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Por qué Ford Motor Company pasó de niña mimada de la derecha a ‘pera de boxeo’ de Trump

Jamás a nadie se le había ocurrido utilizar a Ford, que ni es la compañía que más construye autos en México ni la que más importa autos a Estados Unidos desde México o desde ningún otro país, como chivo expiatorio de los pecados del libre comercio.
Opinión
Simón Gómez es uno de los expertos en temas automotrices de Univision Noticias
2016-09-28T18:49:51-04:00

Durante el debate presidencial del pasado 26 de septiembre, el nominado presidencial republicano Donald Trump insistió en su aseveración de que Ford Motor Company abandonaría la fabricación de vehículos en Estados Unidos.

“Así que Ford se va, vean que su división de autos pequeños, se va. Miles de empleos dejan Michigan, dejan Ohio, todos se están yendo”, dijo Trump durante una de sus diatribas más virulentas en su primer enfrentamiento con la nominada demócrata Hillary Clinton.

Trump repitió así la misma acusación que hizo semanas atrás a raíz del anuncio de Ford sobre la eventual mudanza de la fabricación de su compacto Focus a una nueva planta, actualmente en construcción, en la ciudad mexicana de San Luis Potosí.

Ford, por medio de su presidente Mark Fields, fue categórica en aseverar que la mudanza no implicaría la pérdida de empleos en su planta de ensamblaje de Wayne, en el estado de Michigan, donde actualmente se ensambla el Focus. Dos productos totalmente nuevos, que podrían ser una SUV compacta llamada Bronco y una pickup mediana llamada Ranger, pasarán a sustituir al Focus en las líneas de ensamblaje en Wayne.


Hasta hace muy poco, Ford Motor Company gozaba de una reputación impecable. Había sido el único de los fabricantes de vehículos de origen local capaz de sobrevivir sin ayuda los embates de la crisis económica desatada al final del gobierno de George W. Bush.

Ford, cuya situación en 2007 era tan comprometida como la de sus competidoras, tuvo la visión de contratar importantes líneas de crédito, poniendo como garantía todos y cada uno de sus activos incluyendo los derechos sobre el óvalo azul, antes de que los mercados financieros se cerraran para la industria.

El fabricante hizo entonces una intensa campaña para lograr que sus competidores, General Motors y Chrysler, fueran rescatados en pleno crash. Ford temía que la caída de alguno de sus competidores locales podría crear un efecto dominó que devastaría toda la industria automotriz de Estados Unidos, si sus compañeros de industria no eran salvados por préstamos con fondos federales.

Sin embargo, y a pesar de los entretelones, el fabricante se convirtió rápidamente en el consentido de ideólogos conservadores y operativos republicanos, para quienes Ford no solo era un ejemplo perfecto del éxito de la libre empresa en acción, sino que también representaba una oportunidad óptima para atacar los esfuerzos de rescate de la industria automotriz emprendidos por el recién estrenado gobierno del presidente Barack Obama.

¿Cómo Ford, de ser la niña mimada de la derecha, se convirtió en la ‘pera de boxeo’ de Donald Trump?

Hasta la llegada de Trump al escenario político, jamás a nadie se le había ocurrido utilizar a Ford como chivo expiatorio de los pecados del libre comercio. Ford no es la compañía que más construye autos en México, ni la que más importa autos a Estados Unidos desde México o desde ningún otro país.

Es posible que Trump vea a Ford como un rival más. Ford es hoy el cuarto fabricante de vehículos más grande del mundo y, al igual que las empresas de Trump, es el producto de la visión y el empeño de un solo hombre: Henry Ford.

Al igual que Trump, Ford fue un personaje volátil, contradictorio e impulsivo, con un ego tan grande como las plantas donde fabricó sus vehículos.

Los delirios de grandeza de Henry Ford no fueron muy distintos a los que se le atribuyen a Trump. Ford, por ejemplo, se creyó capaz de poder detener la primera guerra mundial con el poder de su personalidad y de su fama. Para ello organizó una desastrosa misión extradiplomática conocida como el ‘bote de la paz’ ridiculizada por medios y gobiernos. El fundador también ponderó en más de una ocasión dedicarse a la política pero, a diferencia de Donald Trump, supo en cada oportunidad reconocer sus limitaciones y mantenerse como un ciudadano privado en la medida en que su estatus como héroe popular se lo permitía.

Henry Ford, sin embargo, era un hombre de muchos matices a quien, a diferencia de Trump, los lujos y la ceremonia lo tenían sin ningún cuidado.

Hace 102 años Henry Ford duplicó el salario de sus trabajadores. La subida unilateral del salario de los obreros de Ford a cinco dólares diarios por ocho horas de trabajo fue fustigada por Wall Street en su momento, pero es reconocida hoy como el evento fundamental para la creación de la clase media estadounidense. Una proeza difícil de replicar en nuestros días sobre todo por una empresa dedicada a una actividad tan cíclica, volátil y a veces especulativa como el mercado inmobiliario en el que opera Trump.

La Fundación Ford, que desde su establecimiento en 1936 por Henry Ford y su hijo Edsel funcionó como un ente totalmente independiente, tanto de los Ford como de la Ford Motor Company, es hoy una de las fundaciones filantrópicas más importantes de Estados Unidos y del mundo, dedicada a la educación, las artes, la democracia, los derechos humanos y el desarrollo en el Tercer Mundo. La Fundación Ford presenta un franco contraste con la Fundación Trump, acusada, en el mejor de los casos, de funcionar como la caja chica del candidato republicano.

Alguien menos volátil que Trump vería en Ford, que ha añadido más de 15,000 empleos en Estados Unidos desde 2011 a un ritmo de 10 empleos por día, el ejemplo perfecto para promocionar los beneficios de la libre empresa y hasta la inconveniencia de la intervención gubernamental en la actividad económica. Pero es posible que Trump no pueda resistir ver al gigante automotriz como un rival más al cual tiene que amenazar e intimidar en la plaza pública para su beneficio electoral.


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