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Aumentan cada vez más los estadounidenses que no participan en ninguna religión

Una nueva encuesta indica que las personas sin filiación religiosa provienen de diversos sectores, tanto geográfica como socialmente.
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28 Sep 2017 – 1:35 PM EDT

Hubo una época, no muy lejana, en que la vasta mayoría de los estadounidenses se identificaba como cristiana, al menos nominalmente. En algunos sitios, esta dinámica no ha cambiado mucho. Diríjase al sur, por ejemplo, y hallará que cerca de un 60% de los residentes de Mississippi son bautistas. Pero, en al menos 20 estados, la gente sin filiación religiosa abarca un volumen mucho mayor del total poblacional que cualquier otro grupo de fieles o de denominación religiosa.

Estos resultados fueron extraídos de una encuesta aplicada por el Instituto Público de Investigaciones Religiosas (PRRI, por sus siglas en inglés), el cual empleó una muestra de estudio de más de 101,000 adultos tomada entre enero de 2016 y enero de 2017. El desglose estado por estado del informe ofrece una detallada mirada a la geografía de la religión en Estados Unidos y, desde luego, también a los no religiosos. Las personas que no se identifican con una religión en particular tampoco encajan en un grupo demográfico específico: provienen de un variopinto espectro racial, económico y educativo. Si bien el cristianismo aún domina el panorama religioso nacional, la práctica irreligiosa está dejando una huella cultural cada vez mayor en algunos lugares.


La desafiliación religiosa no es exactamente nueva en territorio norteamericano. El país siempre ha sido hogar de una considerable minoría de personas que no va a la Iglesia o profesa fe alguna. En cambio, la religiosidad ha llegado por oleadas: algunos historiadores sostienen que a inicios del siglo XIX Estados Unidos se parecía mucho a lo que es hoy, por ejemplo, con varios grupos demográficos sin conexiones espirituales institucionalizadas.

Durante las últimas décadas, la consabida ‘desafiliación’ ha ido creciendo en términos relativos comparada con los registros iniciales del siglo XX. En 2014, el Centro de Investigaciones Pew halló que la cantidad de adultos no religiosos en Estados Unidos, en un período de siete años, había crecido de un 16% a un 23%. Si bien aproximadamente un 70% de los adultos en el país se identifica como cristiano, las personas que no practican una religión en particular han ido aumentando.

La encuesta de marras muestra que este fenómeno es más claro en unos lugares que en otros. Cerca de un 41% de los residentes de Vermont y un 33% de aquellos que habitan New Hampshire no están comprometidos con religión alguna, cargando consigo el cartel de seculares en el Noreste. Pero también es apreciable en el Pacífico Noroeste, donde más de un tercio de los residentes de Oregon y Washington afirma no experimentar fe alguna.

Sin embargo, hay ciertas sorpresas en el desglose geográfico, incluyendo estados que no se adecuan al perfil del estereotipo secular, élites costeras o zonas montañosas habitadas por hippies. Los irreligiosos componen la mayor porción de la población, por ejemplo, en Hawái y Alaska, si se los compara con el resto de los fieles en esa zona. En general, los estados no religiosos de Estados Unidos están concentrados al oeste del río Mississippi, según el PRRI, yendo de Arizona hasta Nebraska y Wyoming.

Los no religiosos, al menos en Estados Unidos, son a menudo descritos de forma estereotípica. Son los blancos y profesionalmente bien encaminados residentes de Portland; los ateos de cabello azul que asisten a conferencias de escépticos; o los jóvenes que no acatan deidad alguna y que acuden a manifestaciones políticas ‘progresistas’. Si bien estas imágenes no son necesariamente erradas, tampoco dan una idea completa. Los norteamericanos no religiosos proceden de un espectro social, económico y educativo muy diverso.

De acuerdo con el PRRI, los estadounidenses sin conexión religiosa no son especialmente ricos ni pobres, y sus ingresos reflejan toda la gama del país. Como escribí durante la primavera pasada, los efectos de la desafiliación religiosa aparecen, de forma prominente, entre los miembros de la clase trabajadora blanca, muchos de los cuales no asisten a la iglesia con frecuencia. Son, a su vez, menos educados, como promedio, que muchos de sus homólogos fieles: menos de un tercio ostenta un título universitario o de posgrado, ubicándose por debajo de los musulmanes, los prototípicos blancos protestantes, los católicos blancos, los judíos, los hindúes, entre otros grupos.

Hay que decir que el hecho de no practicar ejercicio religioso alguno no implica, necesariamente, creer o no en Dios. Según el PRRI, los ateos y los agnósticos representan solo un 27% de todos los ‘desafiliados’. La mayoría de los que no se integran a una forma tradicional de cultivar la fe sostiene que son seculares: su atributo principal es una falta de religión, antes que de creencia específica. Al mismo tiempo, entre aquellos que dicen ser desafiliados religiosos, un 16% admite ser una ‘persona religiosa’, sugiriendo que las instituciones, no los credos, pueden alejarlos de la religión.

Casi todos los grupos religiosos en Estados Unidos cuentan con una mayor presencia de mujeres. Este es el caso de grupos como Universalistas Unitarios y Testigos de Jehová, donde las féminas representan ligeramente menos de las dos terceras partes. Entre los desafiliados religiosos, la historia es diametralmente opuesta: un 55% son hombres, así como lo son cerca de dos tercios de los autoidentificados como ateos y agnósticos. Y si bien los ‘desafiliados’ pueden pertenecer a cada grupo racial y étnico, se los encuentra más entre los asiáticos y los blancos: Un cuarto de los estadounidenses blancos no está religiosamente afiliado, del mismo modo en que tampoco lo está algo más de un tercio de los asiáticos.

Casi por definición, la desafiliación religiosa está determinada por la ausencia: a los servicios de la iglesia, de la fe que no profesan. Pero en el Norte y el Oeste del país, desde Hawái hasta Maine, las personas que no comparten ninguna religión están encontrando nuevas vías de asociación. En el caso de los ricos, estas podrían implicar actividades suntuosas como el SoulCycle o el CrossFit. Pero para la mayoría de la gente, las vías son otras: la periodista Terry Mattingly escribió recientemente sobre las personas que encuentran una comunidad espiritual, lea bien, en los restaurantes Waffle House. Este tipo de comunidad es más difícil de estudiar por medio de una encuesta que la tradicional práctica de asistir a la iglesia. Pero, en tiempos de desafiliación, no habría por qué desestimarla.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en The Atlantic y en CityLab.com.

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