Obispo mexicano reconoce que pidió a capos del narcotráfico que "cuiden a los sacerdotes"

Un día después de que la Fiscalía de Guerrero asegurase que dos sacerdotes fueron asesinados por un grupo delictivo que conocía una supuesta vinculación de uno de ellos con una agrupación rival, un obispo de ese estado reconoció estar en contacto con los carteles: “Yo he dialogado con los capos, con los jefes de esos grupos para que cuiden a los sacerdotes", dijo.

CIUDAD DE MÉXICO. - Luego del asesinato de dos sacerdotes en el sureño estado mexicano de Guerrero, Salvador Rangel, quien es el obispo de la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, reconoció que ha mantenido acercamientos con grupos delictivos que operan en Guerrero para que permitan trabajar en paz a los sacerdotes en el estado.

Yo he dialogado con los capos, con los jefes de esos grupos para que cuiden a los sacerdotes, religiosas, seminaristas (…) siempre he hablado de diálogo para buscar la paz”, aseguró el sacerdote.

Rangel Mendoza reconoció que platicó con miembros del crimen organizado luego de que algunos sacerdotes fueron amenazados por los delincuentes, cuando llegó a la diócesis de Chilpancingo-Chilapa, en junio del 2015.

“Algunos sacerdotes sí las han recibido y fue lo primero que me motivó a buscar a estas personas y dialogar con ellos. Eso fue lo que yo hice casi casi llegando a la diócesis y he procurado abrir estos diálogos con ellos porque, incluso, por parte del crimen organizado, ellos, muchas veces, me lo han dicho: 'Queremos la paz, queremos la concordia. No queremos más violencia'. Algunos de ellos me han dicho: ' Sí, somos narcotraficantes, pero no queremos ser sicarios”, detalló Rangel Mendoza, obispo de la Diócesis Chilpancingo-Chilapa.

Las declaraciones del obispo a la prensa se dan un día después de que la Fiscalía del Estado de Guerrero asegurase que los dos sacerdotes asesinados fueron atacados por un grupo delictivo que conocía una supuesta vinculación de uno de ellos con una agrupación rival.

El homicidio de Iván Añorve Jaimes, de 37 años, párroco de la iglesia del poblado de Las Vigas, y Germaín Muñiz García, de 39 años y párroco en Mezcala, municipio de Eduardo Neri, sucedió mientras regresaban de una fiesta en la población de Juliantla.


La camioneta en la que viajaban fue interceptada por individuos que, además de matar a los sacerdotes, dejaron lesionados a cuatro acompañantes, dos hombres y dos mujeres.

De acuerdo con un comunicado de prensa de la Fiscalía de Guerrero, las víctimas habían asistido a un baile en Juliantla, donde "acudieron muchas personas pertenecientes a diversos grupos delictivos".

Por los testimonios de los asistentes a la fiesta, se sabe que "existió un conflicto" en el que se vio involucrado "el grupo de personas que acompañaban a los sacerdotes".

La Fiscalía apuntó que Germaín Muñiz había sido fotografiado anteriormente "portando un arma de fuego de grueso calibre", así como "en compañía de hombres fuertemente armados pertenecientes a un grupo delictivo" que opera en la región.

"Dichas fotografías circularon durante mucho tiempo en las redes sociales, de lo que deviene que tanto la sociedad como grupos delictivos contrarios" las observaron y que conocían el contenido de una nota periodística que relacionaba al sacerdote con una agrupación criminal, argumentó el fiscal de Guerrero, Xavier Olea. Según la Fiscalía, eso es "lo que desencadenó el ataque armado".

En su defensa, el obispo Salvador Rangel Mendoza explicó que los dos religiosos que fueron asesinados en la carretera Iguala-Taxco asistieron a un evento grupero en Juliantla porque les gustaba la música. “Iban a eso, a ofrecer su música y a ver si les permitían cantar algunas canciones", dijo.


Sobre la fotografía, el obispo señaló que la aparición de Germaín Muñiz en dichas imágenes se debe a que el religioso debía saludarlos para poder “pasar” por su territorio.

“Él tenía que atravesar todos esos territorios donde estaban los narcotraficantes. Pero de que el padre tenía que saludarlos, tenía que dialogar con ellos, lo tenía que hacer, porque tenía que pasar por su territorio, sino cómo pasaba", comentó.

A través de una conferencia de prensa, la Diócesis de Chilpancingo-Chilapa, a la que pertenecían los sacerdotes, negó que alguno de ellos tuviera relación con células del crimen organizado.

“El presbítero Germaín Muñiz nunca estuvo vinculado a ningún grupo delictivo. Tenía conocimiento, por la naturaleza misma de su trabajo pastoral, de la operación de algunos grupos en esa zona pues al ser un párroco y persona pública, tenía que desplazarse por la zona donde estaban asentados estos grupos”, señaló.


Las autoridades señalaron también que dentro de las investigaciones se constató que los atacantes, después de huir del lugar de los hechos, robaron un vehículo y se adentraron en el aledaño Estado de México, concretamente en el municipio de Ixtapan de la Sal.

De acuerdo con datos del Centro Católico Multimedial, con este ataque en lo que va del sexenio, son ya 21 los sacerdotes asesinados en el país, seis de ellos en el sureño estado de Guerrero.

De acuerdo con datos del Centro Católico Multimedial, los diez estados más peligrosos para ser sacerdote son Veracruz, Guerrero, Estado de México, Chihuahua, Michoacán, Durango, Guanajuato, Colima, Baja California y Puebla.

Este listado de entidades mexicanas, coincide también con las entidades consideradas más violentas en México y que son dominadas por algún cártel del narcotráfico.

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