Juicios

Esta antiinmigrante se enamoró de un refugiado y ahora la justicia la declaró culpable por ayudarlo

Béatrice Huret era una simpatizante de extrema derecha, pero se enamoró "de un flechazo" de un iraní que le hizo replantearse su vida y sus creencias. Este martes fue declarada culpable por ayudarlo a cruzar ilegalmente.
27 Jun 2017 – 3:52 PM EDT

Llevó su amor hasta el final: no solo le dio la vuelta a su mundo, le hizo cambiar su forma de pensar e incluso la ha llevado ante la justicia, que este martes la ha declarado culpable por ayudar a un indocumentado.

Béatriz Huret era la viuda de un policía que llevaba una vida tranquila en Calais, en el noreste de Francia, una ciudad donde se congregaban los migrantes que deseaban cruzar a Reino Unido. Huret nunca ocultaba su simpatía por el Frente Nacional, el partido xenófobo que propugna cerrar las fronteras francesas a los inmigrantes.

Pero todo eso cambió de manera radical el día que "por casualidad" recogió a un sudanés que se dirigía hacia la 'Jungla', el campamento donde se atendía a todos aquellos que habían cruzado la Europa continental con la intención de llegar a suelo británico. Pese a que fue desmantelado en 2016, por lo general acogía entre 6,000 y 8,000 migrantes en condiciones criticadas por las organizaciones de los derechos humanos.


"Fue toda una conmoción", explicó Huret, sin saber aún que su vida iba a cambiar. Tras la reacción que tuvo al ver cómo estaban todas esas personas (a tan solo 25 km de su propio domicilio) esta auxiliar de enfermería, que se reconvirtió en formadora de adultos, decidió hacerse voluntaria.

"Me consternó ver a toda esa gente chapotear en el lodo", recuerda de aquel momento. Era principios de 2015.

"Un flechazo"

Durante meses ofreció su tiempo y comenzó a conocer mejor la realidad de las personas que se ven obligadas a dejar sus países en busca de otra vida, a veces impulsadas por la miseria, otras por las guerras.

Un día, mientras estaba en la 'Jungla', su mirada se cruzó con la de un migrante iraní. Era Mojtar, uno de los migrantes cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo porque se cosieron la boca para protestar por el desmantelamiento. Fue un amor a primera vista, "un flechazo", según sus palabras a la agencia AFP.

"Mi inglés se limitaba a 'hello, thank you, goodbye', por eso no hablé con él inmediatamente. Él se levantó para traerme té, parecía tierno, tranquilo, y su mirada...", explicó antes del juicio.

Al cabo de dos meses, un cooperante pidió que alojara dos días a Mojtar, de 37 años, a la espera de "un plan" para ir a Inglaterra por camión. Ella aceptó, el plan fracasó y Mojtar acabó quedándose un mes en casa de esta mujer de 44 años que vive con su madre, de 76, y su hijo Florian, de 19. "Nuestra historia de amor empezó en ese momento, con la ayuda de 'Google translation'...".

Acusada de tráfico humano

Mojtar, que era profesor de persa en Irán deseaba cruzar a Inglaterra, donde ahora vive, tras optener su permiso de residente como refugiado gracias a la ayuda que obtuvo de Huret. Ella compró una embarcación y preparó el viaje. Su novio, junto a otros dos iraníes, partieron para el Reino Unido el 11 de junio de 2016. Ese fue el motivo por el que fue detenida.

En agosto fue arrestada en su puesto de trabajo por ayudar a pasar ilegalmente a indocumentados. Estaba acusada de formar parte de una estructura de tráfico humano que se beneficiaba con el cruce de personas. Ella, en un libro que ha escrito para contar su historia, lo explica en solo cuatro palabras: "Lo hice por amor".

Durante el juicio explicó que pagó 1,000 euros (1,130 dólares) por el barco y se defendió afirmando que, si objetivo hubiera sido lucrarse, habría metido hasta 12 personas en el barco, pero solo viajaron tres.

La justicia francesa, sin embargo, no le dio la razón y la consideró culpable, si bien la eximió de cumplir una pena.

"La solidaridad es loable, pero no a cualquier precio", explicó la fiscalía este martes.


Los niños que sufren el horror de la guerra civil en Siria (FOTOS)

Loading
Cargando galería
RELACIONADOS:Juicios RefugiadosFrancia
Publicidad