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¿Por qué hay tantas moscas en San Francisco?

La ciudad de la Bahía está librando una dura batalla contra las moscas. La mala noticia: el final de esta guerra no se ve cerca.
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27 Feb 2017 – 3:51 PM EST

Puede ocurrir en cualquier parte, pero si usted va caminando por alguna de las calles de San Francisco, y de repente bosteza, usted corre un riesgo altísimo de que una mosca se le cuele en la garganta. La ciudad, por estos días, parece sitiada por nubes de diminutos y errantes insectos, tanto así que usted podría pensar que las carreteras están pavimentadas en basura podrida.

“Siento como si llegaran en avalanchas diabólicas a la ciudad”, escribe un residente local en un foro titulado Screw Fruit Flies (algo así como ‘Muerte a las moscas de la fruta’). “Mi plaga es realmente insoportable”, se queja otro. “Me ausenté por una semana y mi compañero de piso había dejado unos plátanos afuera. Había decenas de miles por todas partes, verdaderos enjambres”.

Una mujer llegó incluso a pedirle a su casero, quien ya había bombardeado contra estos bichos dos veces en el edificio, que encontrara un arma letal para combatir las hordas de insectos. “Es una batalla constante contra las moscas”, escribe, en una prosa que evoca un diario de guerra posapocalíptico. “Ahora mismo no podemos almorzar en nuestro showroom, desde que las malditas moscas se las ingeniaron para asaltar nuestra comida o meterse impunes en nuestro refrigerador, incluso cuando está recubierto o cerrado”.

Las moscas adoran San Francisco, quizá más que cualquier otro sitio en Estados Unidos. Se pueden ver por montones sobre las paredes, en hogares, calles, bares, restaurantes de poca monta, restaurantes de lujo, baños públicos, en el transporte y, si no eres precavido, puede que en tu cerveza. Ahora bien, ¿hay una explicación terrenal para la plaga o Dios realmente odia esta ciudad pagana?

Probablemente, la respuesta va por la primera opción. Las moscas han merodeado por California desde que llegaron por allá por los cincuentas, probablemente en transporte de carga. Hoy pueden encontrarse en casi cualquier parte, incluyendo al menos 330 ciudades. Ellas representan un serio problema para la multitud de agricultores del estado, quienes tienen que lidiar con las larvas de moscas, las cuales hurgan y destruyen cultivos. Un estudio de 1990 estimó que una amplia plaga de solo una especie, la famosamente voraz medfly, llega a costar a California 1,200 millones de dólares en ingresos brutos y unos 14,000 empleos.

Las acometidas contra la medfly ( o ceratitis capitata) en California fueron materia de titulares ochenteros de artículos que hablaban de abejas asesinas como enemigos naturales de la especie medfly. Los miedos al llamado ‘insecto satánico’ fueron tan intensos que, a fines de los ochentas, hubo rumores de que se usaron como armas cerca de Los Ángeles en un ataque de terror biológico. Las alcaldías en torno a la Bahía de San Francisco han históricamente respondido a la invasión por medio de helicópteros que riegan cientos de millas cuadradas de pesticidas, inundando la región con más de un mil millones de moscas macho estériles y enviando a los trabajadores a retirar los frutos de los árboles, tanto en patios como en jardines locales.

La victoria es solo ocasionalmente declarada en ciertas áreas, pues los insectos siempre hallan una forma de contraatacar. Hace unos pocos años, científicos afiliados a la Universidad de California en Davis anunciaron que lo que en un inicio no era más que una 'gotera' de moscas, se había convertido en una 'inundación'. E hicieron una funesta advertencia: “Por lo menos cinco y hasta nueve especies de moscas de la fruta tropicales, incluyendo la tristemente célebre medfly, se han establecido permanentemente en California, e inexorablemente se han expandido, pese a más de 30 años de intervención y cerca de 300 programas de erradicación subvencionados por el estado y destinados a combatir las plagas”.

Estas amenazas aladas pueden haber hallado en San Francisco su El Dorado: una ciudad pavimentada por frutas en descomposición. Uno de los aspectos más atractivos del Área de la Bahía es su abundancia de limones, naranjas, ciruelas y otros frutos, los cuales durante todo el año llenan de desperdicios las aceras y ensucian cual si fueran cosechas en descomposición. Estas aplastables ‘minas antipersonales’ atraen (entre otras criaturas) al grupo de moscas pequeñas llamadas moscas del vinagre, que son, probablemente, las que muchos de nosotros hemos visto planeando sobre nuestras cabezas.

“Les gusta la fruta podrida, próxima a fermentarse”, indica George Roderick, curador de especies invasivas en el Museo Essig de Entomología en Berkeley. “Y es lógico que merodeen por aquí, debido a nuestro clima templado y a nuestra privilegiada dotación de frutas en los mercados, almacenes, restaurantes, cocinas, y también fuera, en patios y jardines”.

Peter Oboyski, que administra colecciones en el Museo Essig, apunta en un mensaje electrónico que la ciudad es particularmente “propicia a las continuas poblaciones de moscas”. “Es sorprendente ver cómo aparecen estas moscas, como por arte de magia, cuando ignoramos un pedazo de fruta incluso un día demasiado largo”, dijo Oboyski. “En muchos casos, los huevos pueden ya estar alojados en las frutas cuando vas por ellas al mercado, pero si se comen poco después no se notan”.

Existen otras moscas, en todo caso, que uno puede ver revoloteando por la ciudad. “Para aquellos que tienen plantas domésticas, es sano recordarles la existencia de las conocidas como mosquillas negras (de la familia de la Sciaridae), cuyas larvas se alimentan de materia orgánica, por lo que suelen habitar las macetas”, escribió Oboyski. “Estas larvas se nutren en particular de las hifas de los hongos, pero no resultan destructivas para las plantas, y pueden ser abundantes. Yo tuve una vez una drosera (planta carnívora) cerca de unas plantas que tenía en casa sobre el alféizar de una ventana de la cocina. Mi drosera nunca tuvo hambre: se abastecía permanentemente de mosquitos de los hongos”.

Lo que pudiera clasificar como una buena noticia para los habitantes de San Francisco es que las crecientes poblaciones de moscas p ertenecen a la robusta cadena alimenticia de otras (quizás) menos molestas criaturas, desde las avispas hasta pollos de corral. Aunque, recordemos, hay varios depredadores de moscas que son considerados, desafortunadamente, como plagas (las ranas son eficaces, pero una plaga urbana de ellas causaría no pocos problemas). Dentro de la casa, un jardinero natural recomienda encajar al menos 25 clavos de olor en un limón y añadirlo al recipiente con el resto de las frutas, y asegura que tendrá poderes repelentes contra las moscas. Pero, en última instancia, la convivencia puede ser la única opción efectiva: “Yo he llegado a verlas como un símbolo de abundancia”. Junto con los astronómicos precios de las casas y las empinadas colinas, casi imposibles de subir en bicicleta, las moscas son parte de ese peaje kármico que uno paga por vivir en esta parte del mundo.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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