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CityLab Vida Urbana

Por qué es importante lograr que los museos sean gratuitos

A nivel nacional, sólo un 9% de los visitantes son de minorías, algo que puede cambiar si las visitas a estas instituciones se hacen más accesibles.
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26 Sep 2016 – 11:44 AM EDT

Hay un catálogo de exposición en mi librero que me llama la atención cada vez que giro en mi silla. En su portada aparece el puente de Waterloo, envuelto en la niebla, mientras los rayos del sol la atraviesan y forman un camino blanco sobre el agua bajo el puente. Desde 2004, lo he llevado conmigo de un apartamento a otro, desde Detroit hasta Chicago y luego hasta Nueva York. Mi abuela me había llevado a una exposición en la Galería de Arte de Ontario, una retrospectiva que mostraba obras de Turner, Whistler y Monet.

Me paré con la boca abierta frente a la pintura. Brillaba como si alguien hubiera encendido un cerillo dentro de ella. Me invitaba a dejar mi bolsa en el suelo y meterme directamente dentro del lienzo. Casi podía sentir la niebla en mis mejillas. La pintura me transportó.

Yo había ido a otros museos: con mis dedos había limpiado vitrinas polvorientas para atisbar las ásperas piedras preciosas en las esporádicas excursiones de la escuela y me había recostado en un asiento del planetario para ver las estrellas brillar en una pantalla IMAX que colgaba sobre mí. Pero nunca me había sentido invitada a unirme a una conversación con una obra de arte, a entrar en ella, a mirar alrededor, y a preguntarme qué estaba intentando decirme sobre el mundo y mi lugar en él.

Para desatar más (y más apasionadas) relaciones entre los visitantes y las obras de arte, más de 1,200 museos de todo el país abrieron sus puertas el sábado 24 de septiembre como parte del Smithsonian Museum Day Live. Instituciones desde Michigan hasta Nevada ofrecen entradas gratis para el solicitante y un invitado, si lo reservaron con antelación. El Día de los Museos es solo otro frente más de una campaña para eliminar el estigma de que sólo ciertos tipos de personas visitan los museos. Muchas instituciones se esfuerzan por deshacerse de la percepción de que son inescrutables e imponentes, y que los visitantes necesitan ser poseedores de un conocimiento especializado y esotérico para tener acceso.

En la inauguración del nuevo y llamativo Whitney Museum en 2015, Michelle Obama explicó cómo la ansiedad sobre el acceso a espacios culturales se convierte en brechas raciales y socioeconómicas. Datos de la Asociación Americana de Museos indican que, a nivel nacional, solamente un 9% de los visitantes pertenecen a minorías. Los visitantes no blancos, dijo, pueden sentirse especialmente mal bajo los grandes atrios de mármol:
"Ya ven, hay tantos niños en este país que ven lugares como museos y salas de conciertos y otros centros culturales y piensan para sí mismos, bueno, ése no es un lugar para mí, para alguien que se parece a mí, para alguien que viene de mi vecindario. De hecho, les garantizo que ahora mismo, hay niños que viven a menos de una milla de aquí que nunca en un millón de años soñarían que son bienvenidos en este museo. Y como crecí en el extremo sur de Chicago, yo misma era uno de esos niños".

Trabajar para socializar el acceso a las colecciones de los museos es quizás de especial importancia conforme las visitas a museos se vuelven menos comunes para los estudiantes de las escuelas.

A medida que los empobrecidos sistemas escolares trabajan para cumplir con los requisitos del plan de estudios con presupuestos con poco margen de maniobra, "la visita al museo, que alguna vez fue una característica de la experiencia de cada estudiante de la ciudad de Nueva York, está en peligro de extinción", dijo al New York Times Kim Kanatani, directora de educación del Museo Guggenheim. Kanatani le dijo al Times que ella y sus colegas observaron una disminución de las visitas escolares reservadas en toda la ciudad. La tendencia resultó verdadera a un nivel más amplio: la mitad de las escuelas de Estados Unidos eliminaron las excursiones en el curso escolar 2010-2011, según mostró una encuesta de la Asociación Americana de Administradores de Escuelas.

Pero, cuando están disponibles, la demanda a menudo supera la oferta. Cuando el museo Crystal Bridges abrió en Bentonville, Arkansas en 2011, una donación le permitió a la institución operar excursiones escolares de forma gratuita. Llegaron solicitudes de 525 escuelas que deseaban llevar a más de 38,000 estudiantes, muchos más de los que el museo estaba preparado para acoger.

La entrada gratis no es una panacea. Por ejemplo, reducir el precio de la entrada no resuelve los problemas que surgen de las opciones de transporte limitadas o los horarios ocupados que no permiten acomodar actividades adicionales. Para cerrar esas brechas, algunos museos están llevando sus colecciones a las calles. Bajo los auspicios de una subvención de 2 millones de dólares de la Fundación Knight, el Instituto de Artes de Detroit instala réplicas de obras que posee en su colección en las comunidades locales. Este verano, siete obras se pusieron en exhibición en las bibliotecas públicas y parques de Orion Township en Michigan. Programas similares se han implementado en Miami y Filadelfia.

Otras instituciones están aprovechando su presencia en línea para conectarse con los visitantes que no pueden asistir personalmente al museo. Kimberly Drew, gestora de medios de comunicación social en el Museo Metropolitano de Arte, quien también dirige el popular Tumblr Black Contemporary Art, ha aumentado la presencia en línea de la enorme institución y les ha subido el volumen a las conversaciones sobre las brechas en la colección del museo. El resultado es un amplio diálogo que involucra a los clientes lejanos. "Sólo una tercera parte de los ‘Me gusta’ que recibimos en Facebook provienen de personas en Estados Unidos, e incluso un porcentaje menor proviene de personas que se encuentran en Nueva York", le dijo a Lenny. "Nuestra comunidad no es geo-específica. Está construida en torno a un lenguaje inclusivo".

Aun así, algunos dudan que los museos gratis sean la única, o más eficaz, solución para aumentar el número de visitantes. Las preocupaciones a menudo se basan en los temores de que la reducción de la cuota de admisión en última instancia debilita la esencia. Sin embargo, un director de museo dijo a Fortune que una institución típica sólo se embolsa alrededor de un 4% de sus ingresos anuales de admisión. La mayor parte de sus ingresos proviene de donaciones y recaudación de fondos. Ya para el año 2015, una tercera parte de las instituciones de la red de la Asociación Americana de Museos ofrecían entrada gratuita y un 5% pedía donaciones sugeridas.

Muchos de esos museos que han alterado sus modelos de admisión han notado un cambio en los patrones de visitantes. La asistencia se duplicó después de que se exentó el pago de honorarios a las colecciones nacionales de Inglaterra en 2001, dijo el director del Museo de Historia Natural de Londres a The Guardian. Cuando el Museo de Arte de Dallas eliminó su cuota de admisión de 10 dólares, su asistencia anual aumentó de 498,000 a 668,000 visitantes, y la institución experimentó un aumento de un 29% en visitantes de minorías, reportó Fortune.

En algunos aspectos, los museos son bastante estáticos: las colecciones permanentes por lo general no cambian mucho; la historia que muestran a menudo se desarrolla en milenios. Son una fotografía instantánea de la vida como la vivieron las personas cuyos mundos se consideraban dignos de plasmarse en óleos y lienzos. Pero los museos están ampliando cada vez más sus entornos. Están inundando de contenido sus Instagrams e invitando usuarios a comentar mediante Twitter, incluso animando a los clientes a votar sobre los contenidos de las exposiciones financiadas por colaboración abierta. Mientras más voces entren a los museos y se unan a la conversación, más completo y matizado será el retrato histórico.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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