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CityLab Vida Urbana

David Simon no extraña la sordidez de Nueva York

El creador de ‘The Wire’ y algunas de las mejores series de HBO habla sobre el renacimiento de Times Square, otras ciudades que ama y por qué los burócratas también pueden ser héroes de televisión.
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24 Oct 2017 – 1:54 PM EDT

Ningún artista que trabaja en la televisión actualmente tiene más que decir sobre las ciudades que David Simon. Su libro de no-ficción Homicide: A Year on the Killing Streets se convirtió en la base para la serie de NBC ‘Homicide’, que lanzó la segunda carrera de este exreportero policial, en el Baltimore Sun. Hoy trabaja como creador de prestigiosas series de televisión por cable. Como escritor y productor ejecutivo de las series de HBO ‘The Corner’, ‘The Wire’ y ‘Treme’, ha creado más de cien horas de guiones dramáticos que documentan, con precisión periodística, las complejidades y la disfunción de las ciudades estadounidenses. El conflicto central de ‘ Show Me a Hero’, una miniserie de HBO del año 2014, giraba en torno a la política de vivienda asequible en Yonkers, Nueva York. Esto es el colmo del ‘nerdismo’ urbano.

La última producción de Simon, ‘ The Deuce’, se centra en cómo la industria pornográfica moderna nació en la turbia y sórdida cuna del centro de Manhattan a comienzos de la década de 1970. Aunque la historia –cocreada con George Pelecanos, escritor de novelas negras y frecuente colaborador de Simon– convive con las prostitutas, los proxenetas, y los policías en las calles, también da indicios de un marco más amplio de las maquinaciones inmobiliarias. Estas condujeron al Times Square de hoy, más amigable con los turistas. Simon habló con CityLab desde su casa en Baltimore sobre Balzac contra Dickens, sus propias aventuras juveniles cerca de Times Square y por qué las ciudades son el ‘verdadero Estados Unidos’.

Las ciudades han desempeñado un papel central en casi todos tus proyectos de televisión. ¿De dónde crees que viene ese enfoque?

Siento que fue algo que me impusieron. El periódico donde yo trabajaba me puso en la sección de ciudad y eso es lo que yo atendía. Pero una vez que lo hicieron, me interesé en el concepto de la vida urbana y lo que estaba en juego. Si comienzas a pensar acerca de los problemas—qué funciona, qué no funciona y por qué— finalmente vas a ver la ciudad como algo vivo y palpitante.

Y la verdad es que Estados Unidos hoy vive en ciudades y nunca dejará de ser así. Más de un 80% del país vive ahora en áreas metropolitanas. Probablemente ese número aumentará. Por lo tanto o lo resolvemos o vamos a fracasar como sociedad.

Sin embargo, en los últimos años, la narrativa pública a menudo ha enfrentado a las ‘élites urbanas’ contra los ‘buenos estadounidenses’ que viven en pequeñas ciudades y zonas rurales.

Puedes remontarte al discurso de Sarah Palin durante la convención republicana hace nueve años, cuando acogió el concepto del ‘verdadero Estados Unidos’, los verdaderos estadounidenses que viven en ciudades pequeñas. Qué estupidez más increíble, ¿verdad? Si los verdaderos estadounidenses sólo viven en ciudades pequeñas, entonces la mayor parte del país ya no es estadounidense.

Los estadounidenses que conozco, que están tan comprometidos con la idea de Estados Unidos como cualquiera, viven en ciudades o viven en los suburbios que están orientados hacia las ciudades. Ahí es donde está el futuro del país. Estas maniobras políticas que de alguna manera reivindican un Estados Unidos auténtico que es inequívocamente rural son simplemente una mentira. Están hablando de un presente que en realidad no existe.

Aún no eras adolescente en 1971, que es cuando se desarrolla la primera temporada de ‘The Deuce’. ¿Cuál fue tu primera experiencia de Times Square y el área de Midtown?

Recuerdo un viaje cuando tenía quizás doce años y tomé un autobús a Nueva York con un amigo para ir a casa de su abuela. Nos bajamos en la estación Penn y teníamos que caminar hasta la Autoridad Portuaria, así que caminé por la Octava Avenida con una maleta. Y recuerdo, en retrospectiva, haber visto una variedad asombrosa de comercio sexual en las esquinas y no tener la más mínima idea de lo que estaba sucediendo. A los doce, creo que no sabía lo que era una prostituta. Mi amigo tuvo que decirme qué estaba sucediendo cuando llegamos a la estación de autobuses.

Al graduarme de la escuela secundaria e ir a la universidad, tomé un trabajo de verano con mi tío en un almacén de productos electrónicos en Long Island y de vez en cuando iba a Manhattan. Yo tenía 17 años en ese momento y vi cómo era Times Square, pero tenía una vibra increíblemente peligrosa. Se sentía como algo eléctrico, algo completamente fuera de control. Y, de hecho, la ciudad estaba medio descontrolada en ese momento.

No siento ninguna nostalgia por aquel momento, más que el recuerdo de cuán vulnerable me sentía siendo un joven de 17 años. Recuerdo que una vez intenté comprar marihuana en Tompkins Square. Me vendieron orégano o alguna mierda parecida. Y me sentí agradecido, me fui a casa a fumarme mi orégano, porque, tú sabes, salí vivo. Recuerdo entrar en uno de los lugares donde había un espectáculo erótico para mirones. Parecía que aquello tenía que ser ilegal en cualquier momento y también sentía que cada segundo debía revisar mi billetera y preguntarme dónde me iban a asaltar.

Era el Nueva York de aquel momento, es difícil describirlo porque ahora cualquiera dobla una esquina y camina por una calle lateral y ni se pone a pensar en eso. Pero era común que estacionaras en una calle lateral y te apartaras del auto, no sé, unos 10 ó 15 pasos y ya estaba oscuro, la mitad de las luces estaban apagadas o las habían roto, y la ciudad estaba desierta. No había gente por ninguna parte. Era peligroso. Yo era un joven de 17 años que no sabía nada de la vida. Ésta es una manera algo complicada de decir que no creo que mi experiencia personal tiene mucho que ver con ‘The Deuce’.

Recientemente vi Ms. 45, la película de Abel Ferrara que muestra todas estas vacías y sucias calles de Manhattan de principios de los años ochenta, y estuve pensando que seguro ahora en esa zona hay una tienda de helados.

Bueno, sí, si ves Serpico o Taxi Driver o The Taking of Pelham One Two Three, es casi como una película del oeste. Tiene esa misma vibra de lugar salvaje. Hay una escena en Serpico donde él está corriendo por la calle —creo que probablemente es el sur de El Bronx— y todo lo que ves son casas adosadas de cuatro pisos que parece que fueron bombardeadas. Ninguna de ellas parece ocupada. Es solo escombros por todos lados. Y piensas, Dios mío, esto podría ser Berlín en 1945.

Esa Nueva York ya no existe. Y el futuro de Nueva York no es indicativo de una resolución a los problemas urbanos de Estados Unidos. Nueva York es un lugar único. Es la capital cultural y financiera del país. Tiene parámetros que otras ciudades no pueden replicar económica o culturalmente. Y cuando intentan sin tener en cuenta la riqueza de Nueva York –Baltimore intentó importar la versión policial de Nueva York–, fracasan miserablemente.

A veces oyes a la gente nostálgica por el antiguo y crudo Times Square, como que no les gusta esta nueva versión más turística. ¿Se perdió algo importante cuando se limpió el Midtown?

No sé si estoy preparado para responder eso, porque yo no era parte de la escena artística en Nueva York. La gente podía vivir en Nueva York con muy poco dinero en 1977 o 1978, y algunos de ellos contribuyeron muchísimo a la cultura de la ciudad y el país. Simplemente no se puede negar que vivir en Manhattan, o Brooklyn, tenía cierta movilidad y practicidad que, ciertamente, ya no existe. Nueva York se ha convertido en un patio de juegos para los ricos.

De alguna manera, en la medida en que ya no refleja la misma estratificación de raza y clase, creo que probablemente la ciudad ha perdido algo. Por otro lado, yo no soy una de esas personas que se apresura a decir que deseo que todo fuera espectáculos eróticos y hoteles de mala muerte en lugar de Disney y todos estos logotipos corporativos en la 42 y la Octava Avenida. Si hablas con personas que vivían allí en ese momento, te contarán historias de horror. Era toda una aventura en la distopía urbana hasta que tu vecino bajaba a buscar el periódico a las 5 de la mañana y lo mataban a tiros, porque eso sucedía en la Novena Avenida en la década de los 40. O si vivías en viviendas públicas en la década del 50, en el West Side, y tenías que deshacerte de todas las prostitutas callejeras para llevar a tus hijos a la escuela. Perdóname por no creerme todo eso de la nostalgia.


No es que vaya corriendo al Bubba Gump Shrimp en Times Square, pero, oye, es la base tributaria. O sea, no me quiero burlar. Cuando cosas [así] aparecen en Baltimore, Maryland, soy feliz. He visto a mi ciudad perder 120,000 personas. La idea de que cualquier empresa quiera volver y comenzar es bienvenida.

Hasta ahora, la primera temporada se ha centrado principalmente en los personajes a nivel de la calle, pero hay también indicios de que hay una extensa historia sobre manipulación inmobiliaria que involucra a la delincuencia organizada. ¿Eso va a ser parte de la trama más larga de la serie?

Sí. Si HBO la renueva, como está planificado, la segunda temporada se desarrollará a finales de la década de 1970 y la tercera temporada en 1984, 85 u 86, por ahí. Ése realmente fue el período en el que el comercio sexual predominaba en esta parte de Midtown. Se asentó allí porque Times Square ha sido siempre la otra cara de la moneda del distrito de los teatros, siempre un poco de burlesque y de ordinario y de la vida de la calle. Sólo se arraigó más a medida que pasaba el tiempo. Pero quedó desarmado por otras realidades, incluido el valor de las propiedades inmobiliarias. Se ganaba más dinero limpiándola que dejándola como estaba. Estamos tratando de seguir la historia, y esperamos poder hacerlo en tres temporadas.

Mucho del trabajo que has hecho para la televisión trata de cómo las ciudades son disfuncionales o sus dificultades. ¿Hay ciudades que crees que están haciendo un buen trabajo?

Hay unas pocas ciudades, pero creo que no se pueden contar porque son casos únicos. Nueva York es una de ellas, por las razones expuestas. Treinta o cuarenta años de auge en Wall Street son muchos años de bonificaciones, y es todo ese dinero el que ha fluido hacia la cultura de Nueva York, así que ellos han reconstruido la ciudad.

Si me preguntas la razón por la que el primer [alcalde Ed] Koch y luego [el alcalde Rudolph] Giuliani tuvieron éxito en términos de gestión y reducción de la pobreza y de la tasa de delincuencia, no tuvo nada que ver con técnicas de vigilancia o COMPSTAT ni nada de esa mierda. Lograron meterle dinero a la ciudad de nuevo. Lo único que probablemente te asalte ahora en Alphabet City o en Morningside Heights es un restaurante de dos estrellas. Otras ciudades no tienen esa infraestructura única de riqueza. Lo mismo sucede con el oeste de Los Ángeles. No necesariamente toda la región de Los Ángeles, pero sí el oeste de Los Ángeles está unido a una industria de entretenimiento que es a prueba de recesión y lo ha sido durante generaciones. Y Washington DC es única. Washington ha podido reconstruirse gracias a la influencia del gobierno federal.

Las ciudades del Cinturón del Óxido, ciudades que antes dependían de la industria y la mano de obra organizada y ese tipo de trabajos, creo que todas sufren los mismos problemas. Si consiguen un grupo bancario, como lo han logrado algunas ciudades, si se las han arreglado para convertir parte de sus economías en un centro para algo ajeno a la fabricación, entonces pueden, al menos parcialmente, abordar su futuro. También creo que si la ciudad tiene un par de buenas universidades de investigación y tiene buen nivel de educación —si tiene un sistema escolar con atractivos— puede serle útil. Yo diría Pittsburgh. Jamás han tenido las mismas tasas de pobreza arraigada, nunca han tenido las mismas tasas de bajo nivel educativo, nunca han tenido la misma tasa de uso de drogas como en Baltimore o Filadelfia, lugares como éstos. Las últimas veces que he ido a Pittsburgh he quedado bastante impresionado con lo que han logrado.

¿Cuáles son tus representaciones ficticias favoritas de ciudades?

Me encanta lo que Honoré de Balzac hizo con París. No he leído todas las novelas. He leído aproximadamente la mitad de ellas. Pero te das cuenta de que ha creado un esquema de París en su momento que, dondequiera que miras, experimentas la vida como se vivía realmente, y no sólo por los ricos, sino por cada medida práctica de toda la sociedad. Creo que su ambición era casi inigualable.

Dickens hizo parte de lo mismo. A menudo la gente en broma se refiere a ‘The Wire’ como algo dickensiano y nosotros nos burlamos de eso. La cosa con Dickens es que Balzac va derecho hacia las contradicciones económicas en su sociedad. Dickens las observa directamente y luego casi a propósito decide no hacer la siguiente pregunta, acerca de la Revolución Industrial en Inglaterra. Siempre hay algún tío rico o alguna grandiosa coincidencia. O gemelos o lo que sea. Siempre es algún otro expediente narrativo que te permite dejar de lados tus sentimientos. Me produce más satisfacción leer a Balzac.

Hay gente que lo ha hecho con la ficción policíaca. Todo el mundo desde Ed McBain hasta George Pelecanos con DC; hasta Dennis Lehane con Boston y mi esposa [ la novelista Laura Lippman]. Mi esposa ha sido incluso más específica acerca de Baltimore. Hubo un tiempo en que, además de sus temas feministas y sus personajes femeninos, estaba centrada también en el Condado de Baltimore —con la idea de esta jurisdicción que rodea la ciudad— muchas de sus novelas se encuadraban en ese marco.


Pero hay mucha literatura policial que suele no captar la totalidad de la ciudad. Hay gente que se sale del camino trillado y escribe libros que, si lees 10 u 11 de ellos, te dan cierto sentido de la ciudad. Pero no sé. Suelo leer la gente que Laura me dice que lea. Ella es la que me dijo que leyera a Pelecanos. Leí a Richard Price. Sentí que Price tenía el lugar rodeado cuando estaba haciendo todos esos libros de Jersey City, uno tras otro.

¿Cine o televisión? No sé. ¿No se te ocurre nada?

No, tampoco tengo una buena respuesta.

En cuanto al cine o la televisión, creo que la mayor parte de la gente va de proyecto en proyecto. Nadie está tratando de construir nada de una magnitud literaria, aunque son muy buenos proyectos. Hubo una serie de televisión alemana llamada ‘Heimat’ que fue increíble. Ivan Strasburg, mi director de fotografía en ‘Treme’, ‘Generation Kill’ y ‘The Corner’, me despertó el interés en ella. Heimat trata sobre una pequeña ciudad en Alemania desde la Primera Guerra Mundial hasta la Segunda Guerra Mundial, y en ese microcosmos, podías experimentar verdaderamente la dinámica de ambas guerras, la sensación de una guerra mundial a otra con la República de Weimar entre ambas. Es un proyecto brillante.

No sé. La mayoría está haciendo cómics y fantasía. Quiero decir, hay pocas cosas en la televisión que funcionan muy bien: la comedia, la gente muriendo, y la gente linda teniendo sexo. Está probado que esas tres cosas funcionan en la televisión. Cualquier cosa que se aparte de eso y logre triunfar es un golpe de suerte. ¿Viste ‘Gomorra’?

Sí.

Obviamente era una historia criminal, y supongo que estoy indeciso porque era realmente una buenísima historia criminal, y aprendes un poco sobre la dinámica urbana relacionada con una historia criminal. Pero la estratificación de la sociedad más allá del bajo mundo y las fuerzas que luchan contra él, no trata de eso, no es su propósito.

Es difícil para cualquier cosa [en la pantalla] mostrar las oficinas y el papeleo. Es difícil perseguir burócratas. Pero a menudo es ahí donde está la acción. Simplemente no parece acción.

Estoy orgulloso de mi trabajo por diferentes razones, pero una de las razones por las que estoy realmente orgulloso de ‘Show Me a Hero’ es que los héroes eran los burócratas. No necesariamente los políticos y definitivamente no los demagogos. Y no era una historia policial. Las personas que realmente importaban eran las personas en el departamento de vivienda y los consultores y la gente del vecindario que querían que tuviera éxito.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

El Nueva York que nunca fue

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