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Educación

A Harvard tras tener que aprender a hablar y escribir de nuevo

La joven indocumentada Rosa Vázquez tiene 18 años y una sonrisa de oreja a oreja, la misma que hace apenas 2 años no podía apenas gesticular por sufrir una parálisis severa que la obligó a empezar de cero. Logró salir adelante y ahora celebra haber cumplido su sueño de ser aceptada en Harvard.
18 Abr 2016 – 6:10 PM EDT

LOS ÁNGELES, California.- Tuvo que aprender de nuevo a caminar, a hablar y escribir, y estuvo cerca de rendirse, pero dos años después la mexicana Rosa Vázquez, residente en Santa Ana (California) logró superar todas las dificultades para hacer realidad su sueño de convertirse en estudiante de Harvard.

A sus 18 años, esta estudiante indocumentada posaba este lunes con una sonrisa mientras se daba un paseo por el campus de la reconocida universidad de Massachusetts, donde ha pasado unos días para conocer a quienes serán sus nuevos compañeros el próximo curso, cuando empezará su carrera de Ciencias Políticas.

“Harvard es como un cuadro, es una maravilla. Siento que estoy en casa, que pertenezco a este lugar”, dijo Vázquez en declaraciones a Univision Los Ángeles. La joven latina anhelaba ser aceptada en esa universidad desde que estaba en quinto grado y su profesora les contó maravillas de esa institución donde a ella -su maestra- le hubiera gustado estudiar.

“Me enamoré de la escuela. Ella nos contó de gente muy exitosa que se había formado allí. Siempre quise tener éxito en la vida, y Havard para mí era lo mismo que ser exitosa”, contó Vázquez, que tomó como modelo a seguir a la magistrada Sonia Sotomayor, la primera juez hispana en la Corte Suprema de Estados Unidos.

“Vino de un lugar de pobreza, sufrió mucho en la vida y lo superó”, manifestó Vázquez quien desde los 10 años padece de migrañas crónicas, una condición que empeoró drásticamente en diciembre de 2013.


Empezar de cero

“Tuve una migraña que me hizo llorar. Fuimos al hospital, me dieron morfina y volvimos a casa. Al día siguiente la migraña regresó 10 veces más fuerte y la mitad de mi cara quedó paralizada. No podía hablar, ni moverme, no reconocía a mi mamá. Regresé al hospital en ambulancia”, relató.

Entonces comenzó un suplicio que duró meses y la llevó a estar postrada en cama, perder toda autonomía –necesitaba ayuda para ir al servicio- y someterse a terapias para recuperar la movilidad, aprender a escribir y a hablar de nuevo. Rosa fue diagnosticada de migraña compleja.

En febrero de 2014, después semanas de tratamiento y recaídas, Rosa Vázquez tocó fondo.

“Me caí y me recogieron del suelo, no me podía ni levantar de la cama. Por tres o cuatro días me rendí. Ya no quería ir a Harvard, nada”, explicó la joven que tres días más tarde recibió un correo electrónico de esa universidad que le hizo recuperar las ganas de luchar. Era un mensaje genérico que invitaba a los estudiantes a enviar su solicitud de matrícula.

“Mentalmente estaba bien y me di cuenta de que aún podía conseguirlo, incluso aunque no me recuperara físicamente. Harvard sí era una posibilidad real”, confesó. A pesar de que los doctores se lo desaconsejaron, la mexicana regresó a la escuela a tiempo parcial y estudió desde casa con el apoyo de sus padres. Al final de aquel curso sus calificaciones fueron sobresalientes. Todo “A”, menos una “B”.


Harvard dice sí

Rosa fue aceptada en Harvard en diciembre de 2015, también fue preseleccionada para Yale y Princeton. Las autoridades académicas no solo la quisieron como alumna, también le concedieron una beca completa que cubre su escolarización, manutención y parte de sus desplazamientos.

Desde Harvard mira el futuro con ilusión, aunque sabe que sus opciones están limitadas por su estatus migratorio. Debido a que estuvo unos meses en México en 2008 por la muerte de su abuelo, Rosa quedó excluida de los beneficios de la Acción Ejecutiva migratoria. Su aspiración es convertirse en una abogada de derechos civiles igual que César Vargas, un mexicano indocumentado que este año fue autorizado para ejercer la abogacía en Nueva York.

Váquez contó que recibió críticas por su aceptación en Harvard por el hecho de no tener papales, aunque prefiere hablar de otros testimonios.

"Me llegaron tres mensajes de personas indocumentadoas que no conozco. Me dijeron que mi historia les ha inspirado a no tener miedo. Yo no tengo nada, si quieren, me deportan", declaró la estudiante que con el tiempo ha aprendido a controlar sus migrañas y los factores que pueden hacerla aparecer, como el estrés.

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