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CityLab Medio Ambiente

El plan de Hoboken para que su red eléctrica sea a prueba de tormentas

Tras las devastadoras inundaciones de 2012, la localidad de Nueva Jersey busca desarrollar su propio sistema de reserva eléctrica.
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4 Sep 2016 – 1:00 PM EDT

Con un 80% de su territorio bajo el agua y sin electricidad, la alcaldesa de Hoboken, Dawn Zimmer, subió las escaleras de un edificio para ancianos y halló una mujer que lloraba a solas. La señora había quedado atrapada en su propia casa, incapaz de abandonar el edificio con el ascensor fuera de servicio, y necesitada de medicamentos.

“Nos dejaron en la oscuridad”, sostuvo la mujer.

En octubre de 2012, el huracán Sandy hizo que Zimmer y su administración advirtieran una nueva prioridad: preparar para futuras catástrofes naturales a esta ciudad de New Jersey, de unas 50,000 personas y flanqueada por el río Hudson desde Manhattan.

Por su baja altitud, Hoboken quedó sumergida tras el azote de los vientos y las lluvias de Sandy: las inundaciones hicieron colapsar tres subestaciones eléctricas y dejaron a los residentes sin energía por más de dos semanas. Sin modo alguno de cargar los teléfonos móviles, muchos de ellos acabaron abandonados. “Yo recuerdo estar conduciendo por las oscuras calles de la ciudad, pensando ´Quién tenga una emergencia en este momento, no podrá dar con nosotros’”, relata Zimmer.

Lo que Hoboken necesitaba era capacidad de reserva eléctrica: un modo de hacer que las luces y los ascensores funcionaran en algunas instalaciones fundamentales, y sin que fueran solo estaciones de policía y hospitales, sino mercados, farmacias y viviendas para personas mayores. Una microrred, en otras palabras: una fuente de generación y distribución eléctrica autosostenible que se levantara cuando la gran red se viniera abajo, manteniendo el funcionamiento de los sectores estratégicos de la ciudad durante episodios como Sandy.

Hoboken es lo que comúnmente se conoce como una ciudad dormitorio, llena de personas que moran en apartamentos y de ancianos sin autos: evacuar a todos antes de una tormenta no es nada fácil ni, a juicio de Zimmer, aconsejable. “Si nosotros podemos asistirlos para que se refugien en sus casas, estarán más seguros”, dice ella. “Sentí como si estuviera causando problemas a las personas. No todo el mundo tiene adónde ir”.

Las microrredes, por su parte, no son una idea nueva. “Antes de que tuviéramos un sistema centralizado, disponíamos de muchas microrredes”, refiere Liz Delaney, directora de programa de la Environmental Defense Fund’s Climate Corps (programa inscrito en el Fondo para la Defensa del Medio Ambiente), el cual ayudó en la gestación del proyecto de Hoboken. Hoy en día, las redes energéticas que soportan instalaciones independientes como campuses universitarios o bases militares no son nada fuera de lo común ( la microrred de gas natural en la Universidad de Princeton mantuvo sus luces encendidas después del paso de Sandy). Pero dotar de energía eléctrica en una misma ciudad a instalaciones públicas y privadas es algo que no se ha conseguido aún en Estados Unidos. “Hoboken estará a la vanguardia, sin dudas, mientras trate de implementar proyectos de este tipo”, asegura Delaney.

Y existe una razón para que esto fuera difícil: materializar la iniciativa resulta muy complejo, dado que se requeriría de una coordinación entre los servicios públicos, los gobiernos locales y estatales, y los propietarios privados.

“La multiplicidad de partes interesadas constituye un inmenso desafío”, continúa Delaney. Esto, por no hablar del puñado de obstáculos legales y reglamentarios que se anteponen a una ciudad que trata de producir su propia energía eléctrica, a costos, por otro lado, predeciblemente poco estimulantes. A priori, un estudio de factibilidad coloca en 50 millones de dólares el precio para un red en Hoboken que abastezca 50 edificios aproximadamente. (una red independiente para toda la ciudad, cosa que no está en los planes, costaría 450 millones de dólares).


La microgrilla en acción: en días normales (arriba), los servicios de electricidad convencionales dan energía. Pero durante un apagón (al centro), la red eléctrica deja de funcionar y la reemplaza esta microgrilla (abajo) (Environmental Defense Fund).

Sandy fue una lección para los norteamericanos acerca de lo vulnerable que puede llegar a ser la muy poblaba costa del Noreste. La administración de Obama diseñó un grupo de trabajo para desarrollar, en 2012, la Estrategia de Reconstrucción tras el paso de Sandy, y así explorar vías de enfrentamiento a fenómenos de este cariz. Esto permitió que Hoboken recibiera fondos del Departamento de Energía con el fin de evaluar la idea de la microrred. Entonces, el Laboratorio Nacional Sandia (uno de los mejores a nivel nacional) identificó 55 edificaciones fundamentales que podrían ser conectadas a dicha red.

Luego Hoboken contrató a Greener By Design, una empresa consultora en materia de energía renovable, para así definir los actores involucrados e identificar el sinnúmero de aspectos legales relativos a la construcción de una microrred comunitaria. Parte de su responsabilidad era también aportar un “ Resilient Cities Toolkit” (Plan para que la ciudad resista las eventualidades, ya sean naturales o no), algo que ayudaría a los funcionarios locales y a otras ciudades interesadas en lo mismo. “Esto nunca se hizo antes en Nueva Jersey”, sostiene Gail Lalla, vicepresidente de operaciones de Greener By Design. “El trasfondo económico de una microrred puede ser complejo. ¿Quién, por ejemplo, es el propietario, la ciudad o los servicios públicos?”.

Para complicar mucho más las cosas, Hoboken buscaba hacer la red lo más ecológica posible. Esto no es tarea fácil, pues las microrredes suelen basarse en generadores de combustible fósil y pueden llegar a ser más intensivas en carbono y sucias que la red principal.

Actualmente, los planificadores esperan emplear una mezcla de energía solar y plantas de cogeneración que produzcan tanto electricidad como calor. A su vez, ellos están colocando la red de Hoboken como una alternativa ecológica a las plantas gasíferas de alta demanda, conocidas como “ peaker”, y a las cuales acuden los servicios públicos en determinados momentos, como cuando hay olas de calor. Una vez que sube la demanda eléctrica, la microrred podría alimentarse de la red principal, aliviando la tensión del sistema. “No queremos construir algo que solo se utilice en tiempos de emergencia”, indica Caleb Stratton, proyectista principal.

A pesar del considerable costo de creación de la microrred, podría terminar siendo más barato y seguro construir redes de distribución local que extender la capacidad eléctrica a toda una región. “Ante las cada vez más frecuentes olas de calor, ¿no sería más sensato disponer de microrredes que nos provean de energía extra?”, acota Zimmer. “Si uno piensa en las inversiones que hay que hacer en servicios públicos, esto podría ser más rentable”.

Justamente ese es el problema que ciudades del Noreste están afrontando ahora. New York, recientemente, destinó 40 millones de dólares al desarrollo de redes energéticas locales dentro del estado. En el condado de Delaware, Pennsylvania, la compañía energética PECO está proponiendo construir una microrred experimental de 35 millones de dólares en Concord Township, a las afueras de Filadelfia.

Pero ahora mismo es Hoboken, y ningún otro lugar, el que lleva la voz cantante en materia de diseñar y echar a andar una microrred. Aun si un grupo de aspectos tanto ingenieriles como de presupuesto persisten sin solución, la ciudad espera instalar, durante el próximo otoño, un conducto para el sistema por debajo de Washington Street, la principal arteria del centro de la ciudad. “Siento que ha de hacerse todo lo más rápido posible”, remata Zimmer. “Con cada temporada ciclónica asumimos un riesgo. Estamos trabajando al tope de nuestra capacidad”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.


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