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LGBT

Vivir en el clóset del Sur Profundo de EEUU

Un indocumentado que se esconde tras un app, una mujer transgénero que rezó por no serlo y una maestra que fue despedida tras casarse con su esposa.
31 Mar 2016 – 3:47 PM EDT

LITTLE ROCK, Arkansas.- Al abrir Grindr, un app en la que los gays buscan citas o sexo, salta su saludo. Se hace llamar “Latino”, dice que tiene 20 años y que llegó de forma ilegal desde México a Arkansas hace un año.

Vive con su familia. Algunas noches se conecta al app o ve porno gay. En el chat solo busca a latinos porque no sabe hablar inglés. No usa ninguna foto de perfil porque no salió del clóset, y no se cita con nadie. Solo busca hablar con gente como él.

Así vive su sexualidad. “Latino” reside en el Sur Profundo, en el fondo del armario. Emigró a Little Rock, Arkansas, uno de los estados sureños donde todavía en muchos círculos es tabú ser gay, lesbiana, bisexual o transgénero (LGBT).

Arkansas forma parte del llamado Cinturón bíblico ( Bible Belt), donde varias iniciativas políticas conservadoras y la influencia del cristianismo han impedido que la comunidad gay progrese al ritmo de otras partes del país.

Los activistas calculan que solo este año se han presentado 175 propuestas que limitan los derechos LGBT de alguna manera en Estados Unidos. La más polémica es una ley aprobada y firmada en Carolina de Norte, que solo permite que personas transgénero usen los baños públicos que coinciden con el sexo indicado en su certificado de nacimiento.

En Arkansas, ha habido y hay propuestas legislativas en contra de una mayor equidad. Los activistas dicen que también faltan leyes que protejan específicamente a los LGBT en ámbitos como el laboral o el doméstico.

Despedida por casarse
“En el Sur Profundo nadie habla sobre ello”, dice Tippi McCullough, una maestra de Little Rock, la capital de Arkansas. “Pueden saberlo, pueden pensarlo. Si no lo exteriorizas demasiado, si no te das la mano en público, no deberías de tener ningún problema”.

Pero a ella le tocó dar un paso al frente en 2013. Había viajado a Nuevo México para casarse con su pareja, Barbara. Unos 45 minutos después de haber contraído matrimonio, la llamaron para decirle que la habían despedido. Alguien supo sobre la boda en la escuela religiosa en la que llevaba 15 años enseñando en Little Rock.



“Ese es el punto en el que puedes irte y avergonzarte, o levantarte y luchar”, dice ahora en una cafetería a dos cuadras de esa escuela. Su historia copó titulares durante días y la pareja recorrió varias ciudades del sur de Estados Unidos explicando su historia. Nunca fue readmitida.

“Todavía hay gente que puede perder su empleo, a la que pueden echar de su vivienda de alquiler, a quien le puede pasar cualquier cosa en ausencia de protecciones legales. Las cosas todavía no están donde deberían”, asegura.

Casi la mitad de las personas LGBT en Arkansas sufrió acoso en la escuela y más de un tercio en el trabajo y, además, sus ingresos suelen ser menores que la media, según un estudio de 2014 de Human Rights Campaign, el mayor grupo activista LGBT del país.

La entidad sin ánimo de lucro creó un programa de tres años, 8.5 millones de dólares de presupuesto y 20 personas en plantilla para atacar el problema en los estados sureños de Arkansas, Alabama y Mississippi.

Dice la directora de la campaña, Kendra Johnson, que el reto es normalizar ser gay en zonas conservadoras, pero queda mucho por hacer. “Lo más triste ha sido que este año hubo dos suicidios en nuestra comunidad”. ¿Fue su sexualidad la causa? “El estigma es un factor notable”, responde.

Johnson explica que la religión es un elemento central para la vida de muchos sureños, y a veces es un freno para acercarse a la equidad. “La iglesia todavía te puede decir que eres intrínsecamente imperfecto”.

Una casa llena de rosarios
Violet Grasham, una joven transgénero de 19 años, habla de la influencia de la religión en ella cuando era niña. “Recuerdo rezar y decirle a Dios ‘si eres real, por qué me estás haciendo esto a mí”.

“Me di cuenta de que era queer y que era una mujer transgénero desde muy joven. Mi familia es muy católica, muy tradicional, tenemos la casa llena de rosarios”.

La escuela, una escapatoria para alguien que se define como muy estudiosa, también fue difícil. Un profesor de Ciencia preguntó un día a los alumnos, en su presencia, si creían que los gays iban al infierno. Muchos otros días los estudiantes cuestionaban a Violet por estar en el baño de hombres.

Hija de mexicano, Violet luchó —y sigue luchando— por la relación con su padre. “En la cultura latina, tu padre espera que la persona nacida como su hijo, sea el hombre y el cabeza de familia (...). Ser latina y transgénero a la vez tiene un nivel superior de carga”, dice ella mientras tambalea su pierna de forma nerviosa.

Violet cuenta la experiencia en una iglesia presbiteriana donde se reúnen los miembros de Center for Artistic Revolution, una entidad LGBT desde la que ella organiza talleres para adolescentes. El presidente es José Gutiérrez, latino también.



El líder gay
“De los 10 hijos que somos, mi madre pensaba que yo iba a ser el hijo que sería pastor”, dice José. “Pero resulté ser gay y activista”.

“No está de acuerdo con el trabajo que hago. Me pregunta ‘por qué tienes que ser el líder, por qué no das un paso atrás”, explica el presidente de la asociación. “En las conversaciones familiares, me faltan constantemente el respeto y me ignoran porque no quieren hablar sobre el tema”.

Para José, lo más difícil es llegar a los LGBT que están en sus casas, sin decir quiénes son y temiendo por lo que son.

“Latino” nunca ha acudido a ninguna organización, ni a ningún bar de ambiente. Escuchó un día que “hay un antro en donde hay gays y heteros”. Le da miedo.

No quiere hablar en persona, pero acepta conversar con Univision Noticias solo por chat.

Cuando se instaló en Estados Unidos limpió jardines: “La peor época de mi corta vida”. Ahora trabaja sin papeles en un local de comida rápida por 9 dólares la hora.

Por las noches, cuando usa el chat, nunca manda fotos de su rostro, le asusta que lo descubran. “Soy muy tímido, soy muy serio. Me importa mucho lo que la gente piensa de mí”.

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