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CityLab Vida Urbana

La razón de por qué los megacomputadores podrían terminan bajo el mar

Empresas como Microsoft piensan aprovechar las propiedades refrescantes del océano y su potencial de energía para administrar sus servidores de datos para la nube.
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27 Oct 2016 – 02:24 PM EDT
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A pesar de la imaginería etérea relacionada con su nombre, la nube es una cosa sumamente física que está conectada a la Tierra.

Cuando la gente chequea sus likes en Facebook o hacen streaming de series con Netflix, la actividad de computación ocurre en alguna parte. Normalmente es un lugar lejos en un almacén gigantesco lleno hasta el tope de computadores sumamente potentes. Estas granjas de servidores no están flotando en el cielo. Están ubicadas en tierra, consumiendo un montón de energía y agua para operar y enfriar las máquinas. Tienden a construirse en lugares donde el terreno es barato y no se sentirá el impacto de usar millones de galones de agua. O sea, están ubicadas muy lejos de las densas comunidades urbanas donde viven la mayoría de los internautas.

Pero Microsoft este año descubrió otro lugar con una descripción parecida: el fondo del mar.

El Proyecto Natick sumergió un tubo de acero —de 38,000 libras y midiendo 10 por 7 pies— en las aguas frente a la costa de California durante tres meses para ver si los servidores que llevaba adentro seguían funcionando con el poder de 300 PC de escritorio. La compañía dice que estas es la primera vez en que una granja de servidores ha operado debajo del mar. Y funcionó. El logro abre las posibilidades para que la infraestructura futura de almacenamiento de datos aproveche las propiedades enfriadoras naturales y la energía renovable de la ubicación submarina.

Dado que el agua de mar se vuelve bastante fría más cerca del fondo, las granjas de servidores no necesitarán el tipo de infraestructura intensa de enfriamiento que es vital para evitar los colapsos costoso que pueden darse en tierra. Y los investigadores planean agregar tecnología a su próxima capsula submarina que capturará el movimiento de las olas como energía hidrokinética.

Hay otro beneficio potencial para cualquier persona que usa dispositivos digitales modernos en ciudades. Las granjas de servidores tienden a surgir lejos de las poblaciones urbanas que más las utilizan a medida que las empresas de servicios en la nube intentan ahorrar dinero en costos operativos. Pero esas ubicaciones remotas también crean un problema con la latencia: los servicios se mueven más lentamente cuando los datos tienen que viajar más distancia. Dado que muchas de las ciudades más activas del mundo se encuentran en litorales, el almacenamiento submarino podría estar mucho más cerca de la “acción” que la alternativa tradicional en tierra.

El enfoque de Project Natick en cuanto al almacenamiento en la nube también gana eficiencia al estandarizar el proceso de fabricación. Normalmente las granjas de servidores tienen que construirse para cumplir con los costos de construcción y los requerimientos necesarios para obtener permisos que son específicos a los sitios en donde se construye. Es muy difícil resolver estos obstáculos de manera uniforme de un proyecto a otro. Pero los investigadores fabricaron la unidad submarina en 90 días, lo cual ilustra los ahorros de tiempo de una fabricación modular diseñada para usarse bajo el mar.

Todavía será necesario estudiar los efectos ambientales de la implementación de almacenamiento submarino de datos a gran escala. Los ingenieros de Microsoft encontraron que los chasquidos de la población local de camarones resultaron más ruidosos que cualquier ruido que estuviera haciendo el tubo de computación. También notaron que la producción de calor sólo era detectable dentro de unas cuantas pulgadas de la cápsula, según reportó The New York Times. Sin lugar a duda, estos efectos incrementarán a medida que se amplía el poder de computación, por lo que estos tendrán que abordarse en el proceso de diseño.

Sin embargo, a fin de cuentas, esta tecnología parece ser favorable para el medioambiente: menos uso de agua y menos energía requerida de la red, así como un descenso en los acres de tierra que se dedican a nuestras necesidades de computación.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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