Actividad de Pandillas

“Me han querido matar tantas veces que ya perdí la cuenta”: el peligroso oficio de la ‘Mamá’ de los pandilleros

La activista Gloria Farías cuenta que ha sufrido varios atentados en su labor ofreciendo mejores opciones de vida a pandilleros de la Mara Salvatrucha y otras violentas bandas en Los Ángeles, California.
8 Jul 2017 – 11:39 AM EDT

LOS ÁNGELES, California.- Sin el chaleco antibalas que le aconsejaron portar tras un tiroteo que perforó las paredes de su casa en la década de 1990, Gloria Farías recorre sin miedo las calles de Pico-Union, un barrio en Los Ángeles dominado por siete pandillas, entre estas la violenta Mara Salvatrucha (MS-13).

Farías, quien nació en esta ciudad hace 62 años, tomó en 1985 las riendas de la organización Pico Union Housing Corp, que brinda apoyo a jóvenes que han decidido alejarse de las bandas callejeras, y desde entonces, asegura, “me han querido matar tantas veces que ya perdí la cuenta”.

Esta mujer cree que tantos intentos de asesinato se deben a que ha evitado la venta droga y otras actividades criminales en las 1,000 unidades de vivienda que administra su grupo en barrios angelinos plagados de pandillas. Su recompensa, dice, son los agradecimientos de “salvaste mi vida”.

“Mucha gente no entiende por qué quiero tanto a los pandilleros, aunque ellos han querido matarme; han baleado mi casa, mi coche y mi oficina”, dice Farías a Univision Noticias. “Es importante que sepan que estos muchachos nos necesitan para detener esta epidemia”, agrega.

Las oficinas del Pico Union Housing Corp están en una zona que registra un alto nivel de criminalidad. Y es que se ubican en el corazón del territorio de la pandilla Burlington y a solo unas cuadras operan clicas de la MS-13 y la Barrio 18. En total, siete grupos delictivos pelean a muerte la pequeña demarcación.

Farías dice que conoce a varios miembros y jefes de estas bandas, y viceversa. Algunos en ese vecindario le llaman “mamá”, “abuela” o incluso “ángel”. Las paredes de su organización están limpias de grafiti (solo adentro hay murales elaborados por artistas). No es coincidencia. “Ese respeto se fue ganando poco a poco, porque no veo a qué pandilla pertenecen, soy neutral y saludo a todos”, comenta.

Sin embargo, no se confía. Según ella, sigue en la mira de aquellos que no han podido hacer negocios ilícitos en sus complejos. “Todavía me quieren matar”, expresa con tono serio.


Los ataques contra Gloria

En la década de 1990, cuando había una epidemia de tiroteos y asesinatos en las calles de Los Ángeles, su cabeza tenía un precio, asegura. Una madrugada, la despertaron a balazos. “Descargaron un fusil M-1. Pa-pa-pa-pa (imita los sonidos de los tiros). Entraron unos 9 o 10 balazos, así de grande eran los hoyos”, cuenta formando con sus dedos un círculo del tamaño de una nuez.

Solo alcanzó a gritar “tírense”. En su hogar estaban sus cuatro hijos, entonces de seis meses a nueve años.

Los directivos de su organización le recomendaron que usara un chaleco antibalas para protegerse, pero ella les respondió que no se sentiría cómoda y que prefería que le compraran un seguro de vida por un millón de dólares, para que sus hijos no quedaran desamparados. Esa póliza sigue vigente.


En esa misma época, tras desalojar a la familia de un pandillero, ocurrió otro incidente. Farías cuenta que conducía a baja velocidad por una calle de Pico-Union cuando “un muchacho me abrió la puerta del carro y me puso una pistola en la cabeza. Cerré los ojos y al abrirlos ya estaba otro pegándole”.

El pistolero, afirma ella, le confesó que lo habían mandado a matarla por aquel desalojo.

También las viviendas del grupo han sido el blanco de tiroteos y ataques. Tras la construcción de un complejo de apartamentos cerca del centro de Los Ángeles en los 90, el jefe de la pandilla Diamonds se le acercó para decirle: “Ya te dejé construir tus apartamentos ¿Cuándo me dejas ser el encargado?”.

Farías no aceptó y hubo consecuencias. “Como seis personas llegaron a tirotear. Me balacearon todo el edificio”, dijo ella y señaló que posteriormente hicieron explotar dos coches con tanques de gas.


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'Dios me puso en este trabajo'

A pesar del riesgo, Farías continúa en su labor al lado de unos 70 voluntarios. “Nunca he tenido miedo. Dios me pudo en este trabajo y para eso nací”, comenta.

Ana Patricia Salas, quien es promotora comunitaria del grupo, dice que considera a Farías como una madre, porque evitó que se uniera a una pandilla y le ofreció un apartamento en Pico-Union. Pero ahí balearon a su hijo cuando apenas tenía un año y medio. Ocurrió en 1992.

“Ella (Farías) me ha dado apoyo emocional”, afirma Salas.

Además de vivienda (para lo cual recibe fondos municipales, estatales y federales), esta organización ofrece programas de consejería, rehabilitación y artes, tiene un gimnasio de boxeo y tiene un programa académico en convenio con la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA). Una de sus actividades es limpiar los callejones, borrar grafiti y elaborar murales en las esquinas más conflictivas.

Farías menciona que su grupo no recluta a pandilleros, sino que estos llegan por propio pie. “Ayer vino una muchacha de 18 años que consumía drogas y perdió a sus tres hijos (le quitaron la custodia)”, dice.

Aunque las instalaciones de su organización son consideradas una “zona neutral” por las pandillas del barrio, ella alerta que en las calles no hay tregua. A lo largo de los años, afirma, han matado a unos 40 niños que se le habían acercado intentando regresar al redil.

“Todos ellos me siguen doliendo, pero más un niño de 12 años al que le dieron un balazo en la cabeza. Porque a esa edad no saben lo que está pasando, solo son parte de un círculo vicioso”, dice.


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