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¿Será Río una ciudad más inteligente después de los Juegos Olímpicos?

La localidad brasilera instaló nuevas tecnologías para manejar sus megaeventos, pero un reciente estudio critica duramente el trabajo que ahí se ha hecho.
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4 Ago 2016 – 1:13 PM EDT

Una crisis política que llevó al juicio de la presidenta Dilma Rousseff, el virus del zika, la mayor presencia de policías en las calles y una serie de obras públicas deficientes en la previa de los Juegos Olímpicos son algunas de las preocupaciones que tienen en sus cabezas los brasileros hoy. Pero hay otra interrogante que debería preocuparlos de igual manera: ¿qué sucederá una vez que los Juegos Olímpicos terminen y la ciudad de Río de Janeiro vuelva a su vida diaria?

El discurso oficial generalmente justifica los Juegos Olímpicos y otros megaeventos argumentando que éstos dejarán secuelas positivas en las sedes, pero esta idea cada vez es más cuestionada entre los urbanistas. En el caso de Río –tanto luego del Mundial de 2012 y frente a estos Juegos–, se planteó como una de las mejoras el mayor uso de la tecnología en la gestión de la ciudad. Río, después de ambos eventos, quedaría a la vanguardia de las "smart cities" en la región.

Sin embargo, un reciente estudio académico, publicado en la revista Journal of Urban Technology de abril, cuestiona los esfuerzos realizados para transformar a Río en una ciudad inteligente. Los investigadores Christopher Gaffney y Cerianne Robertson visitaron y analizaron dos piezas clave del legado de estos megaeventos: el Centro Integrado de Comando y Control (CICC) y el Centro de Operaciones de Río (COR), inversiones de casi 40 millones de dólares que prometieron hacer de la ciudad una “smart city”.

“Como parte de sus obligaciones contractuales con la FIFA por la Copa Mundial, el gobierno federal desarrolló dos centros integrados de comando y control, uno en Brasilia y otro en Río de Janeiro”, escribieron los investigadores en su artículo, refiriéndose a los CICC. “Estas instalaciones fueron frecuentemente citadas como uno de los mayores legados del Mundial en la exitosa campaña política de Dilma Rouseff en 2014”.

El CICC es un centro de monitoreo en el que se coordinan las distintas policías (militar, civil, de tránsito, federal), los bomberos, las ambulancias, la guardia municipal y la defensa civil. Permite recibir las distintas llamadas de emergencia y organizar operaciones de seguridad y la controversial “pacificación” de las favelas. Cuenta con 98 pantallas LED y 500 cámaras de circuito cerrado en distintas partes de la ciudad, en las que se puede ver lo que sucede en distintas partes de la ciudad.

Sin embargo, lo que vio Gaffney cuestiona el funcionamiento del CICC y del otro centro, el COR, cuya función es de monitoreo de seguridad, tránsito y clima. “Cuando tu entras a estos lugares todo se siente como ir a un set de películas”, dijo Gaffney a CityLab. “Los empleados tienen sus batas como si estuvieran en la NASA, se siente como si estuvieran actuando este ritual de inteligencia, da la impresión de ser sofisticado, de ser tecnológico, pero esto es parte de esta performance”.

Hasta ahora, la “performance” de la que habla Gaffney ha sido en general bien mirada por las autoridades en el tema. En los años entre la Copa Mundial y los Juegos Olímpicos, los sistemas de monitoreo de Río han sido fruto de gran interés por parte de líderes políticos y medios de comunicación como CNN y The New York Times. La ciudad fue designada como la mejor Smart City de 2013 y el alcalde de Río Eduardo Paes tuvo una destacada participación en las charlas TED, donde explicó la gestión que han hecho.


“Hacemos simulacros de prueba para todos los grandes eventos. Tenemos a 500 profesionales trabajando 24 horas y siete días a la semana”, explicó en una reciente conferencia del BID Clara Schriener, representante de una de las empresas que colaboran con el gobierno local en estos centros. “Tenemos una fuerte integración con otras agencias federales y estatales… Toda la información es recolectada por el Centro de Operaciones de Río”.

Sin embargo, los investigadores criticaron el valor del trabajo que se hace y el hecho de que, efectivamente, éste ayude a la ciudad de Río como un todo.

Una inteligencia desigual

Uno de los principales problemas que Gaffney tiene respecto al uso de tecnologías "smart cities" en Río de Janeiro es que, según él, el aprovechamiento de este método es desigual en la ciudad. Es decir, hay un Río inteligente y un Río menos inteligente, y esto depende del poder adquisitivo de los distintos vecindarios.

“Debido a que estamos hablando de una ciudad muy fragmentada, muy desigual en términos de recursos y concentración de riqueza, los lugares donde hay cámaras y organismos de evaluación están altamente ubicados en áreas ricas”, dijo Gaffney a CityLab. “Se monitorea mucho el tránsito, por lo que se pone énfasis en los automóviles, algo que sólo los ricos tienen. Es un sistema que tiende a reproducir las desigualdades existentes”.

Lo mismo sucede en términos de seguridad, de acuerdo al investigador, donde se monitorean más insistentemente las zonas afluentes. Pero esto además sucedería en el monitoreo de potenciales desastres naturales. Una de las ventajas del sistema de Río es que, en teoría, puede alertar de deslizamientos de tierras. “Pero recientemente sucedió que la compañía que maneja este sistema de alarmas no recibió su pago del gobierno, y las sirenas no suenan más”, dice Gaffney.


Otra desinteligencia que denunció la investigación es el mal manejo de la información recabada. En el CICC, por ejemplo, los datos obtenidos son borrados cada 90 días. “El volumen de información que se recolecta es poco claro y tampoco lo es cómo se procesa”, explica Gaffney. “Tener más datos no es necesariamente bueno. Lo importante es cómo se utiliza, cómo se accede a ellos y qué políticas se proponen con ellos”.

Finalmente, los investigadores también criticaron el uso de estos sistemas para reprimir protestas, algo que podría suceder durante los Juegos Olímpicos. “Esto aumenta la asimetría existente entre policía y manifestantes. Si tienes 400 cámaras cerca de un estadio, la policía puede fácilmente rastrear a los manifestantes y cortar la señal de celular y cerrar las calles, mientras ellos se comunican con radios”, dice Gaffney.

Esto es algo que, para los expertos, es justamente opuesto a lo que una “ciudad inteligente” debería ser. Para ellos, el sistema también debería funcionar para crear mayor participación de la comunidad, y no para reprimirla. Por ahora, dicen, el énfasis está en la seguridad y el tránsito de vehículos.

Por todo esto, Gaffney es pesimista del legado que dejarán los megaeventos en Río, en términos de hacerla una ciudad más inteligente. “El paradigma de las ciudades inteligentes no es capaz de solucionar las necesidades más apremiantes de una ciudad con déficits crónicos de infraestructura urbana y una ausencia de instituciones cívicas robustas”, concluyen los autores. “De hecho, los sistemas de ciudades inteligentes pueden contribuir a la fragmentación de los espacios urbanos, exacerbando las brechas políticas y socioeconómicas”.

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