"Es lo peor que me ha pasado en mi vida": beneficiario de DACA que fue deportado a México no conoce a su bebé prematuro

Los agentes de ICE lo arrestaron cuando iba en camino a su negocio en compañía de su esposa, que estaba embarazada. Asegura que, como consecuencia de la angustia que le produjo, su mujer se puso en labor de parto antes de tiempo y su bebé Guillermo nació con solo seis meses.

Video DACA no evitó deportación de empresario en Carolina del Norte

Ser padre era el gran deseo de Guillermo Aguilar. Ya gozaba de éxito como empresario en los EEUU, donde vivió casi 40 años, y ahora se preparaba para este gran momento en lo familiar. Pero el 3 de febrero de 2026 su vida dio un giro inesperado.

"Yo iba al trabajo en carro con mi señora. Los agentes se me cruzaron como en una película y me sacaron a punta de pistola", relata Guillermo. Asegura que desde ese mismo día su mujer empezó a encontrarse mal. "Desde ese entonces ha tenido problemas, al día siguiente tuvo que ir al hospital. Nunca se recuperó del golpe, también hay que tener en cuenta que yo era quien mantenía la casa", apunta.

PUBLICIDAD

Fue deportado a México dos meses después. Prefiere no revelar su ubicación actual porque teme por su seguridad, aunque asegura que tras su deportación no puede tener acceso al patrimonio que formó en EEUU. "Ni me dieron tiempo a que dejase a una persona encargada, la carta con la orden de deportación nunca me llegó", denuncia. " Es lo peor que me ha pasado en mi vida, lo más injusto".

Ahora, desde México, se lamenta de que no puede estar con su familia cuando más le necesitan. Su pequeño bebé Guillermo nació el 11 de mayo, con seis meses y dos semanas de gestación. Sigue ingresado en el hospital junto a su madre.

Desde el otro lado de la frontera, Guillermo Aguilar trata de mantener la esperanza: " Es un campeón, que Dios me lo cuide. Solo espero poder abrazarlos pronto", exclama.

Era beneficiario de DACA

Guillermo Aguilar cuenta que llegó con sus padres a EEUU cuando era menor de edad. "Mis papás fueron a EEUU porque éramos bien pobres", reconoce. Cuenta que era el único mexicano de su instituto y que aprender el idioma fue un gran obstáculo a superar, que le hizo más difícil sacar sus estudios adelante.

" Batallé mucho, mucho. Saqué un curso de mecánica y enseguida me puse a trabajar. Y eso es todo lo que he hecho en mi vida: trabajar duro", expresa emocionado. Porque Guillermo Aguilar relata que poco a poco comenzó a crear un sólido patrimonio, fue comprándose sus residencias y montando su negocio, en el que actualmente emplea a varias familias americanas.

PUBLICIDAD

"Yo te aseguro que contribuyo más con este país que muchos ciudadanos estadounidenses. Empleo a varias familias y llevo pagando mis impuestos desde 1994 hasta hoy, tengo pruebas", asegura. "Se me hace bien injusto que para las autoridades yo soy un 'ilegal', como dice Trump, alguien que viene a violar o a delinquir, una persona mala. Y yo les digo que miren mi trayectoria, los miles de dólares con los que contribuí. Se sirven de uno y luego lo tratan como una basura", denuncia Guillermo.

Guillermo Aguilar logró convertirse en un empresario exitoso en Carolina del Norte: tiene un taller mecánico, una compañía de grúas, otra de recolección de desechos de construcción y unas 25 casas en renta.

Cuenta que, como consecuencia de haber entrado siendo menor, pudo acogerse al programa DACA (Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, por sus siglas en español). Es un programa migratorio que protegía temporalmente de la deportación a jóvenes que llegaron al país siendo niños, otorgándoles incluso un permiso de trabajo renovable. Pero en la actualidad se dan casos como el de Guillermo, en los que ni el DACA les salva.

En su caso, afirma que tuvo un incidente de violencia en 2016 que le dejó un antecedente que podrían haber utilizado para impulsar su deportación. "Después del incidente me siguieron renovando DACA sin problema, fue algo menor porque si hubiera sido grave no me hubieran renovado, pero años después lo revisan y, casi sin avisarme, me suben a un avión y me avientan a Matamoros. Voy a seguir batallando con mi caso porque hasta el juez de la vista me reconoció que mi historia es injusta", cuenta Guillermo.

PUBLICIDAD

Confiesa que siempre intentó dar los pasos importantes a su debido tiempo y que por eso no se casó con su esposa para afianzar un estatus más sólido. "Yo le decía a todo el mundo que me gusta hacer las cosas bien, no por los papeles", apunta. Ahora espera poder recurrir su caso con su abogado y encontrar la manera de poder reunirse con su esposa y su hijo, que pelea por su vida en un hospital.