null: nullpx
Música Folklórica

Los rarámuri hacen fiesta tras la muerte del icono cultural indígena Don Erasmo Palma

La muerte del más importante cantautor y músico rarámuri nos recuerda que aún quedan muchas barreras por derribar y puentes por construir.
25 Oct 2016 – 12:50 PM EDT
Reacciona
Comparte
Default image alt

Don Erasmo Palma lo dijo una y otra vez: los rarámuris y los mestizos (chabochis) pertenecemos a mundos distintos. Las formas de explicar nuestro lugar en el universo son inevitablemente contrastantes. Este mensaje se reafirmó el 23 de octubre cuando el cantautor y poeta indígena, quien en vida escribió más de 600 canciones que le permitieron al mundo asomarse a su cultura rarámuri y fue el primer rarámuri en ponerle letra a una canción, murió a los 88 años. A las pocas horas de su muerte, varios medios empezaron a publicar una serie de notas haciendo referencia a una comunidad rarámuri “de luto” ante su partida y, como era de esperarse, muchos de aquellos que lo conocieron “lamentaron profundamente su pérdida”.

La noticia es que la comunidad rarámuri, original del noroeste de México, no está de luto. Por el contrario, cuando un rarámuri muere, los familiares del difunto y las autoridades indígenas convocan a danzantes, músicos, vecinos y al cantador “para ayudar al difunto en su caminata al cielo ofreciéndole comida, bebida, baile y cantos para que tome la fuerza necesaria en su ascenso”, según lo explican los antropólogos chihuahuenses Rocío Juárez Nogueira y Víctor Hugo Villanueva en la revista Diario de campo. Para los rarámuri, el pasado domingo Don Erasmo Palma cambió de forma e inició su ascenso al cielo.

Erasmo Palma Fernández nació en Norogachi, en la Sierra Madre Occidental de México, el 10 de agosto de 1928. Se inició en la música a los cinco años, cuando tomaba a escondidas el violín de su hermano para poder ensayar y “al ver sus familiares y a otros músicos interpretar los sonidos del matachín para las danzas en las celebraciones religiosas, o los yúmare y ru’tuburi, interpretación que se realiza durante la consagración de las ofrendas en las ceremonias rarámuri”, señala el investigador Nicolás Víctor Martínez Juárez en su biografía sobre el músico y poeta.

A lo largo de sus 88 años de vida, Don Erasmo Palma encontró en la música y en las narraciones sobre su pueblo las vías para difundir la tradición rarámuri. Sus más de 600 cantos “suelen ser utilizados en asentamientos urbanos de rarámuris que han migrado a la ciudad de Chihuahua. Para los niños de estas familias, sus canciones representan el primer contacto con la lengua materna; además de dar un sentido de identidad, sirven como herramienta en un proceso de enseñanza y reforzamiento de la lengua, en especial porque en los ámbitos urbanos, las nuevas generaciones empiezan a perder el dominio del rarámuri”, dijo en entrevista para Uforia Music Gustavo Palacio Flores, Jefe de la Unidad Regional de Culturas Populares en Chihuahua

En su carrera hay dos decisiones muy importantes que lo distinguieron como un artista de ímpetu rebelde, o como “un loco”, solía decir. La primera la tomó en 1952, cuando compuso canciones a las que dotó de letra: algo completamente inusual en la costumbre rarámuri. “Estas primeras canciones fueron ‘Narárachi’, que narra la lucha de los rarámuri contra los apaches; ‘Gutéachi’, la cual hace referencia a un hecho importante ocurrido frente a la iglesia y ‘Triste seca’, que relata la fuerte sequía de aquel año”, dijo el investigador Martínez Juárez.

El segundo momento en el que Don Erasmo se erige como un transgresor ocurre cuando el cantautor toma la decisión de escribir sobre las costumbres de su pueblo. Por inofensivo que parezca, tomar ese camino dentro de una cultura oral –que expresa tradicionalmente el conocimiento a través de la palabra hablada– requería de una determinación y de una firmeza de carácter con las que el músico evidentemente contaba.

“Don Erasmo estaba cansado de ser informante de los blancos (chabochis) y de que fueran ellos los únicos quienes escribieran sobre los rarámuris”, señala Palacio Flores. “Se negó a únicamente ser un informante de los antropólogos y en su lugar optó por usar la literatura y la narración para expresarse”.


Gracias a su “locura” Don Erasmo Palma se convirtió en el músico más importante de la comunidad rarámuri. En 1975 fundó y dirigió un coro formado por alumnas del Internado de Niñas Indígenas de Norogachi. Años más tarde, en 1983, fundó junto con su hijo, el coro Sewá Sewáarame de (flor que florece), con quienes se presentó en Nueva York y en distintas ciudades de México. Esa misma década publicó una de sus obras más importantes, el libro autobiográfico Donde cantan los pájaros chuyacos. También fue autor de uno de los primeros audiolibros tarahumaras.

En 2002 fue reconocido con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en la categoría Artes y Tradiciones Populares, premio máximo para un artista otorgado por el gobierno de México. A pesar de todos sus logros, el nombre de Don Erasmo Palma no es cotidiano para los mexicanos, y es difícil encontrar fotos o videos suyos.

Uno de los documentos más valiosos con los que contamos para tratar de entender la visión del sabio rarámuri y el gran ser humano que fue Don Erasmo Palma es el documental El ladrón de violines (2009), del director juarense Ángel Estrada Soto.

“Don Erasmo se cuestionaba sobre la existencia del ser humano respecto al universo, al cosmos y al movimiento de los planetas", dijo el director a Uforia Music. "Era sorprendente escucharlo hablar sobre la manera que tenía de buscar respuestas. En la tradición rarámuri la observación es muy importante, pero él iba más allá al hacer observaciones precisas; con base en eso generaba ideas y buscaba información en los libros para cotejarlas, era un hombre en una plenitud intelectual muy importante”.

En El ladrón de violines vemos cómo esa reiteración presente a lo largo de la vida de Don Erasmo Palma se convierte en una invitación abierta a seguir el camino de la locura: cuando Ángel Estrada se encuentra por primera vez con él, llega con la cámara encendida y le propone un juego que se establece cuando el músico empieza a hablar en tercera persona de sí mismo: “¿Para qué buscan a ese viejo? Se hace el que compone, pero no es cierto, está loco”.

Quizás los anhelos del poeta y músico rarámuri podían convencer a muchos de su supuesta falta de juicio. “Su deseo eran las relaciones horizontales, de hermandad. Él hizo justo eso toda su vida: trató de tender puentes y de mirar de igual a igual a los otros. Buscaba que se rompieran las barreras culturales que nos impiden relacionarnos de una manera justa e igualitaria”, comentó Ángel Estrada.

“A través de su música, su palabra y su humor, Don Erasmo Palma consiguió ver a los otros cara a cara y logró forjar vínculos que parecían difíciles de establecerse. Su gran enseñanza consistió en mostrarnos que el arte nos permite reconocernos en el otro, transgredir fronteras, prejuicios y diferencias culturales”, dijo el documentalista chihuahuense.

Ahora que Don Erasmo Palma se ha integrado al cosmos, una de sus canciones más emblemáticas adquiere un nuevo sentido: " semati siyóna mí re’pa ko ne (bonito azulea allá arriba)". Podemos estar seguros: en la Sierra Tarahumara, sí que es bonito allá arriba lo azul.


Reacciona
Comparte

Más contenido de tu interés