Afuera de agencias de envíos del sur de Florida, familias esperan con cajas llenas de leche en polvo, café, medicinas, pañales, baterías y generadores. Del otro lado del mar, esos paquetes se han convertido en una parte central de la vida cotidiana de miles de hogares en la isla.
Hacen fila por horas en Miami para ayudar a sus familias en Cuba y muchos ya envían hasta generadores
En Miami, miles de cubanos siguen sosteniendo a sus familias en la isla. Entre largas filas y cajas llenas de leche, café, medicinas y generadores, la diáspora intenta aliviar la crisis, los apagones y la escasez que golpean a Cuba.
Personas llegan con carritos, maletas o el baúl del carro lleno. Algunos esperan durante horas para despachar productos básicos. Otros calculan cuánto pueden mandar esta vez sin desajustar el presupuesto de la semana. Para muchos cubanos en Florida, enviar ayuda dejó de ser una excepción y pasó a ser una rutina.
Aiza Cruz abrió el maletero de su vehículo frente a una agencia en Miami y mostró lo que preparaba para su familia. “ Un protector para el colchón, leche en polvo para alimentarlos”, contó a CNN Newsource mientras acomodaba los paquetes. Entre los artículos también llevaba toallitas húmedas para el cuidado de un adulto mayor encamado.
En muchas familias, el envío no es un gesto ocasional sino una forma de suplir carencias que se arrastran desde hace años y que hoy se han profundizado.
“Siempre hay que mandar algo”, explicó. Y mencionó un producto que, dice, nunca falta en sus cajas: café. “El desayuno del cubano típico es café con leche. El cubano sin café con leche, no ha desayunado”.
La demanda de envíos está disparada
Durante décadas, la diáspora cubana ha sostenido a familiares dentro de la isla mediante remesas, recargas telefónicas y paquetes. Pero residentes y empresarios consultados en Miami aseguran que l a demanda aumentó en las últimas semanas por el deterioro de las condiciones internas y por la incertidumbre sobre rutas, costos y restricciones.
Bryan Calvo, alcalde de Hialeah, una ciudad con amplia población cubana, dijo que hay jornadas en las que la presión sobre estos servicios se hace visible. “Hay días donde no se puede enviar ningún producto y ahí es cuando ves muchas personas mandando no por los métodos aéreos, no llevando varias maletas en el avión con sí mismo, como lo que se llama colectivamente una mula”, aseguró a CNN.
Ese mecanismo ha crecido en distintos momentos cuando fallan canales formales, aumentan tarifas o se retrasan entregas. El trasfondo hoy es la crisis acumulada.
Cuba enfrenta desde hace años problemas de generación eléctrica por el deterioro de sus termoeléctricas, falta de combustible y limitaciones financieras para importar insumos. A eso se suman inflación, escasez de productos básicos y una caída de ingresos externos tras la pandemia y la reducción del turismo.
En la calle, el impacto se traduce en apagones prolongados, dificultades de transporte, falta de medicinas y altos precios para alimentos esenciales. Lo que antes era difícil de conseguir, hoy puede tardar semanas o costar varias veces el salario mensual de un trabajador estatal.
La falta de combustible también se agravó por las sanciones de Estados Unidos y por medidas que frenaron envíos de petróleo desde aliados como Venezuela, una fuente clave para la isla durante años.
El tema también elevó la tensión entre Washington y La Habana. Mientras el gobierno cubano pide aliviar restricciones energéticas, Estados Unidos mantiene exigencias políticas y económicas para revisar sanciones.
Ramón Rizo, residente de Miami con familiares en la isla, resumió lo que le reportan desde allá sus familiares y conocidos. “Pésima porque no hay corriente, no hay gas, no hay petróleo, no hay gasolina, no hay nada y la gente a oscuras”.
Por eso cambió también el contenido de las cajas. Si antes predominaban ropa o alimentos secos, ahora ganan espacio artículos vinculados a la energía: lámparas recargables, baterías externas, ventiladores pequeños y plantas eléctricas.
Envían hasta generadores
José Antonio Govea llegó a una agencia con una caja distinta. No llevaba comida. Llevaba un generador para su madre en Cuba. “La recarga y después tú la pones cuando no tienes electricidad. Ella tiene una allá, pero se la rompió”, explicó.
El costo del envío revela el esfuerzo económico que asumen muchos emigrados. El equipo le costó 300 dólares y el transporte otros 104. En total, 404 dólares por una sola caja.
Para una parte de la comunidad migrante, ese gasto se suma a renta, gasolina, seguros y alimentos en Estados Unidos. Aun así, muchos continúan enviando ayuda porque saben que del otro lado dependen de ello personas mayores, niños o familiares enfermos.
La presión no es solo económica. También es emocional. Los emigrados reciben llamadas pidiendo medicinas, piezas para un refrigerador, leche para un niño o una batería para alumbrarse cuando falla la electricidad. Cada envío resuelve una urgencia, pero no elimina la siguiente.
José Antonio Govea lo expresó mientras cerraba su caja rumbo a Cuba. “Yo espero que si Dios lo permite que esta administración Donald Trump, nuestro presidente, haga un cambio o que se lleve una solución porque nosotros no podemos seguir con esto”.
Luego añadió una frase que se repite en muchas conversaciones de la comunidad cubana en Florida. “La solución no es ésta, mantener a nuestra familia toda una vida”.
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