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CityLab Medio Ambiente

Latinoamérica necesita más preparación para desastres naturales

El terremoto de Ecuador debe servir como una alerta para los países de la región.
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19 Abr 2016 – 07:16 PM EDT
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Trabajadores de emergencia ayudan en el rescate, luego del terremoto en la costa ecuatoriana. Crédito: RODRIGO BUENDIA/AFP/Getty Images

El último sabado, un terremoto de magnitud 7.8 en la escala de Richter remeció a Ecuador. La devastación fue generalizada: edificios en las ciudades de Manta, Portoviejo y Pedernales fueron casi totalmente destruidos, y el daño se extendió por gran parte del país. Las cifras están siendo constantemente actualizadas, pero hasta ahora se han confirmado más de 400 fallecidos, y más de cuatro mil heridos. El presidente Rafael Correa estimó que el costo de reconstrucción podría llegar a los tres mil millones de dólares.

Después de una tragedia de esta escala, es prudente evaluar el riesgo que vivimos todos en Latinoamérica, una de las regiones más susceptibles a desastres naturales en el mundo. CityLab Latino preguntó a los expertos qué se puede hacer para prepararse para nuevas catástrofes que, de seguro, seguirán llegando.

Nunca olvidar el riesgo de desastres naturales

Una de las cosas que aumentó el riesgo en Ecuador antes de este desastre fue la falta de memoria: el país no había experimentado un terremoto así desde hace 70 años. Prepararse simplemente no era parte de la agenda política.

“A pesar de que el impacto de un terremoto puede ser tremendo, como no son tan frecuentes, no suelen formar parte de las prioridades”, dice Sergio Lacambra, especialista líder en gestión de riesgos de desastres en el BID. “Hay una invisibilidad del riesgo sísmico, sobre todo a nivel de agenda política”.

Y esta invisibilidad genera consecuencias trágicas. Aunque pasen infrecuentemente, terremotos de este nivel están garantizados en casi todos los países latinoamericanos, dice Niels Holm-Nielsen, especialista en estos temas para el Banco Mundial.

“Los países que experimentan desastres más frecuentemente son los más preparados. Lo más que vez una problema, lo más que lo quieres corregir”, dice Holm-Nielsen. “Ese es el problema con la preparación para terremotos. Los países se olvidan de que son susceptibles”.

La preparación puede crear un resultado distinto a lo que vemos en Ecuador ahora. Holm-Nielsen menciona el caso de Chile, que es el país más sísmico de todo el mundo. En 2010, un terremoto de 8.8 en la escala de Richter ocurrió cerca de la costa del centro del país. Fue uno de los sismos más grandes que se han documentado históricamente, y resultó en daño mínimo a estructuras en el país. En 2014, otro fuerte terremoto sólo causó seis muertes y daños mínimos.

Sin embargo, Chile no es perfecto: otros desastres, como las inundaciones, han tenido fuertes impactos.

Concentrarse en la planificación territorial y construcción de edificios

La urbanización de Latinoamérica durante las últimas décadas ha sido extremamente rápida y generalizada. Eso ha traído beneficios económicos, pero a su vez ha faltado planificación territorial.

“Los desastres no son un problema de respuesta humanitaria, son un problema de desarrollo mal planificado” dice Lacambra. “Si se hace ordenamiento del territorio o normas de construcción segura, no debería haber desastres, a pesar de la existencia de fenómenos naturales”.

Eso quiere decir que hay riesgos inherentes en las ciudades de Latinoamérica específicamente porque se ha construido en lugares de alto riesgo. “Brasil ha perdido un 0.8% de su PIB a los inundaciones”, explica Holm-Nielsen. “Eso es debido a la urbanización tan rápida de las últimas tres décadas, la que ha permitido que gente se acumule en estos espacios que tienen alto riesgo de inundación”.

Con la continuación de urbanización en Latinoamérica, es necesario planificar con las fuerzas de la naturaleza en mente. Pero ¿qué hacemos con las ciudades que ya existen en zonas de alto riesgo?

“[Es necesario] construir bajo unas reglas y efectivamente fiscalizar esas reglas”, dice Lacambra. “En América Latina ha habido una mejora en las reglas, pero la capacidad de fiscalización y penalización de esas reglas es muy baja”.

Por una parte, dice Lacambra, tratar con los desastres naturales es cuestión de convivir con los riesgos que hemos heredado por la urbanización mal planificada. Pero, por otra parte, es asegurar que no dejemos una herencia semejante a nuestros hijos.

Pensar de preparación para desastres como un asunto económico

Una de las cosas que Ecuador hizo bien es que, poco antes del terremoto, había obtenido una línea contingente de crédito de 600 millones de dólares. Esta es una especie de “tarjeta de crédito” para el país en caso de emergencias, la que permite obtener recursos y no tener que estar quitando dinero del presupuesto nacional.

Sin embargo, políticas como ésta o como seguros son poco comunes en la región. “Todo este tipo de estrategias son ciencia ficción en la mayoría de los países”, dice Lacambra. “Prepararse no es sólo tener todo listo para evacuar”.

México y Perú son algunos de los países que han avanzado en este sentido. “El riesgo de desastres es un tema económico. Los ministros de finanzas deberían interesarse en esta área”, explica Holm-Nielsen. “Lo principal, en mi perspectiva, es que las ciudades y los países deben conocer los potenciales impactos económicos de un desastre”.

De esta manera, las áreas de finanzas de los gobiernos deberían obligar a que cualquier proyecto, como una escuela o un hospital, incluya el factor riesgo a la hora de entregar fondos.

“Esto debería formar parte del ADN de los sistemas nacionales de inversión pública”, concluye Lacambra.

Pensar especialmente en los más vulnerables

En Ecuador, el problema para los más pobres hoy sería el acceso a bienes, vías de transporte y ayuda. Sin embargo, un experto explica que en la región este segmento está especialmente expuesto a desastres naturales. “En toda Latinoamérica hay 110 millones de personas sin vivienda apta. Las viviendas de estas personas generalmente están a ras de piso, lo que las hace vulnerables, promueve enfermedades, hay filtraciones que permiten el paso del viento y del frío”, explica Juan Pablo Duhalde, director del Centro de Investigación para Latinoamérica y el Caribe de Techo, ONG dedicada a mejorar la situación habitacional en la región.

En Nicaragua, por ejemplo, de 402 asentamientos informales, un 90% está en zona de riesgo. En Paraguay, por su parte, hay poblaciones como Los Bañados Norte y Los Bañados Sur que son famosas por su vulnerabilidad. “Tienen esos nombres porque se inundan todos los años. Todos los años sufren la consecuencia de la crecida del río”, comenta Duhalde. “Para nosotros es una problemática constante, que no sólo hay que recordar cuando hay un terremoto o una inundación. Esto se tiene que pensar a la hora de entregar tierra habitable a los que más lo requieren”.

Finalmente, Duhalde también explica que no sólo se debe recordar a los más pobres a la hora de entregar ayuda humanitaria, sino en el proceso de construcción de vivienda. “Hoy nos decía una líder comunitaria del estado de México que se sienten invisibles. Están ausentes de la discusión”, concluye el directivo de Techo. “Hay que escuchar a las personas que sufrieron con terremotos e inundaciones. Tiene que haber participación a nivel de políticas públicas”.

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