Durante años, las fotografías aparecieron en redes sociales como si se tratara de trofeos. Tortugas exóticas, lagartos poco comunes y crías de cocodrilo eran exhibidos ante potenciales compradores mientras aún mostraban las marcas de haber sido extraídos de su entorno natural.
De la selva a las redes sociales: la historia del traficante que movió 1,700 reptiles entre México y Estados Unidos
Las autoridades siguieron el rastro de fotografías y videos publicados en internet hasta descubrir una red que movió reptiles exóticos a través de la frontera durante años
Detrás de esas imágenes, operaba una red de tráfico de fauna que convirtió a reptiles capturados en México y otras partes del mundo en mercancía para el mercado estadounidense.
La historia tuvo esta semana un nuevo capítulo cuando José Manuel Pérez, un residente de Oxnard, California, fue condenado a 65 meses de prisión por introducir ilegalmente al menos 1,700 animales a Estados Unidos durante un periodo de seis años.
La sentencia cierra una investigación que siguió el recorrido de reptiles que viajaban desde ecosistemas naturales hasta casas particulares, atravesando aeropuertos, carreteras y cruces fronterizos ocultos a los ojos de las autoridades.
Una ruta clandestina que comenzaba en México
Mucho antes de llegar a Estados Unidos, los animales eran capturados en distintos puntos de México. Entre ellos había tortugas de Yucatán, lagartos y crías de cocodrilo, especies apreciadas por coleccionistas y aficionados a los reptiles exóticos.
Según documentos judiciales, algunos de esos ejemplares terminaban en el Aeropuerto Internacional de Ciudad Juárez. Desde ahí comenzaba una ruta diseñada para burlar los controles fronterizos. Las autoridades estadounidenses describen una operación constante que se extendió entre enero de 2016 y febrero de 2022. Durante ese tiempo, Pérez y sus colaboradores introdujeron animales al país sin obtener los permisos exigidos por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) y sin declarar las importaciones ante las autoridades.
La investigación reveló que cada cruce tenía un precio. De acuerdo con el Departamento de Justicia, Pérez pagaba a sus cómplices una "tarifa de cruce" por transportar los animales desde México hacia Estados Unidos. El monto variaba según cuántos ejemplares viajaban en el cargamento, el tamaño del paquete y el riesgo de ser descubiertos.
En otras ocasiones, Pérez y uno de sus colaboradores viajaban directamente a México para comprar animales capturados en la naturaleza y posteriormente introducirlos de contrabando en territorio estadounidense. Una vez cruzada la frontera por la zona de El Paso, Texas, los ejemplares eran trasladados a las propiedades del acusado, primero en Missouri y después en California.
Las redes sociales, una pieza clave del negocio
La operación no dependía únicamente del traslado ilegal de animales. Las redes sociales se convirtieron en una herramienta clave para sostener el negocio.
Según el Departamento de Justicia, Pérez y sus cómplices utilizaban estas plataformas para comprar ejemplares, negociar precios y coordinar entregas. También promocionaban los animales que ya habían logrado introducir al país.
Las publicaciones mostraban fotografías y videos de los reptiles poco después de ser capturados en su entorno natural. Lo que para algunos usuarios podía parecer contenido sobre fauna exótica, para los investigadores terminó siendo evidencia de una red de tráfico internacional.
Las autoridades sostienen que estas imágenes servían como catálogo para atraer compradores interesados en especies difíciles de conseguir y obtenidas directamente de la vida silvestre.
Al reconstruir el alcance de la operación, los agentes determinaron que Pérez fue responsable del contrabando e importación ilegal de al menos 1,700 animales. El valor comercial de los ejemplares superaba los 739,000 dólares, una cifra que refleja el lucrativo mercado detrás del comercio ilegal de reptiles exóticos.








