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De pandilleros a cristianos: escapar de la violencia a través de la religión (fotos)

Las brutales pandillas callejeras y la pobreza crónica han convertido a El Salvador en uno de los países más violentos del mundo. Luego de formar parte de organizaciones violentas que exigen fidelidad de por vida, muchos pandilleros que terminaron en la cárcel han encontrado en la religión una alternativa para salir de la cultura del crimen.
28 Abr 2018 – 09:21 AM EDT
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El pastor Manuel Rivera es el director de la iglesia evangélica Torre Fuerte en la prisión San Francisco Gotera, a unas 120 millas al suroeste de San Salvador. Rivera fue un asesino de la pandilla Barrio 18 pero ahora se dedica a llevar un mensaje de salvación a decenas de hombres tatuados en sus brazos, cuellos y rostros : Dios los rescató de la violencia. Volver a la vida de pandilla significaría la muerte. Crédito: José Cabezas/Reuters
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Al abrazar la religión estos hombres pueden abandonar sus pandillas sin represalias, dijo a Reuters el pastor Manuel Rivera. Pero si no muestran verdadera devoción, sus antiguos compañeros de pandilla pueden matarlos, por temor a que se unan a otras organizaciones y se conviertan en enemigos. Crédito: José Cabezas/Reuters
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"Solíamos decir que la pandilla era nuestra familia, pero Dios nos quitó la venda de los ojos", asegura Rivera, quien tiene 36 años. Su transformación llegó tras las rejas, dice, cuando se refugió en la oración, luego de años de persecusión de las autoridades y de sus enemigos, y de no poder ver a su hijo. Crédito: José Cabezas/Reuters
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El pastor contó que Dios se le apareció en un sueño y le profetizó que tendría su propio rebaño, lo que lo impulsó a convertirse en un líder de su iglesia. Ahora está a mitad de una condena de ocho años por asociación criminal. El fervor religioso se ha propagado en las cárceles y es bien recibido por los funcionarios que perciben su potencial para reformar a los expandilleros. Crédito: José Cabezas/Reuters
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Miembros de la pandilla Barrio 18 participan en un servicio religioso en la prisión de San Francisco Gotera. El culto evangélico ha crecido rápidamente en Centroamérica en la última década, llegando incluso hasta la política. Crédito: José Cabezas/Reuters
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Expandilleros, ahora miembros de la iglesia Torre Fuerte, trabajan dentro de una celda de cuarentena en la prisión San Francisco Gotera. El gobierno del presidente Salvador Sánchez Cerén planea usar esa prisión como un modelo de rehabilitación religiosa que, espera, pueda ser replicado. Crédito: José Cabezas/Reuters
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Rodolfo de Jesús Cornejo es miembro de la iglesia evangélica Final Trompeta en la prisión de San Francisco Gotera. "La gente en el exterior no confía demasiado en nosotros, creen que no podemos cambiar, pero sí, podemos demostrarlo” aseguró. Cornejo, de 34 años, comenzó a orar y cultivar pepinos cuando ingresó a la prisión con una sentencia de 12 años por llevar armas de fuego. Buscaba abandonar la dura vida que lo separó de sus hijos. Crédito: José Cabezas/Reuters
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Michael Douglas Hernández también es miembro de la iglesia evangélica Final Trompeta en la prisión de San Francisco Gotera. "Soy el bibliotecario en la iglesia y mi trabajo es darles tiempo de lectura a mis hermanos. Me hice cristiano hace dos años porque Dios tocó mi corazón", asegura Hernández. Crédito: José Cabezas/Reuters
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"He sido miembro de una pandilla desde que tenía 13 años, pero Dios me mostró en sueños que había un cielo y un infierno. Por el amor de mis hijos decidí abandonar la pandilla, porque no hay futuro”, dice Luis Alfredo Alvarado Hernández, miembro de la iglesia Torre Fuerte en la prisión de San Francisco Gotera. Crédito: José Cabezas/Reuters
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Oscar Alirio Montaño Amaya ha sido cristiano desde hace dos años. Era parte de un grupo de hip-hop llamado 'Furia Gángster' pero ahora es diácono de la iglesia evangélica Final Trompeta. "Dios me habló en sueños para convertirme. Lo intentó dos veces pero seguí volviendo a la vida de los mafiosos. El llamado definitivo llegó cuando estaba descansando en una hamaca y podía escuchar a los cristianos cantando himnos. De repente comencé a llorar y caí de rodillas. Me quité mis pendientes como una señal de que había dejado la pandilla ", aseguró Amaya. Crédito: José Cabezas/Reuters
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"Estaba cansado de vivir la vida desordenada de la pandilla, el Señor me puso en el lugar más apropiado para sacarme de allí. Ahora enseño a mis hermanos a leer y escribir", cuenta Roberto Carlos Valencia Cruz, miembro de la iglesia evangelica Torre Fuerte en la prisión de San Francisco Gotera. Crédito: José Cabezas/Reuters
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"Me hice miembro de la iglesia después de salir de la cárcel de máxima seguridad. Me habían detectado insuficiencia renal crónica, una enfermedad terminal, pero he sobrevivido dos años hasta ahora", relata Juan Carlos Guerra Romero, miembro de la iglesia evangelica Torre Fuerte en la prisión de San Francisco Gotera. Crédito: José Cabezas/Reuters
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El director de la cárcel de San Francisco Gotera, Óscar Benavides, asegura que hace dos años el recinto era casi en su totalidad el hogar de pandilleros activos. Ahora la mayoría de sus aproximadamente 1,500 reclusos quieren salir de la violencia a través de la religión. Crédito: José Cabezas/Reuters
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Las conversiones "muestran al país que es posible rehabilitar a los de la Mara Salvatrucha y otras pandillas", dice el ministro de Seguridad de El Salvador Mauricio Ramírez, rechazando las críticas de que el gobierno debería hacer más. Crédito: José Cabezas/Reuters
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Un estudio realizado entre casi 1,200 pandilleros y expandilleros salvadoreños (publicado por la Universidad de Florida en 2017 y citado en la pieza de Univisión Noticias "El Salvador, un país sembrado de muertos) arrojó que el 50.6 % de los encuestados cree que la única manera de abandonar las maras era dedicándose a Dios y demostrándole a la pandilla un compromiso real con la vida piadosa. El 97.1% opinó que la religión puede ser un arma más efectiva que el trabajo o la educación para lograr la rehabilitación de los descarrilados. Pero siempre es la misma pandilla la que calcula la medida de la fe. Crédito: José Cabezas/Reuters
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