Educación Pública

Los enormes retos académicos de los niños que trabajan en los campos de EEUU

Por un año, seguimos a seis estudiantes que trabajan recogiendo cosechas para responder una pregunta: ¿cómo afecta su educación esta lucha constante, de trabajar largas horas y mudarse de estado en estado?
24 Jun 2017 – 7:24 PM EDT

Aún no amanece en un vecindario de casas móviles de Carolina del Norte, pero en el hogar de los Moreno los más pequeños se preparan para comenzar su jornada de trabajo.

Junto a su padre emprenden el camino que los lleva a las afueras de la ciudad de Hendersonville. Aquí inicia un verano más, muy diferente al de otros muchachos de su edad.

Ellos trabajan en los campos recogiendo cosechas. Las horas son largas, entre los pesticidas, bajo el calor, en la humedad, en el frío. Todo esto, además de ser una carga considerable para un niño, no les deja tiempo para hacer sus tareas o repasar temas que no entienden en la escuela.

Se estima que, en Estados Unidos, hasta 500,000 niños trabajan hoy como mano de obra contratada en campos y huertos, según la Asociación de Programas de Oportunidades de Agricultores.

“Sí está duro”, dijo a Univision Noticias Alejandro Moreno, un estudiante migrante. “El calor. Te cansas teniendo rato así piscando”.

A pesar de esto, su hermano Virgilio aseguró: “Quiero hacer siempre esto, pues la escuela se me hace muy difícil. Como matemática y leer”.

Si la educación puede ser una salida a la dura vida del campo, ¿por qué iba a sentir esto Virgilio? El dilema está en que estos chicos cambian de ciudad con su familia cada tres o cuatro meses, en busca de la última cosecha. Esto los rezaga académicamente.


Su madre, Surgey Moreno, reconoce el problema, pero no tiene muchas alternativas.

“Yo pienso que afecta en eso a los niños, porque cuando me los llevo para allá y empiezan la escuela y solo duran un mes … es menos material que aquí y llegan atrasados”, reconoció Surgey. “Eso es lo que les afecta, que los traemos para acá y para allá”.

Cuando por fin entraron a la escuela, en septiembre, después de una larga jornada laboral que duró todo el verano, los hermanos Moreno recibieron ayuda especializada.

En Carolina del Norte les asignaron un tutor que también va a sus casas para ayudarles con sus tareas y explicarles lo que no entienden. A pesar de esto, Alejandro Moreno, uno de los hermanos, reprobó matemáticas el año pasado.


“Yo quisiera algo mejor para ellos”, dice Surgey. “Les digo, ‘miren a su papá cómo se cansa’. Como ellos saben de ir al field (al campo), les digo, ‘estudien, hijos, para que tengan una carrera y no estén en el sol como uno aquí’. Que tengan un trabajo mejor que nosotros. Pero a ver qué pasa”.

La vida del campo

Los hermanos Moreno solo representan una parte de la historia de dificultades académicas que enfrentan los estudiantes migrantes. Por eso viajamos al oeste del país, donde viven los primos Roy y César Córdova, de 15 y 16 años.

“Cuando recién empezamos se nos hacía muy difícil porque era salir muy temprano y luego salir muy tarde”, nos relató Roy. “El tiempo para comer era muy poco, y si te tardabas comiendo, es tiempo que te quitabas para seguir haciendo dinero”.

La vida en el campo es dura, no solo por el trabajo y las condiciones que deben soportar, sino también por el estilo de vida que les obliga a llevar.

“Es muy difícil y he visto muchas cosas en el field, como personas que están ilegales y personas que no cuentan con los estudios para una carrera. La paga es baja, no duran mucho tiempo trabajando y las pagas no son justas”, dijo César. “Necesito primero aprender inglés, porque pasar la preparatoria me dicen que es más difícil, y la universidad… No hay programa bilingüe y si tengo que estar aquí un año o dos está bien”.


Los jóvenes viven con su tía Nancy Vejar, quien los acogió en su hogar cuando sus papás los mandaron de México para que tuvieran mejores prospectos académicos.

“Los quiero como mis hijos y quisiera que salieran adelante y que hicieran una carrera”, dijo Vejar. “Uno de ellos quiere ser policía y quisiera verlo por el esfuerzo que están haciendo, porque no es fácil estar lejos de sus padres”.

La tía Nancy, como la llaman los primos, no ha hecho más que darles un techo y comida. Ella también se ha involucrado en la escuela de los muchachos. Hoy es la secretaria del programa de migrantes y va a las juntas escolares, habla con los maestros lo más que puede y trata de ayudar a sus sobrinos, hablando con ellos para ver qué problemas tienen y cómo solucionarlos.

Las cifras no son alentadoras: sólo 55% de los niños trabajadores agrícolas se graduarán de la secundaria, según Human Rights Watch.


Vejar no pierde las esperanzas de que sus sobrinos y otros miembros de la comunidad logren sus metas. Ella nos dice que sí hay ayuda, pero muchas veces la gente no lo sabe y no la busca.

Ahora los hermanos están en clase de manejo y Vejar los lleva. Aunque no tiene Internet en la casa, se las arreglan con el de su teléfono. También van a la biblioteca pública, donde las computadoras tienen muchos programas que pueden usar para sus proyectos y tareas.

“Después, en un futuro, ya todo va a estar mejor”, cree Roy con esperanza. “Ya podré tener un trabajo mejor pagado. Podré estar bien con mi mamá, siendo alguien profesional y no un don nadie”.

Para conocer más de la historia de estos niños migrantes, visita nuestro especial Camino al Éxito, un proyecto en conjunto con la Fundación Bill and Melinda Gates.


Niños migrantes, en condiciones inhumanas

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