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Cuando la gentrificación también afecta la salud mental

Un nuevo estudio investigó los verdaderos efectos psicológicos en las personas que se vieron obligadas a dejar sus vecindarios en Nueva York.
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6 Abr 2018 – 2:01 PM EDT

Según un equipo de investigadores neoyorkinos, la gentrificación puede dañar la salud. Su investigación, recientemente publicada, concluye que los índices de hospitalización, en el caso de individuos con enfermedades mentales –llámese esquizofrenia, trastorno del estado anímico u otro padecimiento–, son dos veces más altos en personas desplazadas que en aquellas que permanecen en sus barrios. Se trata de uno de los primeros estudios en Estados Unidos que cuantifica las a menudo escondidas consecuencias de salud mental de la gentrificación.

Las implicaciones potenciales de salud pública no son desestimables: cerca de un millón de personas, tan solo en Nueva York, están en riesgo de tener que abandonar sus vecindarios debido al encarecimiento de la renta. Las cifras a nivel nacional revelan que la gentrificación se acelera. Desde el 2000, se gentrificó un 20% de los barrios de bajos ingresos en las 50 principales ciudades del país (comparado con un 9% en los noventas), y fue justamente Nueva York la ciudad con el mayor número de áreas censales camino a la gentrificación.

Ahora bien, si el desplazamiento resulta en el incremento de las hospitalizaciones por salud mental, como sugiere este estudio, el costo para las ciudades estadounidenses podría ser alto. Hay una fuerte relación entre la salud mental y los padecimientos crónicos, incluyendo la diabetes, el cáncer, y las enfermedades cardiovasculares. Una persona con un padecimiento mental es de dos a seis veces más propensa a sufrir/provocar perjuicios de salud, sean intencionales -como el homicidio o el suicidio- o no intencionales -un accidente en auto-, como una persona sin padecimiento mental alguno.

Los autores principales del estudio, Sungwoo Lim y Pui Ying Chan, ambos del Departamento de Higiene y Salud Mental de la ciudad de Nueva York, tuvieron primero la corazonada de que la gente forzada a dejar su casa sufre algún tipo de afectación de salud. Por año y medio, escudriñaron los registros médicos de los hospitales y analizaron las encuestas censales de unos 12,882 residentes, repartidos en 28 vecindarios. Al mismo tiempo, rastrearon los movimientos de las personas a partir de los cambios de direcciones que, durante los últimos 9 años, constaban en los datos del censo.

En el siguiente mapa, podrás ver los barrios que se están (y no están) gentrificando en Nueva York. En el mapa A, los barrios que se están gentrificando; en el B, aquellos barrios de bajos ingresos que siguen sin gentrificarse:

(Sungwoo Lim and Pui Ying Chan)


Antes de que los autores publicaran sus resultados, la evidencia había sido “muy limitada y mayormente anecdótica”, explicó Lim, director de investigaciones del Departamento. “Nuestra intención era básicamente cuantificar cualquier impacto potencial de salud que tuviera la gentrificación, empleando vastas fuentes de datos. El estudio en cierta medida confirmó lo que ya sabíamos”.

La investigación, publicada en diciembre pasado en la revista PLOS One, identificó las condiciones de salud mental que llevaban a las personas desplazadas a los centros de asistencia médica neoyorkinos, en particular a hospitales y salas de emergencia. Las primeras cinco condiciones fueron: el consumo excesivo de alcohol y drogas, la esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, desórdenes del estado anímico y la ansiedad. Hallaron que antes de que estas personas fueran desplazadas de sus hogares, exhibían índices de enfermedad mental similares a los de quienes se mantuvieron viviendo en sus barrios: en términos de padecimientos mentales, 24% y 22%; y niveles equivalentes de hospitalización (0.8 y 0.8 veces al año) y de visitas a emergencia (2.3 y 2.3 veces al año).

Asimismo, los investigadores llegaron a determinar los individuos desplazados porque estos, en algún momento, reportaron un cambio de dirección que se aviniera a los propósitos de la investigación: a saber, un barrio que experimentó un rápido crecimiento en el ingreso medio del hogar, el precio de la renta, y la proporción de graduados universitarios, apunta el estudio. Estos residentes desplazados pasaban a vivir, con mayor frecuencia, en áreas de bajos ingresos, y, una vez desplazados, se duplicaba el índice en que eran hospitalizados por un padecimiento mental.


“Es difícil señalar la gentrificación como la única razón detrás del incremento de las visitas a emergencia o de la crisis de salud mental, ya que hay muchos factores implicados en la vida diaria de personas afrontando la pobreza o que están al borde de la misma”, dijo Gabriela Nelson, investigadora para Dealing with Gentrification (Lidiando con la Gentrificación), una iniciativa de la Facultad de Diseño de la Universidad de Pennsylvania. Ella cree que la gente no hace la conexión entre gentrificación y salud mental porque existe un vacío de información estadística sobre el particular.

Algunos de los primeros estudios sobre el saldo emotivo de la gentrificación fueron desarrollados en respuesta al desplazamiento de un vecindario en el centro de Boston, conformado en gran medida por inmigrantes, a raíz de una campaña de renovación urbana entre 1958 y 1960. Erich Lindemann, a la sazón profesor de Psiquiatría en la Facultad de Medicina de Harvard, documentó el impacto emocional del desplazamiento entre inmigrantes que vivían en townhouses. Sus anotaciones contribuyeron notablemente a impulsar el campo de la salud mental comunitaria, disparando discusiones sobre el invisible –y, a menudo, inadvertido- problema que los programas de renovación urbana pueden ocasionar.

Mindy Fullilove, autor de Root Shock: How Tearing Up City Neighborhoods Hurts America ( El desarraigo: cómo destruir los barrios urbanos puede dañar a Estados Unidos), explica que la gente con menos recursos materiales tiende a depender de las estructuras sociales existentes para obtener servicios esenciales, a los cuales las personas más ricas acceden pagando. Una persona puede depender de un vecino que le cuida su niño o su padre anciano, por ejemplo, o los residentes de un área pueden formar un equipo de vigilancia vecinal. De ahí que verse en la obligación de irse y perder de paso esa red de seguridad puede asestar un golpe demoledor a todos.

“Nunca pierdes únicamente tu casa”, sostuvo Fullilove, psiquiatra y profesor de política urbana y salud pública de The New School. “Pierdes también la cultura del lugar, el poder político que tenías, el vecindario, y los vínculos sociales. No es tan simple como poner tus cosas en una caja y llevártelas contigo. Las pérdidas van mucho más allá y son extraordinariamente invaluables”.

Si bien el estudio del Departamento de Higiene y Salud Mental de Nueva York contribuye a reducir la enorme brecha de información, queda mucho por aprender: los investigadores no saben si los individuos que formaron la muestra de estudio habían sufrido problemas de salud previos a que iniciaran la investigación. Sin embargo, Jacob Faber, profesor asistente de Servicio Público de la Universidad de Nueva York, sostiene que la investigación de marras pone de relieve una cuestión meridiana. “Incluso si se lee desde el mayor escepticismo, es una gran historia para todo aquel interesado en mejorar la salud pública”, indicó Faber.

Lim y Chan, por su parte, reconocieron que esperan que su aproximación científica al problema aliente a otros departamentos de salud del país para que profundicen en el campo. Como resultado de esta investigación, el Departamento de Higiene y Salud Mental de la ciudad creó un grupo de trabajo interno que producirá informes de seguimiento que se centrarán, durante el próximo año, en barrios urbanos específicos, adelantó Lim.

“La gentrificación no es un secreto del que la gente en la comunidad no esté enterada. Uno sabe qué está pasando y está esperando qué le va a suceder”, confesó Negesti Cantave, activista de una organización pública por el derecho a la vivienda en Harlem. “Es una experiencia estresante bastante extendida”.

Este artículo fue originalmente publicado en inglés en CityLab.com

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