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Michael Reid

"Lo mejor para Brasil serían unas nuevas elecciones"

"Lo mejor para Brasil serían unas nuevas elecciones"

El veterano corresponsal en Brasil Michael Reid habla del mal momento del gobierno de Dilma Rousseff y del interrogatorio a Lula por el escándalo de Petrobras.

Michael Reid
Michael Reid

El gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, en Brasil, está en uno de sus peores momentos, y escándalos como la detención temporal del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva poco ayudan al mejoramiento de su imagen. Por eso Michael Reid se atreve a decir que lo mejor para el país serían unas nuevas elecciones.

Reid lleva 20 años cubriendo al gigante sudamericano, primero como jefe de la oficina de The Economist en ese país, luego como editor para las Américas de la prestigiosa revista británica y más recientemente como columnista y autor del libro “Brazil: The Troubled Rise of a Global Power” (El surgimiento atribulado de una potencia global), publicado por Yale University Press en 2014.

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Univision Noticias lo entrevistó para conocer su opinión sobre la detención del expresidente Lula da Silva para interrogarlo por su posible participación en la llamada Operación Lava Jato, relacionada con el desvío de recursos de la empresa Petrobras hacia políticos y partidos del país sudamericano.

Univision Noticias: ¿Cómo interpreta usted la detención del expresidente Lula?

Michael Reid: Es muy significativo que la policía federal y los fiscales pensaran que tenían sufiente evidencia, o suficientes preguntas, para interrogar a Lula bajo arresto. La detención (que solo duró unas horas) fue consecuencia, al parecer, del testimonio de Delcidio do Amaral, un senador del Partido de los Trabajadores (PT) que fue detenido hace varias semanas.

Lo que han dicho los fiscales es que Lula podría ser beneficiario significativo del dinero de la corrupción en Petrobras. Lo que han señalado como evidencia es la existencia de dos casas de recreo, una en la playa y otra en el campo, cerca de São Paulo, que fueron remozadas por empresas de construcción, y que él visitaba con frecuencia.

Lula dice que no son sus casas, pero hay testimonios de que él las usaba mucho. Esos vínculos no favorecen a Lula. Pero yo no sé si van a poder probar que él incurrió en actos de corrupción para favorecer a esas empresas de construcción.

Tras su liberación, Lula dijo que no se merecía el trato que le dieron.
Tras su liberación, Lula dijo que no se merecía el trato que le dieron.


Eso en lo relacionado con la parte legal. En la parte política pienso que hay tres posibles consecuencias del arresto. Una es que las manifestaciones de la oposición y de diferentes grupos sociales contrarios al gobierno, que fueron convocadas para el 13 de marzo, pueden ser más grandes, pueden energizarse, como consecuencia de la detención.

El fortalecimiento de las protestas sería muy significativo, porque después de la gran manifestación que hubo hace un año pidiendo el impeachment (figura que permite procesar a un funcionario publico) de la presidenta Dilma Rousseff, las manifestaciones se habían reducido considerablemente.

El impeachment es un proceso legal y político a la vez, y los políticos en Brasilia van a estar muy atentos para ver hasta qué punto hay un movimiento popular grande pidiendo el juicio de la presidenta.

La segunda es que el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula y Dilma podría ir a las calles en defensa de Lula, dejando al gobierno aún más aislado en sus débiles intentos de estabilizar la economía.

La tercera tiene que ver con Eduardo Cunha, el presidente de la Cámara de Diputados, que es opositor al gobierno y fue quien encausó el pedido de impeachment en diciembre.

Cunha es una figura absolutamente desacreditada. Hay bastante evidencia de que recibió sobornos de contratistas de Petrobras. Y esta semana la Corte Suprema aceptó iniciar un proceso judicial contra él.

Irónicamente, esa es una mala noticia para Dilma. Porque Cunha es una figura tan desacreditada que él mismo desacreditó el pedido de impeachment contra la presidenta. Y si él es retirado de su puesto, lo que es muy probable, es posible que haya otro pedido de impeachment que tendría más apoyo en el Congreso.

UN: ¿Quién podría presentar un nuevo pedido de impeachment?

MR: Eso dependería de si el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño) se aleja del gobierno. Por motivos tácticos, el PMDB sigue alineado con Dilma, pero es posible que ahora tome distancia y sería cuestión de ver quién reemplaza a Cuhna como presidente de la Cámara. Él dice que no va a renunciar, pero puede ser obligado a hacerlo. Eso se sabrá en pocas semanas.

Santana dirigió las cuatro campañas presidenciales de Lula y Rousseff
Santana dirigió las cuatro campañas presidenciales de Lula y Rousseff

La otra pista que es importante seguir es que hay una investigación en el Tribunal Supremo Electoral, que es la corte electoral, sobre la campaña de Dilma. Sobre la posibilidad de que la campaña de Dilma en el año 2014 hubiera recibido dineros sucios de Lava Jato.

En caso de que encuentren que sí lo recibió, el Tribunal tiene la facultad de anular la elección. Si eso pasa antes de que se cumplan dos años del periodo presidencial (en diciembre de este año), el Tribunal podría convocar a una nueva elección presidencial.

No sabemos exactamente qué ha dicho Delcidio do Amaral, el senador del PT, pero se especula que ha declarado a ese respecto.

Para mí, la mejor salida para Brasil serían unas nuevas elecciones, porque tanto el gobierno como el Congreso están muy desacreditados. Si Dilma renuncia o sufre el impeachment, no sé si el vicepresidente, Michel Temer, estaría en condiciones de hacer el gobierno fuerte y coherente que Brasil necesita para hacer las reformas fiscales que son esenciales para restaurar la confianza económica y empresarial y acabar con la recesión.

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Lo que se puede decir de esto, en resumen, es que Lava Jato está acercándose más a Lula y los riesgos para el gobierno de Dilma son ahora mayores. Pero hay que ser muy cautelosos, porque hasta ahora no hay pruebas contundentes que lleven a un enjuiciamiento de Lula.

UN: ¿Cuál es su opinión sobre el sistema judicial brasileño? Hay suficiente independencia para pensar en que el caso Lava Jato se esté manejando sin injerencia de los partidos políticos? Es llamativo que la detención de Lula se haya producido dos días después del pronunciamiento del Supremo sobre Cunha.

MR: Otra cosa que pasó esta semana fue la renuncia del ministro de Justicia y su reemplazo por un funcionario visto como muy cercano a Lula. Yo pienso que el arresto del expresidente puede ser visto como una respuesta de los fiscales y de la policía federal afirmando su independencia frente al nuevo ministro de Justicia.

Creo que quienes comentaron que el nuevo ministro de Justicia iba a actuar bajo las órdenes de Lula para cerrar Lava Jato hicieron una mala lectura. Los Fiscales y la policía tienen bastante autonomía. Se la han ganado en 30 años de vigencia de la Constitución. Tienen bastante apoyo popular y es muy difícil para un ministro de Justicia reducir esa autonomía.

Hay un interrogante sobre la Corte Suprema, sobre cómo va a actuar cuando le lleguen estos casos. Yo creo que lo van a ver jurídicamente y si hay evidencia jurídica contundente van a aceptarlos.

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UN: Esta semana fue muy mala para Dilma. No solo por el arresto de Lula sino porque se conocieron nuevas cifras sobre la economía que no favorecen su gestión. ¿Qué tanto puede esto impactar la situación?

MR: Lo más preocupante de las estadísticas económicas que se publicaron esta semana fue que la caída de la economía en el cuarto trimestre el año pasado se aceleró y todo indica que va a haber una caída de 3% este año.

Pero el peso de esa contracción en la economía se está sintiendo en el empleo más que en el salario. Un millón y medio de brasileños perdieron sus trabajos el año pasado y el desempleo está ahora entre 7% y 8%. Pero hay dos factores que han limitado su impacto social.

El primero es que Brasil partió de un situación de muy bajo desempleo y el segundo es que los salarios están bastante indexados. El salario mínimo está indexado a la inflación del año anterior, y lo mismo pasa con otros sueldos. Eso es un problema en el sentido de que la inflación se mantiene por encima del 11%, en parte debido a la indexación, pero en el corto plazo hace que el impacto social de la caída de la economía sea menor.

De todas maneras hay indicios de que el consumo bajó el año pasado. No dramáticamente, pero bajó. Por eso hay que mirar atentamente la economía. La situación económica es uno de los dos factores fundamentales en la impopularidad tan grande de Dilma Rouseff, conjuntamente con Lava Jato.

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UN: ¿Qué impacto puede tener la proximidad de las Olimpiadas dado que los ojos del mundo van a estar puestos en Brasil? ¿Cómo se han manejado las obras para las Olimpiadas? ¿Ha habido más transparencia que con los estadios del Mundial de Fútbol?

MR: Estuve unos días en Río de Janeiro hace dos semanas, fui a ver las obras y hablé con bastante gente. Hay un contraste positivo con los preparativos para el Mundial. En parte porque los Juegos Olímpicos y Paralímpicos están en una sola ciudad.

El alcade de Río, Eduardo Paes, tomó el control de muchos de los preparativos, y hasta ahora todo marcha bien.

Las dudas principales son dos: primero, la bahía de Guanabara. Descontaminar sus aguas era un compromiso del gobierno del Estado de Río de Janeiro, que no ha cumplido del todo. Pero los organizadores dicen que los eventos están en la boca de la bahía y el agua ahí está limpia.

La otra duda es sobre la nueva línea de Metro que va desde Ipanema hasta Barra da Tijuca, para llevar a la gente hasta el parque olímpico. También es obra del gobierno del estado y hay una controversia sobre si va a estar lista a tiempo.

Hasta ahora no ha habido denuncias de corrupción y yo pienso que los olímpicos van a ser un éxito.

La otra duda es el Zica pero, felizmente, agosto y septiembre son meses normalmente secos, en los que baja la incidencia del dengue, por ejemplo. Las mujeres embarazadas van a tomar precauciones, pero para el resto de la población no hay un riesgo mayor.

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Es posible que haya protestas, pero Dilma no va a aparecer mucho. Seguramente que en la inauguración habrá pitos de protesta, pero nada sustancial.

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