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Inmigrantes indocumentados

Mujer de Los Ángeles ayuda a salvar a inmigrantes abandonados por coyotes en la frontera de Texas

Una inmigrante atendió el teléfono de uno de sus compañeros de travesía que estaba desfalleciendo, sin imaginar que esa llamada desde Los Ángeles no solo salvaría su vida, sino también la de otras ocho personas que, como ella, había, quedado varados en medio del desierto de Texas: sin agua y con muy poca batería en los dos celulares que llevaban.
7 Jul 2021 – 06:57 PM EDT
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LOS ÁNGELES, California.- A Sara Geraldina Martínez le tocó ser el bastión de sus compañeros inmigrantes, a quienes les salvó la vida cuando tras ser abandonados por un coyote en medio del desierto de McAllen, Texas atendió el teléfono de uno de sus compañeros moribundos.

Nos vinimos desde el 19 de enero”, dijo Martínez, de 32 años, a Norma Roque, periodista de Univision34 Los Ángeles, relatando el inicio de la travesía que después de seis meses la dejó en un limbo migratorio, emocionalmente desgastada y con miedo a regresar a su país, El Salvador.

La mujer asegura que en su país le dijeron que la frontera estaba abierta y que era segura “la pasada” y que tras cruzar el río, inmigración de EEUU les daría oportunidad de asilo político, por lo que se arriesgó al viaje buscando mejores oportunidades para sus tres hijos.

Abandonado en el desierto

Martínez tomó un video en el que documentó la crítica situación de, por lo menos ocho personas, tiradas en el suelo en pleno desierto, entre llantos y sollozos femeninos y una voz que parece decir “lo siento” en medio de las lágrimas.

La inmigrante relató que se habían escapado de entre un grupo de migrantes de 30 personas a quienes los habían traído desde el país centroamericano con la promesa de que en 15 días estarían en EEUU, pero pasaron casi siete meses y todavía no habían podido lograrlo.

De acuerdo con la migrante, trataron de cruzar la frontera “seis veces” y en el último intento, asegura haber caminado desde Reinosa a McAllen toda una noche y todo un día, en medio de una tormenta y rodeada de espinas en el terreno que tuvo que caminar descalza porque sus zapatos “se quedaron en el lodo”.

Al llegar al Texas, fueron retenidos por durante 11 días por los coyotes en una bodega, sin comida, ni agua y golpeados o amenazados a punta de pistola por los traficantes. Luego del encierro los sacaron a caminar por el desierto. “Fueron tres días de caminata”, relató Martínez.

“No me dejes aquí”: el escape en el desierto

Luego de tres días de caminata, el 12 de junio, “sin agua ni comida” la mujer relató que del grupo de 30 algunos comenzaron a desfallecer y vio cómo los coyotes comenzaron a quitarles los celulares para que no llamaran a inmigración. En ese momento, le dijo a otros de sus compañeros que era el momento de escapar.

“Sabíamos que ya no íbamos a llegar, pero por lo menos salvaríamos nuestras vidas”, con el poco aliento que les quedaron lograron despegarse del grupo lo suficiente como para perderle el rastro al “guía”.

Tras el último esfuerzo, todos desvanecieron y fue cuando uno de los teléfonos sonó. La llamada era desde Los Ángeles para uno de los hombres en el grupo que le había pedido a Martínez que “No lo dejara, que lo ayudara por sus hijas”.

Esa llamada cambió el destino de todos y de acuerdo con la migrante, el contacto desde la costa oeste era de la organización “Mujeres de hoy”, con quien uno de los hombres del grupo se pudo contactar a través de las redes sociales.

La organización en Los Ángeles dio parte a los consulados de El Salvador y Guatemala en Los Ángeles y en Texas, también llamó a la oficina de la patrulla fronteriza para que los recataran el 19 de junio, fueron hospitalizados y luego deportados.

De su grupo inmediato nadie murió, pero agrega que los oficiales fronterizos le pidieron identificar algunos cuerpos que habían encontrado, pero la mujer se negó porque estaba emocionalmente muy mal. Ahora se encuentra junto con otros inmigrantes en un campamento en Tamaulipas, en la frontera sur de México en donde asegura estar en un limbo migratorio y emocional y lo, pero es que se arrepiente de la travesía y pide a otros que no arriesguen sus vidas.

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