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Deslenguado y sexista: el nuevo presidente de Filipinas al que comparan con Donald Trump

El político de 71 años se ha vanagloriado de sus capacidades sexuales y apela en sus discursos a propuestas populistas o simplonas. Pero las cosas no llegan allí, llegó a insultar al Papa aunque ahora trata de cambiar su imagen.
12 May 2016 – 5:41 PM EDT

Filipinas escogió a un nuevo presidente en las urnas hace menos de una semana. La noticia no habría tenido mayor repercusión si no fuera por el carácter del nuevo mandatario.

Rodrigo Duterte (que ha sido calificado como el "Trump del Este") es un político –como el magnate- de un verbo fácil, poco ortodoxo, de declaraciones acaloradas y (desde luego) polémicas.

Por supuesto, al igual que el virtual candidato republicano, también le gusta hablar sin reprimirse de las mujeres o incluso de sus capacidades sexuales. Una estrategia que les ha dado muy buen resultado a los dos.

Duterte, que es conocido popularmente como "Digong", jurará como presidente el 30 de junio tras conseguir casi el doble de votos (cerca de 15 millones) que su principal rival, el ministro del Interior, Mar Roxas (unos 8 millones). Trump ha logrado ser el candidato (por ahora virtual) del Partido Republicano cuando nadie en el partido apostaba por él.

Mano dura

"No tengo paciencia, ni término medio. O me matan a mí o los mato a todos, idiotas", gritó Duarte en el último mitin en la capital Manila. Se refería a “todos los que andan con drogas, a ustedes, hijos del diablo, de verdad los voy a matar”.

Sus palabras dan idea del tono de su campaña. Este político de 71 años ha conseguido llegar al palacio presidencial con propuestas simplonas y de brocha gorda, al igual que muchas de las que ha lanzado Donald Trump en Estados Unidos (léase deportaciones masivas o cierre de fronteras para los musulmanes).

Pero al contrario que el millonario, no es un advenedizo a la política. Comenzó en los años '80 y ha sido varias veces alcalde de Davao, la cuarta ciudad con más población del país, con cerca de 1,5 millones de habitantes.

Organizaciones de derechos humanos lo han acusado de promocionar sicarios que han matado más de mil personas (delincuentes, según él), incluidos niños. Él, en lugar de negarlo, se ha vanagloriado y ha prometido más.

"Si por gracia de Dios llego (a presidente), tengan cuidado, porque los 1,000 criminales se convertirán en 100,000. Van a ver cómo engordan los peces de la Bahía de Manila. Ahí es donde los echaré".

Comentarios sexistas

Por supuesto, sus comentarios sobre las mujeres y el sexo son aún más polémicos. Si Trump dejó claro en un debate que no tenía “ningún problema” refiriéndose a su pene, el nuevo presidente filipino llegó más allá. Ha alardeado incluso de sus infidelidades y ha reconocido que tiene cuatro hijos con diferentes mujeres.

“Estoy separado de mi mujer. No soy impotente. ¿Qué se supone que debo hacer? ¿Dejar que (mi pene) cuelgue ahí para siempre?”, ha declarado.


Pero no se quedan ahí sus bravuconadas dialécticas. Tanto que los comentarios sobre la periodista Megyn Kely o el de la cara de la candidata republicana Carly Fiorina podrían considerarse algo nimio.

Sin miedo a las reacciones, se refirió a la violación grupal de una misionera y su asesinato en 1989 en la ciudad que él dirigía: "¿Estaba cabreado porque la hubieran violado? Sí. ¡Pero el alcalde debió haber sido el primero (en violarla)! Era tan guapa...".

Otro de los temas donde ha levantado polémica es la política internacional. Si Trump no ha tenido reparo en enarbolar una bandera nacionalista y poner en cuestión los lazos del país con otras potencias (como China o Rusia) u organizaciones (como la OTAN), Duterte no ha tenido empacho en amenazar con romper sus relaciones con Sidney o Washington.

También similar es la relación de Trump y el presidente filipino con el papa Francisco. El primero lo acusó de estar manipulado por México tras las declaraciones de Francisco en las que sugería que no era cristiano por su intención de levantar un muro en la frontera.



En este tema Duterte también fue más allá que el republicano. Directamente llamó “hijo de p...” a Francisco por los embotellamientos que se produjeron durante la visita papal en enero de 2015. Cierto es que estas palabras las ha arrojado en numerosas ocasiones contra sus rivales políticos.

Por cierto, si Trump no trató de enemistarse con Francisco y tuvo palabras medidas en su respuesta, Duterte ahora quiere ir al Vaticano para disculparse con Francisco.

En todo caso, ahora que ya ha ganado las elecciones, Duterte ha comenzado a girar a un comportamiento más presidencialista, más conciliador y menos deslenguado.


Para empezar, ha pedido a los periodistas que lo llamen Rody y no "Digong". Además, ha prometido escoger mejor su vocabulario: "Tengo que controlar lo que sale de mi boca. Ahora no puedo ser grosero porque estaré representando a nuestro país".

Desde la misma noche en que se supo que había ganado la presidencia, lanzó un llamado a sus rivales y les pidió olvidar los enfrentamientos y calentones verbales que les había lanzado.

"Quiero tender mis manos hacia mis oponentes. Debemos empezar a curar nuestras heridas", dijo. "Seamos amigos y olvidémonos del duro trabajo de las elecciones", añadió. Palabras que recuerdan, por cierto, al mismo intento que está realizando Donald Trump una vez que ha sido descrito como el virtual candidato republicano.

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