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Nueva York mejorará el acceso a productos de higiene femenina

Mientras algunos estados tienen fuertes impuestos en tampones y toallas higiénicas, esta ciudad obligará que escuelas y cárceles las entreguen gratis.
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29 Jun 2016 – 12:04 PM EDT

“¡Tampón!” “¡Toalla femenina!” “¡Pantiprotector!” “¡Regla!”. Las palabras resonaron desde las escaleras del ayuntamiento de Nueva York. Hace unos cuantos años, resultaba raro oírlas habladas en público, pero ahora están integrándose a la ley escrita de la ciudad.

La Gran Manzana se convirtió en la primera localidad de la nación en garantizar el acceso a productos para la higiene femenina, luego de firmar un paquete de leyes que exigen que toallas femeninas y tampones estén disponibles gratuitamente a cientos de miles de mujeres en escuelas públicas, en albergues para personas sin techo y en cárceles.

“Nueva York no sólo está reconociendo que la menstruación es parte de la experiencia de la gente”, dice Jennifer Weiss-Wolf del Centro para Justicia Brennan en la Facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York. Weiss-Wolf ha desempeñado un papel clave en llamar la atención del gobierno de la ciudad sobre este asunto. Según afirma Weiss-Wolf, la ciudad de Nueva York “está centrándose en la gente, estudiantes de escuelas públicas, mujeres sin techo o las encarceladas, que tiene mayores dificultades para resolver este problema”.

Las leyes fueron aprobadas el 21 de junio. En octubre la ciudad instalará máquinas expendedoras en 800 escuelas públicas y suministrará un valor de 540,000 dólares en toallas femeninas y tampones a los albergues de la ciudad cada año. Además, establecerá más supervisión en prisiones para asegurar que la política preexistente del sistema de proveer suministros a mujeres que estén menstruando se implemente de manera en que se cumpla con la demanda. Julissa Ferreras-Copeland, concejal por el área de Queens, inicialmente asumió la tarea de encabezar la promoción de la legislación, después de reunirse con Weiss-Wolf para discutir soluciones de políticas el marzo pasado. La legisladora dice que al principio tuvo que enfrentar alguna resistencia: la gente se preocupaba por el costo.

De hecho, según Ferreras Copeland le contó a una multitud en el ayuntamiento, algunos le preguntaron por qué no regalaba autos también, ya que estaban en plan de regalar. Sin embargo, Ferreras-Copeland también es presidente del comité de finanzas de la ciudad. Nueva York está operando con un presupuesto de 82.1 mil millones de dólares: después del costo de instalar las máquinas expendedoras en las escuelas (el cual se incurrirá una sola vez), el paquete de leyes tendrá un costo para la ciudad de no más de un par de millones al año. “Nadie se pregunta cuánto se gasta la ciudad en papel higiénico”, dice Ferreras-Copeland. Agrega que la legislación sobre la equidad menstrual tiene el propósito de elevar los productos de higiene al mismo nivel de necesidad.

Se trata de un concepto revolucionario, dado que en la mayoría de los estados, las toallas femeninas y tampones llevan un impuesto como artículos de lujo. “Ninguna mujer jamás ha dicho que tener la regla es un lujo”, dice Ferreras-Copeland. A lo largo del último año, varios legisladores en los niveles estatales y federales han criticado al “impuesto del tampón”. En un artículo de opinión para el New York Times, Weiss-Wolf observó que:

En los Estados Unidos el año pasado, 15 de los 40 estados que aún tienen un “impuesto del tampón” iniciaron medidas para cambiarlo. Tanto Illinois como Nueva York aprobaron leyes que ahora esperan las firmas de sus gobernadores respectivos. Por su parte, el estado de Connecticut eliminó el impuesto del tampón de su presupuesto, cambio que será efectivo a partir de 2018. Justo la semana pasada, la Asociación Médica de los Estados Unidos hizo una declaración que insta a los estados que hagan que los productos menstruales sean libres de impuestos de venta.

Según Ferreras-Copeland, eliminar el impuesto a las ventas de tampones toallas aborda un elemento de la brecha financiera que las mujeres sienten intensamente en ciudades como Nueva York: las mujeres reciben 79 centavos por cada dólar que gana un hombre, sin embargo, tienen que enfrentar precios más altos para servicios como la limpieza en seco y artículos básicos como champú y productos para la higiene. A pesar de esto, para las 23,000 mujeres en el sistema de albergues de la ciudad —así como las reclusas y muchas estudiantes de las preparatorias— el asunto del impuesto no se puede comparar en impacto a la necesidad básica de acceso mejorado a estos productos, los cuales pueden costarles a las mujeres más de 100 dólares al año.

En un discurso delante del ayuntamiento, Rachel Sabella —directora de relaciones gubernamentales para el Banco de Alimentos de la Ciudad de Nueva York— dijo que cuando los centros de donación reciben productos para la higiene femenina, estos se agotan inmediatamente. De hecho, los voluntarios acuden a una especie de racionamiento para hacer que los suministros duren más tiempo. Según dijo, la provisión de 2 millones de tampones y 3.5 millones de toallas femeninas que llegarán mediante la nueva ley ayudarán muchísimo a aliviar una preocupación de una población necesitada.

Otra persona que habló frente al ayuntamiento fue Lineyah Mitchell, quien se está graduando de la preparatoria Brooklyn Technical High School. Mitchell señaló la necesidad de mayor acceso para los estudiantes. “En una escuela de 6,000 estudiantes, sólo hay una enfermera”, dijo. Obtener permiso para visitar a la enfermera para recoger productos y luego ir al baño les resta tiempo en las aulas a las estudiantes, lo cual inclina la balanza de equidad de géneros en entornos académicos para desfavorecer las muchachas. La ciudad condujo un programa piloto en una preparatoria en Corona, Queens, a lo largo del último año; según dice Weiss-Wolf, los índices de asistencia a clases ya están tendiendo a subir.

Cuando Weiss-Wolf inicialmente les llamó la atención de Ferreras-Copeland y el gobierno de la ciudad de Nueva York sobre la equidad menstrual el año pasado, en gran parte se descartaron sus ideas sobre la implementación de políticas específicas para abordar el acceso. Pero mediante el liderazgo de Ferreras-Copeland, una solución legislativa se definió en un poco más de un año. “Ha sido una velocidad de rayo para el proceso democrático”, dice Weiss-Wolf. “Es una prueba de que funciona”.

También ofrece una prueba de la facilidad y eficacia de las políticas. Más allá de las preocupaciones en cuanto al presupuesto, las leyes han recibido poca resistencia. La necesidad de la ciudad de tratar la higiene menstrual con la misma importancia que el jabón en los baños y el papel higiénico es “el tipo de asunto que en cuanto se piensa un poco sobre el mismo, uno se da cuenta que hay muchas formas fáciles y creativas para abordarlo”, dice Weiss-Wolf. “No se trata de regalar cosas gratuitamente; se trata que asegurar que nuestra ciudadanía es tan productiva y de alto funcionamiento en la sociedad como podría ser”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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