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Ejecuciones

Texas realiza la primera ejecución de 2020 (y de la década) en EEUU

El recluso John Gardner se convirtió en la persona número 568 en el que se aplica la pena de muerte en Texas, el estado que más ejecuciones ha realizado en el país desde 1982. No será la última: hay siete más planeadas para 2020.
16 Ene 2020 – 05:06 PM EST
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John Gardner fue sentenciado a muerte en 2005 por el asesinato a disparos de su esposa, Tammy Dawn Gardner. Crédito: Imagen del Departamento de Justicia Criminal de Texas Vía AP

John Gardner, de 64 años, se convirtió el miércoles en la primera persona ejecutada en Estados Unidos en 2020. Falleció por inyección letal en la prisión de Huntsville, en Texas, el estado que más penas de muerte ha llevado adelante en el país.

"Lo siento", dijo el hombre en sus palabras finales a quienes veían a través del vidrio su muerte. "Sé que no pueden perdonarme pero espero que un día lo consigan". Su ejecución comenzó a las 6:20 de la tarde del miércoles y 16 minutos después el hombre había fallecido.

Gardner había sido condenado a muerte por el asesinato en enero de 2005 de su esposa, Tammy, a quien le disparó días antes de que se concretara el divorcio entre ambos. Según el récord de su caso, el 23 de ese mes entró a la residencia de Tammy con la intención de robar, pero durante un altercado con ella la hirió de un disparo en la cabeza. Ella logró llamar al 911 y contar lo que había ocurrido.

Cuando las autoridades llegaron a la vivienda hallaron a Tammy desangrándose sobre su cama. Fue trasladada a un hospital, pero no logró recuperarse de las heridas y murió dos días después del incidente. Gardner se entregó a la policía. En el juicio los fiscales describieron la relación de esta pareja como "relativamente corta, pero violenta" y llena de amenazas y abusos físicos de él hacia ella. Tanto una amiga de Tammy como su hija fueron testigos de una ocasión en la que el hombre le puso una pistola en la cabeza.

La propia Tammy le había dicho a su jefa en una ocasión que no se atrevía a irse de la casa porque él la mataría. A pesar de su miedo, en 2004 reunió algo de dinero e inició los trámites para la separación. Marcó en su calendario el 7 de febrero de 2005, el día en que se haría efectiva la petición y ella quedaría liberada de ese matrimonio.

" Tammy incluso mostraba preocupación de no poder llegar viva a ver su divorcio (...) 'La única manera en la que saldré de esta relación es muerta'", le dijo a la mujer que era su jefa, Candace Akins, en sus conversaciones.

Cuando ocurrió el asesinato, ya Gardner tenía un récord criminal por violencia contra las mujeres. Había cumplido una sentencia de ocho años en prisión por la agresión agravada a otra de sus parejas que, para entonces, estaba embarazada. A ella también le disparó: una vez en la cara, otra en el pecho y una más en el torso. Una de las balas le hirió la columna vertebral y la dejó parapléjica. También perdió a su bebé de entre ocho y 12 semanas de gestación. Poco después falleció.

Mientras estaba en prisión conoció a otra mujer con la que también inició una relación sentimental. Cuando salió en libertad condicional continuaron juntos y eventualmente se casaron. Luego de que decidieron casarse, contó la mujer en el juicio, él la trataba como si la poseyera y comenzó a amenazarla a ella y a su familia de que despellejaría a sus hijos vivos y a ella le rompería el cuello. Finalmente, un día la secuestró mientras ella estaba en su trabajo, la forzó a manejar hacia diversas direcciones, fueron perseguidos por la policía, los detuvieron y él volvió a prisión.

¿Cómo se llegó a la pena de muerte?

Cuando el caso por el asesinato de Tammy llegó a juicio, los fiscales aseguraron que Gardner había matado a su esposa como un acto de represalia por la petición de divorcio y que él había irrumpido en la vivienda para robar. Cualquiera de estos escenarios es considerado como una ofensa capital en Texas, según explica el Departamento de Justicia Criminal del estado (TDCJ) en su página web, y podía llevarlo a la pena de muerte.

La sección 19.03 del Código Penal establece que cometer un asesinato al concretar o intentar concretar un secuestro, un robo, una agresión sexual agravada, represalia o una amenaza terrorista es catalogado como una ofensa capital, por lo que no se puede tratar como un homicidio corriente.

Esto tuvo el mayor peso durante el juicio para condenarlo a la pena de muerte. Sin embargo, no consideraron suficiente el testimonio de su hermana mayor, Elaine, sobre el maltrato que ambos recibieron de su padre, un pastor evangélico que les daba correazos al menos una vez a la semana, sobre todo si no se levantaban temprano y escuchaban los pasajes de la Biblia que él rezaba. Uno de los consejeros del jurado consideró que como los abusos fueron solo golpes y no de tipo sexual, por ejemplo, no pudieron haberle generado daños emocionales mayores.

Según cuenta la web The Marshall Project sobre el caso, durante la fase de sentencia no se tomó en cuenta la teoría de la "ira por el abandono", una condición que podría hacer que los hombres arremetan contra las compañeras cuando se enfrentan a un abandono inminente. Años más tarde, el equipo de apelaciones de Gardner argumentó que sus abogados deberían haber planteado la idea ya que en el juicio podría haberle ayudado a desechar las alegaciones de robo y represalias que lo llevaron a una sentencia por crimen capital. Y en la condena, podría haber conducido al jurado a darle prisión de por vida en lugar de pena de muerte.

A pesar de diversas apelaciones, el 15 de enero de 2020 un juez firmó la orden judicial para que se concretara la pena. Aunque los abogados de Gardner esperaron que la Corte Suprema pudiera intervenir para alegar que la justicia se había puesto del lado de los condenados en ocasiones similares anteriores, eso no ocurrió.

Los siguientes de la lista

Gardner se convirtió en la persona número 568 ejecutada en Texas desde 1982, según registros de la Coalición para Abolir la Pena de Muerte en el estado (TCADP).

Según el TDCJ, en la lista, solo hasta mayo, siete reos más correrán la misma suerte. El siguiente recibirá la inyección letal el 6 de febrero. Se llama Abel Ochoa y fue condenado en agosto de 2002 por el asesinato a disparos de su esposa, sus hijas de 7 años y 9 meses y sus suegros. Después de él, seguirán tres más en marzo, dos en abril y uno en mayo.

Del total de ejecuciones que han ocurrido en el estado desde 1982, la Coalición contabiliza 279 solo entre 2001 y 2014, cuando Rick Perry fue gobernador de Texas. Entre los condados en los que más se han implementado penas de muerte el récord lo tiene el de Harris, que cuenta en sus registros 130 ejecuciones, incluso más que cualquier otro estado de la Unión (excluyendo a Texas). Le sigue Dallas, con 61 y Bexar, con 46. Según TCADP, en los últimos cinco años en Texas, más de 70% de las condenas a muerte han sido impuestas contra personas de color.

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