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Eutanasia

Planta bandera en Nueva York la campaña a favor de la muerte digna

Con sus testimonios, José Garza y Nilsa Centeno quieren educar a la comunidad, sobre todo hispana, acerca del proceso y de los proyectos de ley que existen para que sea una alternativa para los pacientes terminales en el estado.
1 Nov 2016 – 2:20 PM EDT

EL BRONX, Nueva York.- José Garza tiene 71 años, pero la primera vez que pensó en la muerte digna, según recuerda, fue cuando tenía 16 años y vio a su abuela agonizar durante 45 días, hasta que falleció por una falla renal.

“Mi abuela murió en marzo de 1961. Era una época en la que nadie se atrevía a hablar de la posibilidad de que un paciente, diagnosticado con una enfermedad terminal, pudiera decidir despedirse de la vida con dignidad. Yo lo pensé, aunque era muy joven... La agonía de mi abuela también fue la agonía de mis padres y hermanos”, rememora.

“Muerte digna” es el término comúnmente aceptado para describir el proceso por el cual una persona con una enfermedad terminal ingiere una medicación prescrita para acelerar su fallecimiento. No se trata de un “suicidio asistido”, según sus defensores, pues se aplica a pacientes que prefieren vivir, pero eligen finalizar su vida ante el embate de una enfermedad terminal.

Casi cinco décadas pasaron desde aquél primer pensamiento hasta el otoño de 2004, cuando la muerte digna volvió a cruzar por la mente de José Garza, residente en San Antonio, Texas.

Para ese entonces, Nohemí Garza, quien fue su esposa durante 41 años y madre de sus dos hijos, sucumbía a un agresivo cáncer de seno. Los médicos que le realizaron el diagnóstico inicial en 2001, estimaron que podría sobrevivir al menos cinco años si se sometía a quimioterapia y otros tratamientos invasivos. Toda la familia aceptó.

“Vivió unos años más, es verdad, pero ¿a qué precio? Vivió sin calidad de vida. Los últimos meses fueron peor. A mediados de noviembre (de 2004) sufrió un derrame cerebral que la postró en cama. Hasta su muerte, en marzo, estuvo sedada con morfina y conectada a máquinas que únicamente prolongaron el sufrimiento”, detalla Garza.

“Pensé en la muerte con dignidad, pero jamás lo mencioné. Mi esposa era muy religiosa, aunque pienso que su forma de decir ‘es suficiente’ era cuando estaba consciente y suplicaba a Dios el fin de su vida”, recuerda de aquéllos días de impotencia frente al sufrimiento extremo de su amada. Un dolor, indescriptible, profundo, que no se le desea a nadie.

Doce años han pasado desde entonces y este martes José Garza forma parte de la campaña que la organización Compassion & Choices lanza en Nueva York. Con su testimonio y lo que ha aprendido durante los años, se une a otros para concienciar a los latinos acerca de la muerte digna.

La organización Compassion & Choices promovió la legislación aprobada en California en 2015, tras el caso de Brittany Maynard, una mujer de 29 años, cuya petición de ayuda para morir, un año antes, concentró la atención nacional sobre la muerte digna en Estados Unidos.

Maynard, diagnosticada con glioblastoma, el tipo de tumor cerebral primario más invasivo, agresivo e incurable, quería poner fin a su vida y elegir la forma y el día para hacerlo.

Como en California se le prohibía, se mudó a Oregón (en donde la muerte asistida es legal desde 1997) y se despidió de la vida rodeada de su familia el 2 de noviembre de 2014. Casi un año después, el 5 de octubre de 2015, California promulgó una ley que autoriza la muerte asistida, convirtiéndose en el quinto estado que permite a los pacientes con enfermedades incurables tomar esta decisión, junto a Oregón, Vermont, Montana y Washington.

Los hispanos y la muerte asistida

Patricia Portillo, directora de comunicaciones para hispanos de la organización Compassion & Choices, explica que la meta de la campaña lanzada este martes en el Museo de El Barrio, en East Harlem, es proveer material educativo en español acerca de la muerte asistida para concienciar a las familias hispanas. La organización también intenta “sensibilizar” sobre el tema a los especialistas y líderes religiosos de la comunidad latina.

Portillo precisa que la organización implementó la campaña en otros estados cuyas legislaturas, al igual que la de Nueva York, están considerando proyectos de ley acerca de la muerte asistida.

Al igual que José Garza, la puertorriqueña Nilsa Centeno, madre de Miguel Carrasquillo, es una de las voces fuertes de la campaña.

Carrasquillo protagonizó la primera campaña en español de Compassion & Choices, haciendo un fuerte llamado a legisladores para que aprobaran leyes que permitieran a los adultos con enfermedades terminales escoger la muerte asistida, en vez de hacerlo en dolor y sufrimiento. El puertorriqueño, de 35 años y quien se desempeñaba como chef en Chicago, fue diagnosticado con un agresivo tumor cerebral en 2012.



“Le prometí a mi hijo que no me iba a quedar callada sobre la necesidad de opciones que permitan la muerte asistida. No quiero que nadie más sufra innecesariamente como lo hizo Miguel y nuestra familia”, expresa Centeno.

La última entrevista que concedió Miguel Carrasquillo fue al periodista de Univision, Jorge Ramos, a quien le confesó que quería contar con el dinero para poder mudarse de Puerto Rico a un estado donde estuviera aprobada la muerte asistida.


Los proyectos de ley en Nueva York

En 2016, los legisladores del Distrito de Columbia y de 19 estados (incluyendo Nueva York y Nueva Jersey) presentaron proyectos de ley para la muerte con dignidad.

El 10 de mayo, los legisladores de Nueva York presentaron los proyectos de ley A 10059 y SB 7579 en la Asamblea y en el Senado, respectivamente. Estas legislaciones son una combinación de otro par de proyectos no aprobados en la legislatura en enero de 2015: La A 5261/ SB 5814, patrocinados por la asambleísta Amy Paulin y el senador John Bonacic y la A 2129/ SB 3685, patrocinados por la asambleísta Linda Rosenthal y los senadores Diane Savino y Brad Hoylman.

“Si soy un enfermo terminal, yo debería ser capaz de elegir cómo poner fin a mi vida con toda tranquilidad y de una manera digna, en el momento y en el entorno que yo elija y rodeado de los que amo. Eso es lo que mi proyecto de ley plantea”, explica Paulin en un comunicado de prensa.

El 23 de mayo, el actual proyecto de ley de Paulin fue aprobado en el Comité de Salud de la Asamblea. En la sesión legislativa de 2017, será sometido a votación ante el pleno.

¿Qué plantea el proyecto de ley actual?

El proyecto de ley A 10059 se basa en la legislación de Oregón y establece que el paciente debe tener por los menos 18 años de edad y ser un residente de Nueva York mentalmente capaz de comunicar a sus médicos la decisión de finalizar su vida con dignidad, ante un diagnóstico de enfermedad terminal que dará lugar a la muerte dentro de seis meses.

El paciente que cumpla con los requisitos deberá hacer la solicitud por escrito a su médico, firmado en presencia de dos testigos calificados.

El diagnóstico de enfermedad terminal implica la revisión del médico prescriptor y de otro especialista, quienes deben asegurarse de que el paciente no está siendo coaccionado o indebidamente influenciado por otros cuando hace la solicitud. Incluso, si la salud del paciente lo permite, los médicos pueden recomendar un examen psicológico.

Para utilizar la medicación, el paciente debe ser capaz de ingerirla por su cuenta. Un médico u otra persona que administre el medicamento letal puede enfrentar cargos criminales.


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