Cirugía

Las imágenes que explican por qué cada vez más colombianos piden leyes que regulen las cirugías plásticas

Desde mayo, colombianos que han sido víctimas de cirugías plásticas mal hechas han promovido una campaña sin precedentes a favor de la reforma.
15 Ago 2016 – 11:23 AM EDT

Cuando el periódico se deslizó bajo la puerta de su apartamento de Bogotá aquella dominical mañana de julio, el estómago de Lorena Beltrán le dolía del nerviosismo. Lo recogió y se quedó mirando la portada: una gran foto de sí misma. En la imagen, sus senos desnudos estaban desfigurados y llenos de cicatrices.

Hasta ese momento, la joven periodista de 21 años de edad había permanecido en gran medida en silencio después de una cirugía de reducción de senos en 2014 que salió horriblemente mal. Ahora, sabía que todo el país leería su historia. Y no solo eso; verían las heridas que le habían causado tanto dolor durante los últimos dos años.

"Cuando vi la foto de mí misma, sentí un gran vacío", dijo Beltrán a Univision Noticias. "Ver esa imagen era encarar el gran reto de mi vida."

La cirugía estética es un gran negocio en Colombia, donde cada hora, aproximadamente 35 personas se someten a un procedimiento estético. Según datos de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética, en el año 2015 Colombia estuvo entre los cinco primeros países por cantidad de cirugías plásticas realizadas, detrás de Estados Unidos, Brasil, India y México. Pero cuando se calcula en base al porcentaje de la población, Colombia fue el segundo país detrás de Corea del Sur, con 6.52 cirugías por cada 1,000 personas. Las operaciones más comunes en Colombia son la liposucción y el aumento de senos. Y gente de todo el mundo viaja a la nación sudamericana para tener acceso a estas operaciones estéticas.

La mayoría de esas cirugías tienen éxito. Pero la industria también está plagada de problemas de seguridad. Hasta el momento, en 2016, ha habido varias muertes durante operaciones de cirugía plástica. En la prensa colombiana es común ver noticias sobre cirugías mal hechas en "clínicas de garaje." A principios de este año, el país aprobó una ley que prohíbe que cualquier persona menor de 18 años se someta a una cirugía plástica sin consentimiento de los padres. Pero activistas y legisladores dicen que aún queda mucho por hacer para garantizar la seguridad.

Más supervisión

"Necesitamos leyes que prioricen la vida y la salud", dice Ernesto Barbosa, secretario general de la Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica (SCCP), la cual está ejerciendo presión a favor de una mayor supervisión de la industria por parte del gobierno. La SCCP tiene un riguroso proceso de selección y garantiza que sus cirujanos están adecuadamente entrenados y educados. "Hasta que el estado asuma la responsabilidad de supervisar y regular las especialidades médicas, será difícil lograr avances."

Los abusos en procedimientos de cirugía plástica también ocurren en Estados Unidos, pero los expertos dicen que son mucho menos frecuentes debido a que las normas médicas son más rigurosas.

Para Beltrán, las complicaciones comenzaron apenas pocos días después de su cirugía en 2014. Uno de sus pezones se puso negro y se sentía inflamado y hueco al tacto. Cuando acudió a su cirujano Francisco Sales Puccini para una consulta de seguimiento, él le dijo que tendría que esperar un año para someterse a una segunda cirugía para reparar la primera. Esa segunda cirugía, dice ella, salió peor aún. Fue entonces cuando se comenzó a preocupar.

En abril de este año, Beltrán decidió ver a otro cirujano, quien le dijo que la mala calidad de sus cirugías significaba que la pérdida de sensibilidad en ambos senos probablemente sería permanente. Probablemente tampoco podría amamantar, dijo. "Quedé devastada", dijo. "Sólo tengo 21 años. Fue horrible escuchar la noticia".


El doctor también le preguntó a Beltrán por qué no había acudido a un "verdadero cirujano plástico". Confundida, comenzó investigar las acreditaciones de Sales Puccini. Se puso en contacto con el canal de televisión Noticias Uno, el cual envió a un reportero encubierto al consultorio del doctor. Beltrán se enteró de que había múltiples demandas en contra de Sales Puccini, y que incluso habían fallecido pacientes bajo su cuidado.

Resultó ser que Sales Puccini obtuvo su título de postgrado de la Universidad Veiga de Almeida en Río de Janeiro, Brasil, mediante un "curso exprés los fines de semana". Actualmente los cursos están aprobados por el Ministerio de Educación de Colombia como equivalentes a una residencia en cirugía plástica. Pero la SCCP y varias importantes universidades de Colombia se oponen. La SCCP ha presionado durante años para que se regulen mejor estos cursos.

"Pensé que me iba a morir"

"No nos oponemos totalmente a ellos, nos limitamos a decir que no deben utilizarse como equivalentes a una residencia", dice Barbosa. "Éstas no son especialidades médicas. No son residencias. Unos pocos meses no es lo mismo que cuatro años de entrenamiento intensivo. Cuando se trata de salud pública, eso es muy importante".

En mayo, Noticias Uno publicó un segmento sobre el caso de Beltrán. Fue entonces que el influyente periódico nacional El Espectador comenzó a investigar también.

A raíz de esto, entre finales de mayo y principios de junio, las redacciones de Noticias Uno y El Espectador recibieron una lluvia de quejas de pacientes que habían sufrido terribles complicaciones a manos de médicos con certificaciones similares obtenidas en el extranjero, de universidades de Perú, Argentina, México y Brasil. Algunas de ellas eran pacientes de Sales Puccini.


Fue entonces que El Espectador decidió darle más publicidad al asunto. En su edición especial del 3 de julio, en cuya portada aparece Beltrán, otras ocho mujeres muestran los horrores de sus cirugías. Entre las historias hay casos de amputación de senos, prótesis insertadas incorrectamente, infecciones graves, pérdida de la sensibilidad, deformidades en las piernas, trastornos psicológicos y del sueño y decenas de miles de dólares en gastos de abogados, hospitalizaciones y cirugías reconstructivas.

Ana Margarita Giraldo, una abogada de Medellín, contó sobre la cirugía de aumento de senos que se regaló así misma al cumplir 27 años. Una semana después terminó en terapia intensiva con una infección e insuficiencia respiratoria, renal y hepática.

"Realmente pensé que me iba a morir", le dijo a Univision Noticias. "En el lapso de un año vi a seis especialistas: un inmunólogo, un reumatólogo, un internista, un especialista en enfermedades infecciosas, un dermatólogo y un audiólogo, porque tenía zumbido en los oídos todo el tiempo. No podía dormir y pensé que me estaba volviendo loca."

Actualmente, sus senos y su abdomen están deformados. Probablemente tampoco ella podrá amamantar. Sin embargo, dice que el apoyo que ha recibido ha sido increíble. "La gente dice que soy valiente", dice. "Eso me motiva a seguir. No es fácil hablar sobre esto. Pero yo sé que tengo que hacerlo".

En conferencia de prensa en julio, la Ministra de Educación de Colombia, Gina Parody, le dijo a la prensa que el problema actual "no tiene que ver con las convalidaciones de los cursos", sino con "la integridad y la ética médica." "Busquen el foco del problema en otro lado", dijo.

Ni siquiera Brasil considera que los cursos equivalen a un título de posgrado. Según un portavoz de la Universidad Veiga de Almeida, el curso que Sales Puccini -- y docenas de otros cirujanos colombianos -- tomó tuvo una duración de 2,000 horas distribuidas a lo largo de tres años. Sales Puccini ha admitido públicamente que él no vivía en Brasil mientras se desarrollaba el curso, sino que viajaba allá los fines de semana.

El 27 de julio, Luciano Chaves, presidente de la Sociedad Brasileña de Cirugía Plástica sostuvo una conferencia de prensa en Bogotá para denunciar que estas certificaciones no constituyen por sí solas títulos de posgrados. Chaves les dijo a las autoridades colombianas que no permitieran que estos cursos "exprés" fueran considerados "residencias", y dijo que "cada cirugía representa un nuevo riesgo."

Legisladores colombianos se están preparando para introducir una legislación que regularía de forma integral la industria mediante los ministerios de salud y educación. Las certificaciones de capacitaciones recibidas en el extranjero serán sólo una parte de esa nueva legislación. El senador Jorge Iván Ospina, quien auspicia el proyecto de ley, dijo recientemente a la prensa que la nueva medida tendrá como objetivo "reducir la cifra de muertes y complicaciones por cirugías plásticas realizadas por cirujanos que no han recibido entrenamiento adecuado."

La ley, entre otras medidas, requeriría que los procedimientos sólo los realicen cirujanos con títulos en cirugía plástica o cosmética; establecería altos estándares de formación, incluyendo un número determinado de horas presencial requeridas; garantizaría que los materiales utilizados en las cirugías estén registrados y aprobados; y obligaría a los pacientes a tener seguro.

"Creo que finalmente éste el momento de la reforma", dice Barbosa de la SCCP. "Hemos pedido esto durante muchos años, pero nunca ha habido tanta indignación. Finalmente, hay voluntad política y una gran cantidad de personas que están colaborando".

Mientras tanto, Beltrán se ha convertido en lideresa nacional y portavoz sobre el tema. Lanzó el hashtag #CirugíaSeguraYa para llamar la atención sobre el tema en los medios sociales. Ha ocupado un lugar en la mesa de negociaciones sobre el proyecto de ley, y ha sido entrevistada en innumerables programas de noticias.

Después de que su imagen apareció en la portada de El Espectador, Beltrán escribió una sencilla frase en un trozo de papel: "Convertir la adversidad en una causa justa." La pegó en su espejo para poder verla todos los días. "Me niego a odiar mi cuerpo", dice. "No voy a descansar hasta que tengamos una ley. Yo no seré otra estadística más".


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