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Inmigración

"Esta es una mujer que tiene un futuro brillante": jueza tras conceder asilo a joven que cruzó la frontera sola con 13 años

"Ella ha demostrado que está realmente unida a este país" declaró la jueza Jennie Giambastiani sobre la hondureña Maryori Urbina Contreras, quien llegó sola a EEUU hace 4 años buscando a su madre y huyendo de la violencia de su lugar natal.
1 Mar 2018 – 9:36 AM EST

CHICAGO, Illinois. Una jueza de inmigración le concedió el asilo político a Maryori Urbina Contreras, adolescente hondureña de 17 años de edad, quien luchaba por no ser deportada del país.

Urbina relató, en una audiencia que duró un poco más de cuatro horas, cómo fue víctima de violentas pandillas en su tierra natal. La jueza de inmigración Jennie Giambastiani tardó 15 minutos en deliberar sobre su caso. " Esta es una mujer que tiene un futuro brillante y ha demostrado que está realmente unida a este país", dijo Giambastiani en la corte según el Chicago Tribune.

Tras la decisión, la adolescente podrá solicitar la tarjeta de residencia dentro de un año para posteriormente buscar la ciudadanía. Fuera del tribunal de inmigración, Urbina Contreras envuelta en una bandera estadounidense celebró el momento con familiares y activistas que la apoyaron.

“Me siento muy feliz de que finalmente puedo estar en este país, con mi familia y saber que estoy a salvo y que tengo paz en mi corazón”, declaró Urbina Contreras en conferencia de prensa.

“Estoy más que contenta de saber que mi hija se queda conmigo”, dijo Tania Contreras, madre de la adolescente.

No fue un camino fácil


Su victoria no era sencilla. De acuerdo con el Chicago Tribune, citando un estudio de la Universidad de Syracuse, el 78% de los casos de asilo de Honduras fueron denegados en todo el país desde el año fiscal 2012 al 2017.

Para que se le otorgue asilo, una persona debe establecer una persecución pasada o un temor de persecución futura debido a su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a un grupo social en particular u opinión política. De hecho, Urbina Contreras solicitó asilo por primera vez en 2015 y le fue negado.

Pero la jueza Giambastiani determinó el miércoles que la adolescente formaba parte de un grupo social de mujeres jóvenes y pobres, sin protección de la familia, que podría estar expuesta a más violencia, y dictaminó que no era razonable creer que la menor sería capaz de mudarse a una parte más segura de Honduras si regresaba.


Urbina forma parte de los casi 68,000 menores centroamericanos que llegaron solos al país buscando a sus padres en 2014. En ese entonces, con tan sólo 13 años de edad, Marjorie emprendió un duro viaje para reunirse con su madre, quien la dejó en Honduras con una tía cuando tenía ocho meses de nacida.

Tras ser asaltada a los 12 años a punta de pistola mientras estaba en un taxi camino a la escuela y de ser testigo de un asesinato de un hombre en plena calle, la menor decidió salir en busca de su mamá.

"Decidí irme, pero no quería involucrar a mi tía", relató la menor, quien buscó la ayuda de compañeros de la escuela que tenían padres que habían emigrado a Estados Unidos.

"Hablé con niñas y sus madres y me enteré que había un grupo que se preparaba para el viaje, me encomendé a Dios y dije 'vamos'", expresó Marjorie, quien confiaba en que las desconocidas conocían el camino y que la iban a proteger.

Sin ayuda de coyotes, la adolescente pasó 15 días caminando, pidiendo transporte en la vía y viajando en autobuses para llegar hasta la frontera con Texas con poco más de 20 dólares, una muda de ropa y un rosario.

"Tuve mucho miedo, siempre estuve rodeada de desconocidos, dormíamos en el suelo y muchas veces no comíamos", relató la adolescente.

Mientras el grupo avanzaban narra que se fueron juntando otras mujeres y entre ellas se cuidaban y así llegó a El Paso, Texas. Ahí, inmigración la detuvo durante cinco días y luego la trasladó a una casa hogar en Texas, donde permaneció un mes hasta que la comunicaron telefónicamente con su madre.

"En la casa me alimentaron, medicaron y me dieron ropa", dijo Maryori, quien pudo hablar semanalmente con su mamá hasta que fue enviada por avión a Chicago, donde finalmente pudo volver a ver a la mujer que le dio la vida y conocer a sus dos hermanas menores que son ciudadanas estadounidenses.

Sobre las otras experiencias que vivió en Honduras, Christopher Helt, abogado de la joven, indicó que la menor fue testigo y víctima de robos violentos a manos de pandilleros hondureños y que podría enfrentar más persecución si se la obligara a regresar al país.

La menor también dijo que casi fue secuestrada por miembros de pandillas que robaron la casa de su tía, por lo que temía que si la envían de vuelta a Honduras, podrían forzarla a prostituirse o incluso matarla.

Tras la decisión de la jueza, Marjori, quien vive en Waukegan, ciudad al norte de Chicago, con su familia, ahora podrá concentrarse en sus estudios y alcanzar otro de sus metas, la de convertirse en una enfermera registrada.

¿Quién responde por los menores migrantes?

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