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El terremoto en los ojos de los arquitectos e ingenieros que están recorriendo Ciudad de México

Desde el primer momento, los profesionales de la construcción se han organizado y han salido en parejas a analizar viviendas. Ya han encontrado ciertos patrones entre los edificios dañados, como el terreno y la calidad de la construcción.
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El martes 19 de septiembre, el centro cultural arquitectónico de la Ciudad de México estaba confirmando las reservas para la inauguración de una nueva exposición. Se titulaba ‘Ciudad de México: Terremoto de 1985’.

La muestra en La Casa del Arquitecto, en la colonia Condesa, marcaría el 32o aniversario del terremoto más devastador de México en el último siglo.

Pero, a las 1:14pm, todo comenzó a moverse.

Era un terremoto 7.1, con el epicentro en la frontera de los vecinos estados de Morelos y Puebla. El sismo afectó a Ciudad de México en la mitad del día laboral. A través de la metrópolis, la gente salió a las calles en pánico.


La Casa del Arquitecto canceló el evento conmemorativo y los organizadores volcaron sus esfuerzos en la crisis. En pocas horas, el lugar se convirtió en la sede improvisada de los arquitectos e ingenieros de la ciudad, quienes comenzaron a analizar los daños. El Colegio de Arquitectos creó un correo electrónico ( brigadacdmx@gmail.com) para organizar este trabajo y llamó a la gente a reportar los edificios dañados a esta dirección.

Miles de voluntarios ya estaban corriendo a las docenas de áreas colapsadas. Pero, mientras las líneas de emergencia no funcionaban y la policía le daba prioridad a las catástrofes más serias, los residentes no tenían forma de saber si sus hogares estaban amenazados.

Cientos de emails empezaron a llegar. Aunque podrían estar sanos y salvos, los residentes muchas veces empezaron a volver a sus casas y vieron enormes resquebraduras en las murallas interiores, ventanas rotas y fachadas que estaban desmoronando. Todos tenían la misma pregunta: ¿estoy seguro aquí?

24 horas después de la tragedia, la Casa del Arquitecto tenía una larga fila afuera de sus puertas, compuesta por arquitectos, ingenieros y especialistas esperando registrarse para ofrecer sus servicios. La fila, de hecho, pasaba por la exposición que debía inagurarse, con las imágenes del terremoto de 1985.

Susana Miranda Ruíz, vicepresidente de Desarrollo Profesional en el Colegio de Arquitectos, dijo al mediodía del miércoles que habían recibido más de mil reportes ciudadanos. “Los voluntarios analizan el daño y, cuando vuelven, procesamos la información recolectada, para darle continuidad a los edificios que necesitan atención más especializada”, dice Ruiz, mientras su teléfono no para de vibrar.

Los voluntarios siguen una detallada lista de ítems que tienen que analizar, desde las características del terreno hasta el tipo de material en los muros. Ella estima que 300 voluntarios se han registrado hasta el miércoles al menos. Mientras tanto, el presidente del Colegio de Arquitectos está en constante comunicación con el jefe de gobierno de la ciudad, Miguel Ángel Mancera.

Carlo Cisneros, ingeniero civil, llegó el miércoles para ofrecerse como voluntario. Aunque los impactos del sismo pueden parecer aleatorios, él explica que hay una combinación de factores que hacen que algunos vecindarios -como La Condesa, La Roma y Del Valle- especialmente vulnerables.

La ciudad divide los códigos de construcción en torno a tres tipos de suelos, explica Cisneros: “lago”, “transición” y “loma”, que es el más denso. El tipo de suelo dicta distintas precauciones sísmicas, entre ellas la profundidad de los cimientos para nuevos edificios.

Las olas energéticas del sismo se magnifican en los vecindarios con terreno de lago, como La Roma y La Condesa, lo que termina generando más daño en los edificios. Otro ingeniero esperando para ser voluntario describió el suelo de La Condesa como una “gelatina”.

Cisneros dice que los edificios en esquinas también son más vulnerables, porque no pueden traspasar energía del terremoto a otro edificio adjunto. Esto resulta en un fenómeno llamado torsión. “El edificio comienza a torcerse y nada lo puede detener”, dice el ingeniero.

Otro experto entre los voluntarios explica que la mezcla de construcciones viejas y nuevas -como sucede en La Roma y La Condesa- puede contribuir al colapso. Los nuevos proyectos siguen códigos estrictos y se construyen con cimientos más profundos, pero esto puede causar que las estructuras más antiguas se hundan más en el suelo. Si sucede un terremoto, pueden ser los primeros en caer.


Luego de que Cisneros se registró en la Casa del Arquitecto, fue enviado a un departamento en la colonia Narvarte, junto con el arquitecto Ángel Saucedo. Condujeron media hora a través del tráfico que sufrieron los vecindarios durante todo el día y se aparcaron en una cuadra tranquila, en una zona residencial.

Ahí, los vecinos salieron de sus hogares y comenzaron a pedirles que analicen sus edificios. Finalmente, los expertos evaluaron cuatro edificios en la cuadra, ninguno de los cuales sufrió daño estructural.

De todas maneras, los vecinos estaban agradecidos de escuchar el veredicto del ingeniero y del arquitecto. Una señora de edad mayor que vivía sola dijo que había tratado de llamar a la Protección Civil, pero la línea estaba colapsada. Ahora ya sabe que las grietas en su comedor no son una amenaza inminente.

"Estoy más tranquila hablando con ustedes, no quise entrar ayer por los niervos," dijo la anciana. "Hablé a mi hijo y me dijo que no pasará nada, pero él no es ingeniero. Ustedes sí saben".

Manejando de vuelta, pasamos a docenas de personas en las aceras, con frazadas y bolsos. Muchos habían evacuado sus edificios para dormir donde puedan. Durante el día, los reportes siguieron circulando sobre el colapso de otros edificios caídos, aunque ha sido difícil para los voluntarios confirmarlos. Todavía no hay un estimado de las construcciones que tendrán que ser demolidas.

Cisneros dice que el código de construcción es muy específico en lo que constituye daño irreparable. Un techo en mal estado es una señal obvia. En otros casos, el ángulo de las vigas dañadas puede determinar si un edificio puede ser salvado. Para el ingeniero, el impacto de este terremoto muestra la responsabilidad del gobierno.

"¿Y quién tiene la culpa que en 2017 todavía están cayendo edificios en un terremoto?", comentó Cisneros, quien cree que faltó inspección por parte del gobierno de la Ciudad de México. "Es responsabilidad del gobierno de revisar todos los edificios"

Pero, además, los expertos dicen que hay responsabilidad de las constructoras. No es poco común escuchar de empresas que ahorran dinero, usando materiales alternativos de menor calidad.

Mientras tanto, para algunos de los residentes es difícil dejar sus hogares, incluso cuando son declarados inhabitables, algo que entienden profundamente los voluntarios, como el ingeniero civil Francisco Soriana. “La casa de alguien es su patrimonio e, incluso si es insegura, algunos simplemente no quieren dejarla”, explica.

En las semanas y meses que vienen, muchos residentes de la Ciudad de México enfrentarán esta imposible decisión: tener que dejar sus hogares para siempre. Mientras tanto, los arquitectos e ingenieros voluntarios se asegurarán de que no estén solos en este proceso.