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Cárcel

Aislados por años, sin recreación ni ayuda psicológica: así trata Texas a miles de reclusos en confinamiento en solitario

En promedio, quienes son puestos en celdas en solitario han pasado aproximadamente cinco años ininterrumpidos en esa condición. Pero hay también quienes han estado por 10, 20 años. Eso lo convierte en el estado que mantiene a más presos aislados. No pareciera que la situación fuera a cambiar, y además, el 50% de la población en ese régimen de detención es hispana.
18 Oct 2019 – 2:17 PM EDT

Al recluso B.* lo encerraron en confinamiento en solitario en una prisión de Texas luego de señalarlo de ser miembro de una pandilla. Él negó la filiación —la sigue negando— y las autoridades que lo condenaron a vivir por más de 10 años en ese espacio, equivalente al de un puesto de estacionamiento, tampoco le mostraron las evidencias con las que lo enclaustraron. En ese tiempo tuvo escasos momentos de recreación, no pudo estudiar ni participar en servicios religiosos, tampoco tuvo la oportunidad de trabajar dentro de la prisión o aspirar a un empleo; solo pudo leer los libros que le daban, sin elección, y caminar de un lado al otro en el estrecho espacio.

Un día lo liberaron y volvió a su casa, con su familia. El estado, que lo enjauló por años, no le brindó terapias ni ayuda psicológica para su reinserción en una sociedad en la que había dejado de vivir por más de una década. "Sufrió mucho, decía que sentía paranoia, que no le gustaba estar rodeado de personas. Tenía síntomas de estrés post traumático y no le gustaba tener gente detrás de él, no podía soportarlo", cuenta a Univision Noticias la abogada de la organización de derechos civiles Texas Civil Rights Project, Meagan Harding, quien ha conversado con él en varias oportunidades. Con el tiempo, además, desarrolló problemas de drogas, terminó rompiendo los términos de su libertad condicional y, una vez más, fue encarcelado en solitario. Entre esa vez y esta última, ya casi suma 20 años aislado en una celda.

Las condiciones en las que los reclusos son confinados en solitario en las prisiones federales de Texas no son muy distintas a las del resto del país. Pero sí hay una gran diferencia: es el estado que expone a los presos al mayor tiempo de aislamiento. Jeremy Desel, vocero del Departamento de Justicia Criminal de Texas (TDCJ), asegura que "no existe un tiempo máximo" para mantener a los internos en esa condición. Es decir que pueden pasar días, meses o años de su condena sin ver la luz del Sol, jugar baloncesto o conversar con alguien.

Desel asegura que la "detención de seguridad", como llaman al confinamiento en solitario con un eufemismo, no es aplicada como un castigo; dice que se hace para mantener la seguridad y el orden en el penal, y se aplica con aquellos que creen podrían escaparse, que representan una amenaza para el resto de la población o el personal de la prisión, que han cometido violaciones disciplinarias (como peleas con guardias o compañeros, que les hallen algo de contrabando) o que —consideran— han sido miembros de alguna de las 12 pandillas que califican como grupos de riesgo.

Sobre esa base, en mayo de 2019 Texas tenía en confinamiento en solitario a 4,175 reclusos de los más de 140,000 que tiene en su custodia. Para agosto, había sumado a 252, según cifras del TDCJ. No ha terminado 2019 y el estado ya superó el total de presos que aisló durante todo 2018. Según Harding, 50% de ellos son hispanos. Y en promedio, quienes están en confinamiento pasan aproximadamente cinco años en esa condición.


"Increíblemente, Texas mantiene a más prisioneros en aislamiento prolongado que todos los otros estados y las prisiones del Buró Federal combinadas", concluyó Texas Civil Rights Project en su informe 'Torture by another name' (Torturar bajo otro nombre), publicado en octubre y liderado por los abogados Meagan Harding y Peter Steffensen.

"Una práctica barbárica"

Russell Johnson, de 38 años, tenía dos años y medio en confinamiento solitario a modo de sanción disciplinaria, por haber golpeado a un guardia de la prisión en la que estaba, Coffield, la que tiene el mayor número de reclusos aislados en Texas. El 28 de abril pasado recibió la visita de su hermana, Tambra Marsh. Ella le contó al Texas Observer que una vez que el joven se sentó frente a ella y fue esposado de la mesa rompió en llanto, como nunca lo había visto.

"No creo que siquiera traten a los animales de esta forma tan cruel", le dijo él cuando pudo frenar las lágrimas. Ella manejó las dos horas de regreso a casa descompuesta. Decidió escribirle una carta al director de la prisión implorándole que sacaran a su hermano de aislamiento, les explicó que esos años de encierro en solitario "habían puesto más tensión en su estado mental" al punto de estar profundamente deprimido. Nunca devolvieron a Johnson a la población general.

Dos meses después, la mañana del 6 de julio, cuenta el Observer, Johnson se quitó la vida en su celda, la misma en la que —como todos cuantos están en confinamiento en solitario— pasaba 22 de las 24 horas del día encerrado. Como él, en 2018 fueron 5 los presos en aislamiento que tomaron la misma decisión; en 2017 fueron 7, según datos del reporte de Texas Civil Rights Project.

Los efectos en la mente y el cuerpo de la persona sometida al confinamiento en solitario están ampliamente discutidos. Depresión, ideas suicidas, desórdenes de humor, insomnio, alucinaciones y pérdida de la seguridad en entornos sociales pueden notarse con apenas 10 días de aislamiento. Para algunos incluso el trauma puede durar toda la vida, aunque ya no se esté ni en prisión ni en confinamiento, concluye el reporte.

Aunque desde 2015 Texas está obligado a que especialistas hagan pruebas psicológicas a los reclusos antes de aislarlos en una celda, y así lo explica el vocero del TDCJ, Harding asegura que los presos con los que han conversado o que han respondido a sus encuestas dicen que no han sido evaluados ni han recibido terapias. Desel explica que todos los que están en detención de seguridad por más de un mes son evaluados una vez cada tres meses por especialistas, y que hay rondas diarias para asegurarse —de vista y hablando— de que los reclusos se encuentren en buen estado de salud.

Al recluso B., por ejemplo, se le murió su hermano mientras él se encontraba confinado en solitario y no le permitieron una llamada de cortesía a su familia. Él tenía condiciones mentales preexistentes "e inexplicablemente le quitaron sus medicamentos". La abogada asegura que esa no es la única historia que han escuchado: "Hay gente a la que solo le preguntan '¿cómo estás hoy?' y cuando les responden que 'bien', se van".

"He hablado con mucha gente que ha estado allí por años, 10 años, 20 años, y cuando les preguntas cuándo han tenido una evaluación mental responden que nunca", cuenta Harding. Lo que ocurre en Texas, dice la abogada, es "indefendible, una práctica bárbarica, inhumana".

El preso B. busca desesperadamente salir del confinamiento en solitario. Como fue considerado por Texas como miembro de una pandilla, su única opción fue adherirse a un programa del TDCJ llamado Renuncia y Separación de una Pandilla (GRAD), pero para ello primero debió admitir —en contra de su voluntad— ante las autoridades que sí fue miembro de una pandilla. Si no lo hace, ni lo aceptan en el programa ni tiene posibilidades de salir del confinamiento; que lo haga tampoco le garantiza que pueda ser devuelto a la población general en algún momento.

Cambios en otros estados

Colorado y Nueva Jersey son dos estados que están muy lejos de Texas en esta materia. En el primero, su director de prisiones, Rick Raemisch, decidió pasar un día en confinamiento en solitario. Después de eso, el estado acabó con esta práctica en sus cárceles y la sustituyó por tácticas de disminución de la fuerza y cuidados psiquiátricos a los internos. Solo ese cambio, describe el informe de Texas Civil Rights Project, disminuyó en 40% las agresiones, la entrada forzada a celdas y el uso de la fuerza de parte de los funcionarios carcelarios.

Además construyeron muebles que permiten mantener esposados a reclusos problemáticos al tiempo que pueden participar de actividades con otros reclusos por un mínimo de cuatro horas al día. En 2017, Colorado se convirtió en el primer estado que, siguiendo las normas de la ONU, restrigió el uso del confinamiento en solitario a solo 15 días y por violaciones de gravedad.

"La práctica se generalizó porque fue considerada razonable y efectiva, pero no era ninguna de las dos. El aislamiento por tiempo prolongado castiga a la gente de una forma que carece de humanidad y sentido, y cuando un programa carece de esas dos cosas los resultados son claramente desastrosos: hay desumanización y daño", concluyó el director de prisiones de ese estado.

Este año, Nueva Jersey siguió ese mismo camino. A través de una ley, prohibió el aislamiento de jóvenes menores de 21 años, de personas mayores de 65 o con discapacidades mentales o físicas, de mujeres embarazadas o en periodo de postparto, de personas con condiciones médicas importantes, así como de poblaciones LGBT.

Y cuando se implementa la medida de aislamiento, el recluso no puede pasar más de 20 días consecutivos en esa condición y solo se permite un total de 30 días en un periodo de 60 días. "La duración limitada ayuda a proteger a los reclusos del uso exagerado y modera el impacto psicológico negativo en los prisioneros", concluye el reporte.

Otros estados también han dado pasos al frente para mejorar las condiciones de los reclusos en aislamiento. Entre ellas, han puesto en marcha programas de incentivos que permitan a los presos salir progresivamente del aislamiento para obtener otros privilegios, como llamadas telefónicas a casa, tiempo para ver televisión y visitas con sus familiares sin un vidrio que los separe.

Cuando Meagan Harding pone en contexto las decisiones que se han tomado en otros estados versus las que mantiene Texas, asegura que el confinamiento en solitario en el estado sureño no está diseñado para mejorar la seguridad de nadie en sus prisiones: "Está diseñado para quebrarte, para que te rindas".

*La historia de B. fue narrada por la abogada Meagan Harding sin utilizar el nombre del recluso.

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