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Lo que aprendí instalando paneles solares

Un periodista de CityLab acompañó a un equipo de voluntarios en esta tarea y se dio cuenta de que es mucho más fácil de lo que pensaba.
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9 Jun 2016 – 12:35 PM EDT

Durante un año, he escrito acerca de los obstáculos para hacer uso de la energía solar, de cómo los estados dificultan el crecimiento del uso de la energía solar, y el auge de los empleos en este rubro, pero nunca había sido testigo del trabajo físico que se requiere para empezar a utilizar la energía solar.

Para remediar esto, acompañé a una organización sin fines de lucro que estaba instalando paneles solares en el techo de una casa cerca de Benning Road, en el sudeste de Washington DC, el pasado mes de mayo. Fui con ellos como observador y como participante. La experiencia resultó ser mucho más emocionante que sentarse en un escritorio todo el día, pero lo más sorprendente es cuán sencillo es el proceso.

Sin mucho esfuerzo colocamos 16 paneles en el techo en cuatro horas, incluyendo una pausa para almorzar un vigorizante pollo frito picante. La mano de obra estaba compuesta por voluntarios en su mayoría, quienes se encontraban allí para perfeccionar sus habilidades como instaladores. Trabajando a ese ritmo, y con suficiente dinero y demanda, posiblemente un batallón de 400 equipos de instalación de paneles solares dispuestos a trabajar podría cubrir todos los techos soleados del Distrito de Columbia en un año.

Los paneles solares por sí solos no van a solucionar el problema del cambio climático. Hay otros factores que contribuyen, como las emisiones del transporte y la industria, sin mencionar la compleja dinámica del almacenamiento y la distribución de la energía solar en una red eléctrica predominantemente solar. Aun así, ver cómo el techo se llenaba de paneles solares en pocas horas me demostró cuán asequible se ha vuelto la energía distribuida en los lugares a los que se asignan los recursos necesarios para lograrlo.

Una carga desigual

Mi anfitrión ese día fue el dueño de la casa Keith Bundy, un hombre de 55 años de edad, quien ha trabajado como agente de seguridad en un Holiday Inn cercano durante 29 años. El horario de trabajo de Bundy varía mucho semana a semana según las necesidades del hotel, lo cual le dificulta mantenerse al día con los gastos mensuales fijos.

“Al final del año la cifra en papel parece buena, pero cuando uno recibe facturas mensualmente es muy difícil”, dice. “[El trabajo] no es constante. La factura de Pepco [empresa de energía del área] y la hipoteca de cada mes sí son constantes”.

Recientemente pagó su hipoteca, pero la factura de la electricidad puede llegar a 300 dólares al mes, y si se paga con atraso se eleva a 400 ó 500 dólares, dice Bundy. La mayor parte se gasta en calefacción y refrigeración. Bundy es el principal sostén de su familia de cinco personas, y se acercará a la edad de retiro en los próximos cinco años. Para asegurar la estabilidad financiera de la familia, quiere solucionar de alguna forma la carga que representa el pago de la electricidad. “No quiero llegar a los 60 años con un ingreso fijo y facturas de electricidad cada vez mayores”, dice.

Comenzó a pensar en poner paneles solares en el techo hace unos años, cuando Hábitat para la Humanidad ayudó a varias familias de la manzana a instalarlos. En ese momento, no reunía los requisitos para ese programa. En marzo de 2016, un equipo de personas vestidas de forma llamativa, quienes pertenecían a un grupo llamado GRID Alternatives, llegó para colocar paneles en el techo de su vecino. Bundy se les acercó para hacerles algunas preguntas y le informaron que reunía los requisitos para el programa. Unos meses más tarde, llegaba nuevamente el equipo, esta vez para hacer la instalación en su casa.

GRID Alternatives ayuda a las familias de bajos ingresos que pagan elevadas facturas de electricidad a obtener su propia energía solar. Eso es de especial importancia teniendo en cuenta que el 20% inferior de los asalariados tiene que destinar una mayor parte de sus ingresos al pago de la electricidad que cualquier otro grupo (siete veces mayor que el 20% superior). La compra e instalación de los paneles puede costarle a una familia miles de dólares por adelantado, aunque a largo plazo ahorre mucho más que esa cantidad. GRID sortea este obstáculo utilizando subvenciones del gobierno y donaciones de fabricantes de equipos de energía solar para brindar el equipo de forma gratuita, y minimiza sus costos de mano de obra, ofreciéndoles capacitación en el trabajo a personas que desean formar parte de la mano de obra relacionada con la energía solar.

Este día en especial, los miembros del personal de GRID estaban entrenando a un grupo de hombres y mujeres jóvenes del Cuerpo de Conservación del Condado de Montgomery, un programa que combina las clases de preparación para el GED (General Educational Development Test o examen de Desarrollo de Educación General) con la capacitación para el trabajo práctico en las industrias ambientales. El supervisor de la instalación nos puso al día sobre las precauciones de seguridad, y ya estuvimos listos para empezar.

Arriba, arriba y listo

Llevábamos los paneles a un área temporal en el patio trasero, donde la familia Bundy cultiva deliciosas coles rizadas, coles, acelgas, y papas, cebollas y lechugas. Cada panel pesaba de 40 a 50 libras (de 18 a 23 kilos aproximadamente), lo cual dos personas pueden cargar fácilmente. Los que trabajaban en el techo lanzaban un par de cuerdas que se enganchaban al marco del panel, y luego lo alzaban.

La verdadera diversión está en el techo. La perspectiva es diferente desde allá arriba. En lugar de enfocarse en una sola casa, se puede ver toda una fila de inmuebles, y en este caso casi todos tenían paneles solares. Una brisa saludable disipaba el calor de comienzos del verano en DC, lo cual era especialmente agradable porque la luz del sol caía directamente sobre los techos.

Era un techo a dos aguas, por lo que cada mitad tenía un ángulo de inclinación de aproximadamente 20 grados con respecto a donde se unían en el centro. Para eliminar parte del riesgo, enganchamos nuestros arneses a un “yo-yo”, un aparato con cables retráctiles que los trabajadores habían atornillado en el techo. En cuanto quedé enganchado al aparato, sentí el cable tirando de mí hacia la parte superior del techo. Si se tira rápidamente del cable, por ejemplo, a causa de un resbalón, el yo-yo detiene la caída.

Conectar los paneles es realmente muy sencillo. El equipo había instalado bastidores en el armazón del techo el día anterior. Una vez que levantábamos un panel, teníamos que bajarlo hacia su posición, conectar sus cables al cable principal, y fijarlo con pernos en su lugar. Ese proceso sí se hizo más difícil conforme aumentaba el número de paneles instalados: había que ubicarse para asegurar el cristal, por lo que se necesitaba maniobrar entre los paneles que ya se habían instalado.


Para Breonnie Rey, de 20 años de edad y una de los instaladores de paneles solares en capacitación, el trabajo era más sencillo que algunos de los otros empleos relacionados con el medioambiente que había probado, como la conservación y la limpieza de plantas invasoras.

“Todo lo que tienes que hacer es subir una escalera y agarrar un taladro y ya estás listo para ayudar”, dice King. “En comparación, esto duele mucho menos que las picadas de abejas o los pinchazos de las flores”. Y mientras que la eliminación de plantas invasoras podría dejar espacio para más plantas nativas en unos meses, la recompensa de la instalación de paneles solares ocurre inmediatamente. “En cuanto encendemos el interruptor, estamos ayudando al medioambiente y al dueño de la casa”, dice King.

Reducir los gastos

Con la carga completa de 16 paneles ya instalados, llegó el momento de retirarse a tierra firme. Me encontré con Bundy sentado a la sombra de un árbol en su jardín, mientras autobuses y vehículos pasaban rápidamente por la soleada calle. Me dijo que, aparte de los ahorros directos de la energía que ahora produciría él mismo, el hecho de tener la instalación en la casa y conocer los datos sobre la cantidad que producía ayudaría a la familia a ser más consciente sobre su consumo de energía.

“Cuando sé cuánto estoy usando, voy a usar menos y cuando los paneles se activan, ahorro aún más”, dice Bundy.

Este enfoque de recomendación personal realmente logró atraer a varias personas hacia el uso de la energía solar, añade. Había visto a personas vinculadas al sector de la energía solar yendo de puerta en puerta en el vecindario, informando a la gente sobre los diferentes programas que el gobierno de Washington DC estaba financiando para facilitar el acceso. Entonces la gente les cuenta a sus vecinos, amigos, y compañeros de trabajo. En un momento de la tarde, su madre pasó a visitar y le preguntó al equipo de GRID si los paneles solares funcionarían en su casa, que tiene un techo plano.

En algún sitio dentro de la casa, el electricista del equipo accionó un interruptor, estableció la conexión, y los electrones comenzaron a moverse. Sencillamente, otro día más de trabajo.


Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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