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Juicios

Gabrielito no tenía piel en el cuello y un balín estaba en su ingle: el testimonio de una enfermera en la corte

Varias lesiones corporales fueron detalladas por una enfermera que recibió al niño Gabriel Fernández, de ocho años, cuando este llegó inconsciente a un hospital de Los Ángeles. El juicio por la muerte del menor sigue en curso.
21 Oct 2017 – 3:30 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.- “Había quemaduras, heridas abiertas, moretones, marcas en la piel, le faltaba la piel en la parte superior del cuello, lesiones múltiples… de pies a cabeza”. Es el testimonio de la enfermera Alison Segal que se escuchó en el juicio por la muerte del niño Gabriel Fernández en 2013.

Segal atendió al niño de ocho años en el hospital Antelope Valley, luego de que fue encontrado inconsciente en un apartamento en Palmdale, en el norte del condado de Los Ángeles, en California, el 22 de mayo de 2013. La descripción de esta enfermera fue requerida en el juicio contra Isauro Aguirre, uno de los acusados por la tortura y muerte de Gabrielito.

“Tuvieron que resucitarlo con medidas extremas”, aseguró Segal en el tribunal, en el cual se mostraron gráficos que mostraban las múltiples lesiones corporales que tenía el niño antes de perder la vida. Isauro Aguirre, de 37 años, y su novia Pearl Fernández, madre de Gabrielito y quien enfrentará un proceso judicial separado, lo habrían lastimado al extremo porque creían que era gay, según los fiscales.

La enfermera dijo que sabía que el reporte inicial afirmaba que el menor se había caído en la ducha, pero indicó que ella sabía que era una mentira. Ella declaró que Gabrielito, quien tenía una temperatura de 88 grados (por debajo del nivel regular) estuvo conectado a un respirador artificial y que su corazón se detuvo en dos ocasiones.


De acuerdo a Segal, el pequeño también tenía lesiones en el cuello y en la ingle causadas por una pistola de aire. Y aseguró que incluso un balín seguía alojado cerca de sus genitales. También notó que le faltaban algunos dientes, que tenía cortes dentro de la boca y en los labios, que presentaba heridas y marcas en la cabeza y mejillas, y que había otras lesiones que comenzaban a sanar.

Anteriormente testificó la hermana mayor de Gabrielito, Virginia, de 14 años. Ella aceptó que le tenía miedo a su madre, quien en una ocasión la golpeó con un bate. La menor dijo que por órdenes de ella limpió la sangre de su hermano el día en que los paramédicos fueron a su casa.

La Fiscalía de Los Ángeles interrogó además a médicos y agentes del orden que vieron el cuerpo “golpeado, quemado y magullado” del pequeño, tras 13 días de tortura previos a su muerte.

“Cada centímetro de Gabriel estaba magullado e hinchado. Su piel era de color negro y azul. Recuerdo que al tocarlo estaba frío”, declaró Emily Rebar, una de las enfermeras que atendió al niño.

“Su pene parecía como si alguien hubiera intentado cortarlo”, dijo por su parte el agente del Sheriff, Jonathan Beck, ante el jurado.

El caso de Gabrielito, que conmocionó a todo el país, ha servido de precedente para reformar el sistema de protección de menores en California. Sin embargo, han surgido otros cuestionados sucesos de abuso infantil, como el de Yonatan, el niño con autismo que fue sedado y oculto en el clóset por su madre antes de que la Policía lo encontrara muerto el 22 de agosto de 2016 en su casa en Los Ángeles.

El caso de la muerte Gabriel Fernández contado en imágenes

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