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Ballenas jorobadas retrasaron su 'veraneo' del 2016

Ballenas jorobadas retrasaron su 'veraneo' del 2016

Tradicionalmente ellas se alejan del frío del invierno en las aguas cálidas del sur, pero este año se han visto muy pocas.

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Por Monica Isola @misolaWies y Alejandra Vargas @alevargas

Esta es una temporada atípica para ver ballenas jorobadas.

Tradicionalmente, cada año, estos mamíferos marinos de 50 pies de largo y hasta 40 toneladas de peso huyen del frío del invierno en Norteamérica y se van a ‘veranear’ hacia el sur del continente, donde cientos de personas disfrutan de su recorrido.

Antes de migrar comen su krill, crustáceos que son como camarones muy diminutos. Como no tienen dientes, abren su boca para tragar agua y ahí filtran el alimento.

Luego de nutrirse, los cetáceos descienden hacia aguas más cálidas a reproducirse.

Durante ese paso anual se dejan ver en Puerto Rico, República Dominicana, México y también más al sur, en países como Costa Rica.

Este recorrido ha sido ampliamente estudiado por científicos de todo el mundo que desean conocer los hábitos de esta especie majestuosa, considerada en riesgo de extinción desde 1970.

No obstante, en este 2016, muchos de los especialistas que las estudian están sorprendidos porque al iniciar el mes de febrero se han visto aún muy pocos ejemplares en el sur.

Así, por ejemplo, esta semana la bióloga marina Grisel Rodríguez del Programa de Rescate de Mamíferos Marinos del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) dijo a la agencia EFE que el periodo normal de la visita de las ballenas a esta isla suele ser entre noviembre y abril, “pero este año no se ha visto pasar a ninguna hasta hace dos semanas (...) Eso es bien tarde, porque hace tres años el primer avistamiento fue el 31 de octubre", afirma Rodríguez.

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Por su parte, Lenin Oviedo, del Centro de Investigación de Cetáceos de Costa Rica (CEIC), “las jorobadas del noreste ( Megaptera novaeangliae kuzira) llegan a aguas ticas durante el periodo de diciembre a abril, para aparearse y criar a sus ballenatos. De este periodo el pico de presencia tradicionalmente había sido enero. Sin embargo, debido a cambios en el patrón de migración, probablemente asociado al ENSO (fenómeno El Niño), los últimos años su presencia a disminuido notablemente. Nosotros en el CEIC estamos colaborando en un proyecto de marcaje por satélites con el Smithsonian ( STRI-Panamá) y no hemos podido marcar la primera ballena de esta temporada por el bajo número de las mismas en las zonas de apareamiento y cría”, explica.

Elliott Hazen, ecologista marino de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), reconoce que hay cambios en la temperatura del agua que han alterado la migración tradicional, pero aclara que no es necesariamente algo para preocuparse.

Según él, hasta ahora ellas habían estado bastante cómodas y como tenían comida aún, promovida por las aguas aún un poco cálidas, por lo cual no habían tenido el deseo de irse a ‘veranear’.

Y es que está claro que las ballenas no se fijan en el calendario. Ellas se guían por sus necesidades y la temperatura.

“Aquí en California, por las aguas cálidas, mucha de la comida de las ballenas jorobadas se han concentrado en unos cúmulos cercanos a las costas. Esto ha provocado que se quedaran junto a nuestras costas por un período mucho más largo del año que otros años anteriores. ... Entonces creo que están demorando la migración por eso. Eso es al menos uno de los factores”, reconoce el especialista.

Hazen explica que, como las jorobadas pueden almacenar energía, pueden demorar sus viajes a las zonas de apareamiento, a veces incluso salteándolo por completo en un año, si la comida es tan abundante.

“No estoy familiarizado con años anteriores donde ha pasado a este nivel. Conozco de años donde se han demorado pero creo que este año es de los más extremos”, asegura y detalla que antes se presumía que muchas de las ballenas en Antártida migraban todos los años, pero recientemente algunos científicos han demostrado que algunas ballenas jorobadas se quedan a lo largo del invierno, si es un invierno suficientemente cálido como para que su comida continúe siendo abundante.

“En general, si la ballena tiene suficientes reservas energéticas es probable que migre luego, aprovechará la temporada de alimentación por cuanto puede pero luego viajará igualmente. Pero generalmente saltearse la temporada de apareamiento puede ser algo bueno porque si está acumulando suficiente energía, es más probable que termines teniendo una buena cría al año siguiente”, acota Hazen.

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