Mantuvo un diario mientras desertaba. "En 2004 comencé a escribir todos mis pensamientos en un diario. No sabía si me pillarían. Solo quería que se supiera de dónde era y adónde quería ir. Después de que dejé el Norte me deprimí mucho, me escondí solo en las montañas por un tiempo. Solo, sin nadie para hablar sentí que me volvería loco, así que escribí para dejar algo si moría o me atrapaban. Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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"Mis diarios son una prueba del viaje de mi vida. Los leo cuando quiero recordar mi hogar. No puedo regresar a casa, y ya no tengo recuerdos de mi ciudad natal. Pero cuando reviso los diarios, sus notas detallan mis vívidos recuerdos de esa época. A veces olvido el cumpleaños de mi padre, pero cuando vuelvo a mi diario, su cumpleaños y el de mi madre están allí. Mis diarios son un registro de mi vida. Ellos prueban que estoy vivo", contó Hwa-sung. Crédito: KIM HONG-JI/Reuters
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