El sacerdote que ha ‘adoptado’ a 27 jóvenes para evitar su deportación

Hermes Espinoza recuerda el momento en que se vio solo en Nueva York con 17 años, sin familia y sin papeles para vivir legalmente en el país. Había cruzado la frontera un año antes, en 2006, para escapar de la discriminación por ser homosexual en Guerrero, México, donde nació.
Espinoza incluso trató de suicidarse, en medio de su soledad. “Extrañaba mucho a mi familia. Mi mamá, mi papá, mis hermanos... todo eso. Llegó el momento que no quería vivir más. Me sentía completamente solo, vacío”, dice.
Un día, un amigo le habló de un sacerdote en una iglesia en Midtown, Manhattan, especialmente conocida por ser abierta a la comunidad LGBTQ. Se trataba de la Iglesia de Sión, la comunidad liderada por el pastor de origen argentino Fabián Arias.
En su desesperación, comenzó a visitar la iglesia con frecuencia. Allí era el más joven y pronto surgió una relación un especial con la comunidad. Como una forma de agradecer el apoyo que encontró en el templo, Espinoza les obsequió una Virgen de Guadalupe. Y, en un momento de 2007, decidió jugárselo todo: le pidió al padre Fabián Arias que reclamara su tutela legal, como vía para obtener la residencia permanente. Y el padre aceptó al hijo.
Diez años más tarde, la vida de ambos es totalmente distinta. Ahora, Arias es el guardián de otros 26 'hijos' y ha servido de enlace para que otros miembros de la iglesia también lo sean.
Arias, de 53 años en la actualidad, no tenía hijos, pero con el paso del tiempo se ha convertido en el padre de muchos. Diez años después que tomó la decisión de proteger al primero, se reunió con Espinoza y Octavio Godínez, de 23 años, quien es otro de sus hijos legales, en un domingo de abril, después de la misa.
“Ojalá podamos hacer 11 millones... A todos los que se pueda”, dice riéndose Arias, sentado en medio de los dos muchachos, al referirse a la práctica que le ha permitido regularizar el estatus migratorio de estos jóvenes.
El sacerdote de origen argentino, pero con ciudadanía estadounidense, vive en Nueva York desde 2002 y es el líder de la congregación luterana para hispanos de Saint Peter’s Church, que acoge a una comunidad de 300 inmigrantes a unas cuadras del Rockefeller Center y de la catedral católica de San Patricio. Los fieles aquí prefieren un servicio religioso en español y con una marcada influencia latinoamericana. Un 80% de esa comunidad son inmigrantes indocumentados, asegura el padre. Allí encuentran refugio, pues es una de las doce iglesias que forman parte del Nuevo Movimiento Santuario en la ciudad.
Este movimiento es una nueva versión del proyecto que inició el pastor John Fife en Arizona en 1980, para proteger a los inmigrantes. En 2007, y luego de nuevas deportaciones, iglesias de California y Nueva York retomaron la iniciativa de Fife y hoy suman alrededor de 800 organizaciones en todo el país.
Solo en 2016 se registraron 450,954 deportaciones realizadas por la Patrulla fronteriza y los agentes de inmigración y aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), según el informe del año fiscal del departamento de Seguridad Nacional. Estas cifras crecen año tras año y entre 2000 y 2015 se han registrado casi cinco millones de deportaciones, una realidad frente a la que la Iglesia del padre Arias no se ha podido quedar de brazos cruzados.
La lista del padre Fabián
El padre Fabián Arias no lo ha hecho solo. Pero Arias, eso sí, es el hombre que echa a andar todo el mecanismo. La petición de Espinoza impulsó en el sacerdote a un nuevo capítulo de su vida profesional, marcada por el trabajo con los indocumentados.
El pasado de Hermes Espinoza resume varios de los traumas que a menudo delinean la vida de los inmigrantes: a los ocho años de edad uno de sus hermanos fue asesinado por su orientación sexual. Luego, a los 16, decidió atravesar la frontera por el desierto de Nogales hasta llegar a los alrededores de California. Él, al ser homosexual, huía del bullying, la discriminación y de un eventual desenlace como el de su hermano.
Por su parte, el padre Arias dejó su país y la Iglesia católica en la que creció, y, al llegar a Nueva York, se unió a la Iglesia luterana, atraído por su actitud más abierta. “En ese momento empecé a relacionarme con la situación poco digna de los llamados indocumentados”, recuerda Fabián. Era la época de George W. Bush, cuando en Nueva Jersey entraban a las fábricas a llevarse a todo personal indocumentado.
“Lo que vivimos ahora no se compara con lo de esa época”, dice Arias sobre las redadas de los noventa. La “cacería de brujas” se hizo evidente cuando las deportaciones aumentaron abruptamente entre 1996 y 1997, según datos en el archivo histórico del Departamento de Seguridad Nacional. Para ser exactos, aumentó en un 39.1% entre un año y otro.
En ese momento, la Ley de Reforma de Inmigración Ilegal y Responsabilidad Migratoria dio paso a las deportaciones masivas. Esta creó el marco legal para que agencias migratorias como ICE regresaran a todo inmigrante que se extendiera del tiempo permitido por su documentación legal, si la tenía.
Arias tiene claro que la vulnerabilidad a que se exponen los llamados indocumentados no es nueva, aunque el discurso marcadamente antiinmigrante de Donald Trump aparezca con más fuerza en Twitter y otros medios de comunicación. “Se trata de un modelo político agresivo. Es un modelo antihumano, que no respeta derechos civiles”, dijo el padre.
Hoy, Arias dirige una iglesia que protege a latinos en toda su diversidad y recibe a grupos en riesgo, como la comunidad LGBTQ. En 2008, cuando asumió ser guardián de Hermes Espinoza, el sacerdote vio la oportunidad para dar el siguiente paso en su activismo. Tras tomar tutela del primero, la noticia sobre las ‘adopciones’ se corrió de boca en boca, y fueron llegando uno a uno, y a veces, de dos en dos. Después de Hermes, fue Darwin. Luego llegaron Gloria, Brian, Blanca, Juan Carlos, Octavio, Lucas, Michael, Allan, Yovanis, el hermano de Yovanis, Julián, Diego... Y la lista continúa.
El proceso: cómo funciona la tutela legal
Aunque la gente habla de una adopción, el proceso es, en realidad, lo que se llama una tutela legal. Es un procedimiento que permite que Arias represente al joven en determinados momentos. Contrario a las adopciones, esto no elimina los derechos de paternidad de los padres biológicos ni les resta responsabilidad.
Generalmente, el procedimiento demora entre tres y seis meses. El equipo legal solicita la firma de la tutela a los padres biológicos en sus países de origen (si están vivos). La corte evalúa los registros civiles y antecedentes penales de Arias, las condiciones del hogar donde vivirá el menor y las personas con quienes viviría.
Y, finalmente, la orden emitida por un juez de la corte de familia da la aprobación. Después, el joven puede solicitar permiso de trabajo y, a los tres años, puede solicitar una residencia permanente. Lo logran así porque los hijos que Arias ‘apadrina’ son jóvenes que cumplen con los criterios del Estatus Especial de Inmigrantes Juveniles, una situación migratoria que solo se les otorga a menores de edad indocumentados que han sido víctimas de abuso, abandono o negligencia.
En estos casos, cuentan con el apoyo de organizaciones sin fines de lucro como The Door, Cáritas y Legal Aid Society para comenzar el proceso de tutela. Los abogados de estas organizaciones ofrecen sus servicios de forma gratuita durante todo el proceso.
Los hijos continúan llegado a la Iglesia de Sión recomendados, a veces, por los ya ‘adoptados’. Ya sea que el joven llegue solo o alguien lo presente a Arias, el sacerdote evalúa el caso del menor con especialistas en leyes migratorias, para determinar si existen otras vías legales para regular su estatus migratorio, como DACA. Para aquellos que necesiten la tutela legal, según Arias, existen criterios adicionales que él toma en cuenta.
“Primero, tienen que tener una presencia acá [en la iglesia], tienen que venir a las actividades, ser muy responsables con sus estudios, porque eso es parte fundamental para el futuro de ellos”, explica Arias.
Con el tiempo, la cantidad de hijos se ha convertido en un problema y, para evitar trabas, en 2015 Fabián decidió pedir ayuda a Olga Torres, una feligresa de 59 años, para que asumiera la tutela legal de Octavio y Lucas Godínez. Ella aceptó.
En ese momento, el sacerdote se encontraba en un viaje a Argentina. Necesitaba con urgencia una persona de confianza que se hiciera responsable de los hermanos, ahora de 23 y 18 años, respectivamente. El menor, Lucas, había sido detenido por entrar al metro sin pagar y tenía una orden de deportación. De acuerdo a ellos, de no haber sido ‘adoptado’ habría terminado de vuelta en México.
Octavio y Lucas no conviven con Olga Torres, el sacerdote u otros de los muchachos. Cada uno alquila un cuarto y son totalmente independientes. Pero, se reúnen, a menudo, los domingos en la iglesia.
“Si escuchas las historias de ellos, no puedes dejar de hacerlo”, dice Torres. “Y no es nada complicado... Vienen de algunas familias que les pegaban o los maltrataban. Y lo único que quieren es tener sus documentos para dejar de ser perseguidos”.
Arias lleva imágenes en su teléfono de sus hijos, recién salidos de la corte junto a los abogados del caso. “El significado de guardián tiene que ver, para mí, no solo con lo legal, sino con dar un acompañamiento, que no estén solos, que sientan que tienen una casa”, dijo.
Para Hermes Espinoza, el padre Fabián Arias es una verdadera figura paterna. “ Yo lo quiero como a un padre. Tengo una persona que me escucha y comprende mi situación. Tengo amistades aquí, pero siempre cuento con él y hablamos cuando podemos”, dijo Hermes.
Diego, el hijo más reciente
“¿Por qué lo quieren tanto los inmigrantes, padre? ¿De nuevo usted por aquí?”, le preguntó la jueza de la Corte de Familia cuando presentó la solicitud para asumir la tutela de Diego, el último menor que adoptó.
El caso de Diego Ztuc, la ‘adopción’ más reciente, fue uno de las más complicados. Una mala interpretación de una trabajadora social enviada por la corte hizo difícil la comunicación con la jueza. Durante la investigación previa a la cita en la corte, la investigadora entendió por error que Diego había llegado hasta Fabián era a través de la recomendación de un abogado. El malentendido causó que en febrero de este año la tutela del menor le fuera denegada. Apelaron y dos meses después ganaron el caso.
Ztuc, de 20 años, llegó a Estados Unidos en 2012 procedente de Mazate, Guatemala. “Me fui de mi casa porque allá no le importo a nadie”, dijo. Cruzó la frontera solo, con 15 años. Primero viajó a México, donde trabajó y reunió dinero para pagar los buses que cruzaban los pueblos entre Sonora y Arizona. Al cruzar por Nogales, lo detuvo la policía fronteriza mexicana y, cuando vieron que no tenía a nadie más que le ayudara, lo dejaron seguir.
Vivió los últimos cuatro años entre Miami y Nueva York, donde una día coincidió con el padre Arias. Durante el proceso legal, vivió un tiempo en El Bronx en casa del sacerdote. Ahora, el padre le ayuda a buscar una escuela para que pueda mejorar su inglés.
El padre sabe que su nombre ya aparece demasiado en los registros judiciales de la ciudad de Nueva York y que los jueces de la Corte de Familia lo reconocen. Además, no olvida los escándalos de pederastia en que a menudo ha estado envuelta la Iglesia católica. Y sabe que su iglesia está en una lista especial de los agentes de ICE y hay quienes que cuestionan de dónde sale el dinero para apoyar a los jóvenes. Por eso, entiende que los jueces le hagan todo tipo de preguntas personales en la corte.
Las leyes no establecen una cifra límite de hijos para adoptar, siempre que la persona demuestre que ha mantenido una actitud correcta con respecto a los menores que ya están bajo su tutela. Por tanto, no hay inconvenientes legales para ser guardián de otros tantos.
Varios de los ya ‘adoptados’ alcanzaron la mayoría de edad, lo que Fabián aprovecha para seguir con su estrategia protectora pues, ante la ley, ya no son dependientes del guardián. Incluso algunos ya tienen sus propios hijos y le dicen “abuelo” a Fabián.
Las adopciones en los ojos del gobierno
Las agencias del orden conocen sobre esta estrategia que algunas iglesias usan en Nueva York y California. Un agente de ICE que pidió no ser identificado compartió su opinión al respecto. “Nosotros [ Homeland Security] queremos eso [tutela legal de menores indocumentados]. Queremos que esos jóvenes sean estadounidenses. Queremos que crezcan en nuestra sociedad, prosperen y sean felices. Porque cuando apoyas a un joven de otro país para que tenga una vida estadounidense, le estás dando oportunidad”, dijo el funcionario.
De acuerdo al agente, las iglesias son espacios de fe con los que ICE prefiere mantener cierta distancia, siempre que se mantengan dentro del marco legal y eviten que las personas bajo su protección no tengan ‘deudas pendientes’ con las autoridades. “Siempre que mantengan a estos jóvenes fuera de pandillas y de ser criminales, está bien”, dijo.
Sin embargo, entre las iglesias del Nuevo Movimiento Santuario, no todas conocen sobre el trabajo ‘adoptivo’ que realizan Arias y los fieles de Sión. Aun así, manifestaron su apoyo ante la iniciativa. El padre Luis Barrios, en la iglesia de Santa Cruz -congregación hispana de la Holyrood Episcopal Church en el Alto Manhattan- considera que la práctica es extrema, pero que la leyes la requieren.
“Nosotros [la Iglesia de Santa Cruz] solo apoyamos a quienes quieren hacerse responsable de algún sobrino o familiar que necesite guardián. Consideramos que es demasiado pero, la verdad es que [a los inmigrantes] no les queda otro camino”, dijo Barrios.
Cuarenta cuadras más abajo, en la misma isla de Manhattan, el padre Fabián saborea un mate y reflexiona sobre la familia que ha creado. “Yo no sé si ha cambiado la vida de los chicos el hecho de que yo sea su guardián legal”, dice el padre frente a su oficina en la iglesia. La táctica para la resistencia tiene sus costos humanos, sociales y económicos, por lo que el propio Fabián entiende que no es una estrategia sostenible.
“No, ni hablar. Porque todos los jueces me plantean ‘¡Otro vez acá!’, y no. Quisiera tener una tremenda casa con, por lo menos, 30 cuartos para que los chicos no tengan que estar pagando los 500 pesos y yendo al trabajo después de la escuela, y durmiendo seis horas… lejos de la gente, de sus afectos, en una sociedad que los esclaviza. Apostar a esto, no pero lo voy a seguir haciendo… Estar al lado de ellos es importante, es darles un poco más de cielo, ¿no?”, dice mientras sigue tomando sorbos de su mate.
Este artículo fue investigado y producido por estudiantes de la clase Craft 2 Periodismo y Redacción Avanzada, del Programa Bilingüe de la Maestría de Periodismo de CUNY Graduate School of Journalism. El trabajo contó con la asesoría de los instructores Luis Trelles, Miguel Paz, Cristina Maldonado y David Galavotti.