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Condenas

"Se trata de sobrevivir": el suplicio de un hispano encerrado 17 años por un crimen que no cometió

Lionel Rubalcava tenía como vecinos a pandilleros, violadores y asesinos seriales en la cárcel de San Quintín, en el norte de California. Cuando tenía 23 años fue arrestado en San José y sentenciado a prisión de por vida por presuntamente atacar a tiros a otra persona, un delito del que terminó exonerado la semana pasada.
23 May 2019 – 8:04 PM EDT

Sentado en la sala de su casa, con sentimientos encontrados, pero siempre manteniendo un temple calmado, Lionel Rubalcava recuerda su día a día en la cárcel de San Quintín, la prisión del norte de California tristemente celebre por su pabellón de la muerte, que hasta hace dos meses albergaba a algunos de los criminales más sanguinarios en la historia de California.

Los últimos 17 años de su vida, este hispano de 40 años tuvo como vecinos a pandilleros, violadores y asesinos seriales en ese centro penitenciario, en donde permaneció recluido desde 2002 por un crimen que no cometió. Y es que a los 23 años terminó arrestado y sentenciado a prisión de por vida por presuntamente atacar a tiros a otra persona en las calles de la ciudad de San José. Pero lo que pasó en realidad -según la investigación- fue que estaba en el lugar menos indicado en el peor de los momentos.

“Está difícil porque te ponen en una unidad donde la mayoría de las personas están ahí por matar gente, por hacer cosas violentas y es un lugar donde todo es pandillas, está muy peligroso. Cada vez que sales de tu celda tienes que estar con cuidado y alerta. Se trata de sobrevivir, porque no sabes si algo va a pasar o alguien te va a hacer algo y tienes que vivir siempre así, y así era para mí”, cuenta Lionel en una entrevista exclusiva con Univision Noticias.

Una semana atrás este residente de San José se convirtió en un hombre libre después de que un juez de la Corte Superior del Condado de Santa Clara revocara su sentencia, todo gracias a los esfuerzos de sus abogados y al Proyecto de Inocencia del Norte de California, quienes durante cinco años lograron reunir suficiente evidencia para desmentir el testimonio de la víctima y lograr la exoneración de Lionel.

La luz al final del túnel eventualmente llegó para este hispano, pero hace 17 años, cuando era apenas un adolescente, en aquel trayecto hacia la cárcel de San Quintín todo era confusión. Sentado en el autobús que lo llevaba hacia el que sería un nuevo hogar por el resto de su vida, Rubalcava solo sabía que sobre su persona pesaban no una, sino dos condenas de cadena perpetua.

“No sabía si un día iba a regresar para la casa. Me dieron de 25 años a vida (en una sentencia) y luego, ya que se terminara esa, tenía que hacer otra de 31 años a vida, y al final de esas dos otros seis años más”, señala al tiempo que recuerda lo que pasaba por su mente cuando lo llevaron a esa prisión. Lionel lleva apenas una semana libre y lo que más anhela, luego de pasar casi la mitad de su vida encerrado, es recuperar el tiempo perdido con su familia. Aunque la rabia de saber que le robaron 17 años de vida lo invade en ocasiones, él prefiere mantener pensamientos positivos.

“Son muchas emociones cuando estás pasando por eso. Sí llega el coraje en veces, porque uno sabe dentro lo que pasó y cómo fueron las cosas, y pues en parte culpas a los policías y a las personas que tú sabes que te hicieron mal. Y pues sí, uno pasa por esas cosas, se enoja uno y le da a uno coraje, pero también a la misma vez no puedes vivir con eso adentro porque te afecta”, explica.

El único sospechoso

Lionel Rubalcava pasó casi dos décadas reviviendo el momento en el que detuvo su vehículo en una calle de San José para hablar con una mujer parada frente a una casa, sin saber que dos días antes, en ese mismo lugar, había ocurrido un tiroteo que dejó a un hombre paralítico. Esa decisión, tan mundana, fue la que lo llevó a pasar 17 años de su vida preso en la cárcel de San Quintín. Luego del arresto, su fotografía fue elegida por la víctima, quien les aseguró a los detectives que Lionel era el hombre que le disparó aquella tarde.

La abogada Paige Kaneb, cofundadora del Proyecto de Inocencia, encabezó desde 2014 los esfuerzos para liberar a Lionel y en enero de este año, junto con su robusto equipo, le presentó a los fiscales un paquete de evidencias contundentes para exonerarlo, con lo que consiguió que la Unidad de Integridad de Sentencias reevaluara el caso.

“Lo que pasó fue que la gente se volvió loca, llamó a la Policía y dijeron ‘sabemos dónde está el automóvil que estuvo en la balacera’, aun cuando el vehículo de Lionel era totalmente distinto. Y él se convirtió en el único sospechoso en el caso”, explicó Kaneb a Noticias Univision 14 sobre la detención arbitraria de su cliente en abril de 2002.

Como parte de la nueva investigación, los fiscales volvieron a entrevistar a la víctima que quedó paralizada a raíz de aquel tiroteo en el año 2002. El hombre les dijo a los procuradores de justicia que no estaba seguro de haber identificado de manera correcta a Rubalcava y admitió que, durante el ataque, apenas y pudo echarle un vistazo al agresor. Con esa duda en el aire, la Oficina del Fiscal del condado de Santa Clara escribió en un documento judicial que "si en 2002 hubiéramos tenido la misma evidencia con la que contamos ahora, no habríamos presentado cargos contra Rubalcava".

El juicio contra el hispano estuvo lleno de lagunas desde su inicio y bien se podría resumir como el típico caso de estar en el lugar menos indicado en el peor momento. Los abogados de Lionel demostraron que el entonces sospechoso no estaba en San José el 2 de abril de 2002 cuando se desató la balacera sobre Mastic Street, sino que se encontraba en una cita en la ciudad de Hollister, a casi 50 millas de distancia. Los defensores incluso presentaron datos de geolocalización de su teléfono celular y el testimonio de la mujer que lo acompañó para corroborar su coartada, pero ni eso fue suficiente.

Al día de hoy, ya en libertad, no se cansa de decirle a su madre cuanto la quiere y de agradecerle a su familia todo el apoyo. “Siento que me robaron 17 años de mi vida. Pero por ahora, voy a disfrutar esto y pasar tiempo con mi familia”, dijo.

El rostro de la libertad: estuvo condenado a cadena perpetua en California por un delito que no cometió

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