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Luiz Inácio Lula da Silva

Lula, el ‘superministro’ de Dilma

El expresidente de Brasil se incorpora al gabinete de Dilma Rousseff como ministro encargado de coordinar las acciones del gobierno
16 Mar 2016 – 11:03 AM EDT

Por Luis Tejero @LuisTejero desde Río de Janeiro

Cinco años, dos meses y tres semanas después, Luiz Inácio Lula da Silva vuelve al Palacio de Planalto. Sólo que esta vez no ocupará la tercera planta, que alberga el gabinete presidencial, sino la cuarta, donde se concentra el núcleo político del Gobierno brasileño. Tras ejercer el cargo más poderoso de la República durante dos mandatos consecutivos (2003-2010) y batir récords de popularidad, el antiguo sindicalista regresa en plena crisis para ser ministro de Dilma Rousseff.

Lula asumirá el Ministerio de la Casa Civil, considerado el de mayor importancia y encargado formalmente de “coordinar las acciones del Gobierno”. En realidad, será una especie de “superministro” con la difícil misión de salvar a su sucesora, acorralada por procesos de destitución en el Congreso y en la Justicia electoral, y evitar así que el Partido de los Trabajadores (PT) pierda el poder conquistado hace ya 14 años.

La incorporación del fundador del PT al equipo de Dilma, que en su día también fue ministra de la Casa Civil con Lula, fue confirmada oficialmente este miércoles tras una reunión entre ambos en Brasilia. Pero la posibilidad venía siendo barajada desde hace días y la propia jefa de Estado se refirió a ello el pasado viernes, durante un encuentro con periodistas en el Palacio de Planalto. “Sería el mayor orgullo tener al presidente Lula en mi Gobierno, porque es una persona con experiencia y con gran capacidad de gestión y de formulación de políticas”, reconoció.

“¿A qué equipo no le gustaría tener a Pelé en el campo?”, bromeó unos días antes Ricardo Berzoini, ministro de la Secretaría de Gobierno y ex presidente del PT.

En concreto, el nuevo ministro tendrá la tarea de convencer a los aliados del gobierno para que mantengan su apoyo y no abandonen el barco ahora que está a punto de empezar a tramitarse el impeachment en la Cámara de los Diputados. Sus esfuerzos se centrarán en seducir al partido del vicepresidente y de siete ministros, el PMDB, que el pasado sábado se dio un plazo de 30 días para decidir si continúa formando parte de la coalición o rompe definitivamente con el PT.

También se espera que defienda un giro en la política económica para dejar en segundo plano el ajuste fiscal y proponer medidas que favorezcan la recuperación. El Producto Interior Bruto (PIB) brasileño se desplomó un 3,8% en 2015 y el mercado financiero prevé una caída similar para este año.

“Con este movimiento, Lula se convierte en presidente de facto y Dilma queda relegada a un papel secundario”, opina Thiago de Aragão, director de estrategia de la empresa de asuntos públicos Arko Advice. “La presidenta está delegando sus funciones para poder permanecer en Planalto”, coincide Rafael Cortez, analista político de la consultora Tendências.

Al mismo tiempo que intenta dar un impulso al Ejecutivo, Lula busca protegerse a sí mismo de las investigaciones por los favores que supuestamente recibió de varias empresas implicadas en el gigantesco escándalo de desvío de dinero en Petrobras. Al aceptar un ministerio, el expresidente recuperará el llamado “fuero privilegiado” y sólo deberá responder ante el Supremo Tribunal Federal (STF).

De esa forma, su futuro ya no dependerá del juez Sérgio Moro, que en los últimos tiempos se ha convertido en un héroe para la oposición brasileña por su campaña contra la corrupción. El domingo, durante las multitudinarias protestas que reunieron a más de tres millones de personas en todo el país, los manifestantes exhibieron pancartas y camisetas con mensajes en apoyo a Moro. En cambio, los seguidores de Lula consideran que él y el PT están siendo “perseguidos” mientras las irregularidades de otros partidos no reciben tanta atención en los medios de comunicación.

El movimiento de Lula y Dilma evoca la trayectoria de Vladimir Putin, que entre su segundo y tercer mandato como presidente de Rusia ejerció como primer ministro del heredero elegido por él mismo, Dmitri Medvedev.

En Brasil, sin embargo, apenas existen precedentes de gobernantes que posteriormente asumieron funciones de menor rango en el Ejecutivo federal. El periódico Folha de S. Paulo recuerda los casos de Nilo Peçanha, quien fue presidente (1909-10) y años más tarde ejerció como ministro de Relaciones Exteriores, y también Delfim Moreira, que primero llegó a presidente (1918-19) e inmediatamente después pasó a ser vicepresidente.

Con Lula se da la particularidad de que abandonó la Presidencia con más de un 80% de aprobación y ahora vuelve para reanimar un Gobierno considerado “malo” o “pésimo” por el 64% de los brasileños y “bueno” o “muy bueno” por sólo el 11%, según el sondeo más reciente del instituto Datafolha.

Pese a todo, el nuevo “superministro” confía en obrar el milagro de asegurar la supervivencia política de su sucesora, de su partido y de sí mismo. Y de paso, intentar llegar a las elecciones de 2018 con posibilidades de recuperar su despacho, esta vez sí, en la tercera planta del Palacio de Planalto.

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