Empleo

Inmigrantes hispanos con trabajo se ven obligados a vivir en la calle en Chicago

Estos trabajadores ganan entre 400 y 600 dólares por trabajar seis días a la semana, 12 horas diarias, como lavaplatos, pela papas, freidores y cocineros.
30 Jun 2016 – 5:39 PM EDT

CHICAGO, Illinois. El hogar de un grupo de inmigrantes indocumentados en Chicago está entre unos matorrales; a la vista de todos, aunque para muchos sean invisibles.

Jose Pimentel, de 46 años y la mirada un poco cautiva de la media docena de cervezas que se ha tomado en lo que va de la mañana, cuenta que tiene familia en Chicago y aunque ellos saben que vive en la calle desde hace varios meses, prefiere no molestarlos, porque le da vergüenza. Después de todo, admite, “salir del pozo” depende de él.

Aunque a primera vista Pimentel parece indigente, él tiene empleo. Su problema es que lo que gana no le alcanza para vivir de otra forma.



La periodista Kari Lydersen conoció a José Pimentel cuando se fijó en el grupo de 30 hispanos indocumentados que viven a un costado de las vías del tren, en un sector de la ciudad que por cuestiones de seguridad pidieron no identificar. Su sorpresa fue descubrir que todos tienen trabajo.

“Mucha gente piensa que quien vive en la calle es un vago”, explica Lydersen, quien publicó la historia en The Guardian. Aún asombrada, denuncia que “estos hombres trabajan largas jornadas y lo hacen a través de agencias de empleo temporal, que ni siquiera les aseguran un sueldo mínimo que les permita salir de la miseria".

En el 'campamento' donde viven, las necesidades básicas no están satisfechas y el único refugio con el que cuentan son las hojas de los árboles.



La situación es deprimente, confiesa Heriberto, quien pide mantener su identidad en resguardo. Para él, lo más difícil es superar esa nostalgia que lo invade cuando se queda solo, a sus 56 años, pensando en que hace una década no ve a sus nueve nietos, que viven en México.

“Yo he llorado aquí, solito. Cuando no hay nadie. Me siento triste, como tirado a la basura”, lamenta.

Entre la basura, pasa sus días esta 'familia' improvisada, donde se ayudan uno al otro, mientras algún buen samaritano se les acerca y les permite acceder a comida caliente y ropa limpia.

Su vida no debería ser así, pues tienen un trabajo. Sin embargo, están expuestos al abuso laboral y esa situación no les permite romper el círculo vicioso de la miseria. “Es el único trabajo que podemos tener. Otro trabajo no, porque piden ID y aquí en Chicago es poco el trabajo que hay”, explica Pimentel.

Trabajan en restaurantes chinos y japoneses y lo hacen a través de agencias de trabajo temporal que la Fiscalía General considera clandestinas.



Una demanda interpuesta ante una corte local en noviembre pasado contra tres agencias de empleo temporal y dos restaurantes chinos de Illinois así como una importante cadena de negocios dedicados a la gastronomía, forma parte de una investigación acerca de estos empleadores.

Una de las agencias fue clausurada por la ciudad de Chicago por violaciones al código de edificios, pero las otras dos agencias siguen funcionando.

“Están pagando como $5.25 la hora, pero como yo le mando (dinero) a mi familia, no me quedo con nada”, alega Pimentel.

El salario mínimo a nivel federal es de $7.25 la hora y en Illinois es de $8.25 la hora.

A pesar de que estos trabajadores indocumentados están protegidos por las leyes laborales de EEUU, pocos lo saben y menos aún se atreven a reclamar sus derechos.

ABUSOS LABORALES, TRATO CASI DE ESCLAVOS

La demanda de la procuraduría aún se encuentra en su etapa de descubrimiento de pruebas y menciona a las agencias de empleo temporal Xing Ying, Chinatown Agencia de Empleo y Jiao´s Employment Agency. Estas agencias de trabajo temporal están siendo investigadas por la oficina de la Procuradora General, Lisa Madigan, por presuntas violaciones a los derechos laborales, civiles y humanos de personas como Pimentel y Heriberto.

“Es increíble que esto ocurra en el 2016, pero a través de nuestra investigación nosotros nos dimos cuenta que esta industria existe por estas prácticas discriminatorias ilegales”, dice Cynthia Flores, abogada de la Procuraduría General de Illinois.

Según consta en los documentos sobre la investigación, las agencias proveen a estos trabajadores con boletos de autobús y tren para enviarlos a otros estados, donde viven en casas controladas por dueños de los restaurantes.



Los empleados deben abonarle a la agencia entre 120 y 250 dólares en concepto de comisión por cada trabajo que les consiguen. La comisión, más el pago del transporte y el alojamiento, es el equivalente a cuatro días de trabajo.

Estos trabajadores ganan entre 400 y 600 dólares por trabajar seis días a la semana, 12 horas diarias, como lavaplatos, pela papas, freidores y cocineros.

“Te pueden mandar a Minneapolis, a Atlanta, a Georgia... Te pueden mandar aquí a Illinois, a Aurora... no sabemos a dónde nos mandan”, cuenta Pimentel.

Una vez que se acaba el trabajo que, generalmente no dura más de un mes, estos hombres quedan a la deriva y no tienen más remedio que regresar a Chicago, a vivir en la calle, a la sombra de los rascacielos de la Ciudad de los Vientos.

Los propietarios implicados y sus abogados sólo se limitaron a negar cualquier delito o conexión con los trabajadores desamparados.

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