En un país donde las diferencias religiosas, culturales y políticas suelen marcar la vida cotidiana, la historia de Rafi Eppler y Ashraf Hattab demuestra que también hay espacio para la convivencia, la empatía y el amor.
Amor contra todas las barreras: la historia de un judío y un árabe que construyeron una familia en Israel
Rafi Eppler es judío y Ashraf Hattab, musulmán. Ambos conforman una familia multicultural en la que se demuestra que toda convivencia es posible mientras haya amor; la pareja vive en Haifa, Israel y están juntos desde 2008
Rafi, de 65 años, es judío e hijo de una sobreviviente del Holocausto. Ashraf, de 55, es un árabe musulmán israelí originario de una comunidad conservadora del norte de Israel. Ambos estuvieron casados con mujeres antes de asumir públicamente su orientación sexual y hoy llevan más de 15 años compartiendo la vida como pareja.
Su historia comenzó en 2008 de una forma muy sencilla: un mensaje en una aplicación de citas. Rafi recuerda que lo primero que le llamó la atención fue que Ashraf vivía abiertamente su homosexualidad y, además, era padre soltero de un niño de cinco años.
“Era alguien con quien podía formar una familia”, explica Rafi al recordar aquel primer encuentro.
Para Ashraf, quien trabajaba como peluquero y hoy acompaña a mujeres con cáncer durante la pérdida y recuperación de su cabello, construir una familia siempre fue un sueño, aunque sabía que no sería un camino sencillo.
Antes de conocerse, ambos habían intentado seguir el modelo de vida que la sociedad esperaba de ellos. Los dos estuvieron casados con mujeres y enfrentaron largos procesos personales antes de aceptar plenamente quiénes eran.
Rafi incluso recuerda que durante su juventud ni siquiera existía un lenguaje para nombrar su orientación sexual. Creció pensando que era el único que se sentía así y terminó casándose porque creía que era lo que debía hacer. Con el paso de los años decidió salir del armario y se convirtió en uno de los primeros periodistas israelíes en declararse abiertamente gay y escribir sobre diversidad sexual.
La relación también enfrentó obstáculos familiares. Después de diez años juntos, decidieron casarse en Dinamarca, ya que en Israel no podían hacerlo legalmente. Sin embargo, cuando compartieron las fotografías de la boda en redes sociales, parte de la familia de Ashraf dejó de hablarle durante tres años.
Aunque todos conocían su relación desde tiempo atrás, hacerla pública representó un punto de quiebre.
Con el tiempo llegó la reconciliación. Hoy ambas familias mantienen contacto y la pareja asegura que el diálogo terminó imponiéndose sobre los prejuicios.
Actualmente viven en Haifa, una de las ciudades más diversas de Israel, donde judíos y árabes conviven diariamente. En su hogar se mezclan tradiciones, idiomas y costumbres. Escuchan tanto música árabe como occidental, celebran festividades de ambas culturas y comparten la vida junto a su perro Toy, rescatado tras los ataques del 7 de octubre de 2023.

Su familia también incluye a Moran, el hijo de Ashraf, a quien Rafi ayudó a criar desde que tenía cinco años. Hoy, con 25 años, estudia en Canadá para convertirse en imán, un camino que sus padres apoyan plenamente.
Lejos de presentar su historia como una excepción, ambos consideran que es una prueba de que la convivencia es posible incluso en los contextos más complejos.
“En la vida no importa con quién estés. Las relaciones son un desafío constante”, reflexiona Ashraf.
Rafi coincide y resume la filosofía que ha guiado su relación durante todos estos años con una frase sencilla: “El amor está por encima de todo.”
En medio de un conflicto que durante décadas ha dividido comunidades, religiones e identidades, la historia de Rafi y Ashraf ofrece una mirada distinta: la de dos personas que decidieron construir un proyecto de vida juntos y demostrar que, incluso cuando todo parece separar, siempre puede existir un espacio para el respeto, la convivencia y el amor.









