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Visiones fronterizas sobre seguridad: la realidad “desde dentro” en ambos lados

Los temas que más importan a los fronterizos son aquellos relacionados con la seguridad y la economía.
Opinión
Profesora asociada de Asuntos Públicos y Estudios de Seguridad en la Universidad de Texas, en Brownsville
2016-07-09T21:09:35-04:00

En los últimos quince años, y principalmente a partir del 11 de septiembre de 2001, mucho ha cambiado para los habitantes de la frontera México-Estados Unidos. El tema de la seguridad se ha colocado en el centro de la discusión sobre la región que divide a dos naciones muy complejas, interdependientes, y extremadamente desiguales. El “miedo” al terrorismo, a la violencia extrema, al crimen organizado en México y a los crecientes flujos migratorios provenientes de los países del Triángulo del Norte centroamericano ha transformado las dinámicas fronterizas y lleva a los Estados Unidos a cambiar su discurso y a cerrar sus fronteras. En este nuevo contexto, se han realizado importantes inversiones en tecnología, y se ha promovido la militarización y el incremento de los recursos materiales y humanos para limitar la entrada a la Unión Americana de personas provenientes del sur del continente. México, por su parte, observa recientemente una nueva configuración del crimen organizado –con la creación de grupos criminales paramilitares como los Zetas– y en este contexto declara una “guerra contra los drogas”, militarizando su estrategia de seguridad.

Ante esta nueva realidad, la frontera adquiere un papel preponderante e incluso se convierte en uno de los temas fundamentales en el debate electoral al interior de los Estados Unidos. Al mismo tiempo, se diseñan políticas desde Washington y la Ciudad de México que modifican de forma drástica la relación entre las dos naciones, tales como la construcción de un muro a todo lo largo de la frontera, un incremento sustancial en el número de agentes de la patrulla fronteriza y la militarización de la seguridad en la región. Dichas acciones no responden necesariamente a la realidad de la frontera ni al sentir de sus habitantes. La preocupación por el tema de la seguridad se agudiza, pero no parece abordarse de forma adecuada; esto según la percepción de quienes habitan en esta región. Al mismo tiempo, se cierran algunos canales básicos de comunicación bilateral y una gran parte de los habitantes de ciudades fronterizas estadounidenses dejan de cruzar a México por desconfianza y una percepción de violencia extrema en el vecino país.

Cronkite News, de la Universidad de Arizona, Univisión y el Dallas Morning News hicieron un seguimiento al esfuerzo que ya se había realizado a principios de este siglo para analizar la opinión pública fronteriza en un contexto de creciente inseguridad en el lado mexicano y donde existe el temor de que esta situación se contagie al país vecino. Realizaron una segunda encuesta que permite una comparación de la opinión pública en diversos segmentos (siete en total) de la frontera, y en ambos lados, después de un periodo de 15 años (entre 2001 y 2016). Dicho esfuerzo arroja resultados interesantes e inesperados que pueden sorprender ampliamente a aquellos que no habitan en nuestra región. Los resultados de la encuesta muestran una realidad muy diferente a la que se refieren algunos políticos y medios de comunicación nacionales que dominan el debate público e influyen de forma determinante en las acciones de política que regulan los flujos migratorios y las actividades fronterizas.

Los temas que más importan a los fronterizos son aquellos relacionados con la seguridad y la economía. México se preocupa más por el crimen, el narcotráfico y la inseguridad en los últimos años (desviando su atención de algunos aspectos económicos y temas sociales), mientras que para Estados Unidos, el tema del empleo se percibe como el más importante. Sin embargo, en ambos países, el tema de la seguridad adquiere mayor relevancia en la última década y media. Gran parte de los fronterizos no ven avances en los temas que consideran fundamentales, y hay algunos que consideran que las cosas han empeorado, principalmente en la frontera Texas-Tamaulipas (de Brownsville-Matamoros a Laredo-Nuevo Laredo). Esto refleja la realidad en esta sección de la frontera y un claro incremento en los niveles de inseguridad aquí –sobre todo en el lado mexicano por la guerra que libraron recientemente dos importantes grupos del crimen organizado (el Cartel del Golfo y los Zetas) y por la participación del Estado mexicano en este conflicto. No obstante lo anterior, es importante destacar que en Estados Unidos la mayor parte de los fronterizos se sienten relativamente seguros (el 38% de la muestra en la encuesta se siente “extremadamente seguro”, 32% “bastante seguro” y 22% “algo seguro”).

Lo más interesante de la encuesta es lo que se puede percibir como el rechazo de los fronterizos a las principales políticas públicas que se han publicitado como fundamentales para resolver los problemas de seguridad en la región y el reconocimiento de que “las autoridades federales no conocen muy bien los problemas de la frontera”. Para una abrumadora mayoría (más del 70%) de quienes respondieron la encuesta, tanto en México como en Estados Unidos, “no es importante construir un muro a lo largo de la frontera en comparación con otros temas” y la mayor parte de los fronterizos no creen que Estados Unidos debe construir un muro entre los dos países para favorecer la seguridad en la región (86% de la muestra rechazan esta acción en México y 72% en los Estados Unidos). Asimismo, la mayoría de los ciudadanos en ambos lados de la frontera no creen necesario un mayor incremento en el número de agentes de la patrulla fronteriza.

Por su parte, en el lado mexicano de la frontera la mayor parte de la muestra (alrededor de un 67%) no percibe un progreso en la lucha contra el narcotráfico, no obstante los cuantiosos recursos que se han erogado y las acciones poco convencionales que se han llevado a cabo para tal efecto. Entonces, parecería ser que las principales políticas de seguridad fronteriza implementadas en nuestros dos países en los últimos años no son percibidas como efectivas por quienes habitan en la frontera y viven los problemas reales en la región. Por el contrario, muchos han visto empeorar sus condiciones de vida, principalmente en lo que se refiere a los tiempos que tardan en cruzar la frontera. Es también importante destacar que la mayoría de los fronterizos favorecen facilitar los flujos regulados de personas que trabajen del otro lado y regresen a su país. En otras palabras, ellos apoyan una movilidad humana más flexible a través de la frontera. Este apoyo ha crecido y la oposición se ha reducido. Sorprendentemente también, la mayoría de los entrevistados fronterizos apoyan un camino hacia la ciudadanía para los inmigrantes mexicanos que viven en Estados Unidos. Asimismo, la mayoría respalda el acceso a servicios sociales y de salud para aquellos que cruzan la frontera para trabajar. En lugar de considerar al vecino como un riesgo para la seguridad, los fronterizos parecen ver la movilidad de personas como una oportunidad.

En conclusión, el debate nacional sobre la frontera “en la frontera” parece diferir en gran medida de las visiones “de fuera” sobre los fronterizos, su realidad y sus principales problemas. Sería conveniente entonces que los habitantes de la frontera pudieran participar más activamente y de manera central en el diseño de las políticas públicas y de seguridad para la región. Dicha participación podría derivar en mucho mejores resultados y mejorara la calidad de vida de quienes habitan efectivamente en la compleja región que divide a nuestras dos naciones hermanas.


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