Zapatos

Los aliados secretos de las novias (y las tres condiciones que tienes que buscar en tus zapatos)

Si ya vas a gastar cantidades indecibles de dinero compra zapatos con los que de verdad puedas caminar, con lo que bailes hasta el amanecer y que sobrevivan después de la fiesta.
27 May 2016 – 9:54 AM EDT

Encuentras los zapatos de novia con los que has soñado desde que viste La Cenicienta a los tres años, son de tu número y por si fuera poco, aún te queda algo de dinero para la luna de miel. ¿Qué podría fallar?

Noventa minutos después de iniciada la ceremonia, sabes que tu capacidad de soportar el dolor encontrará su máxima prueba en esta ocasión y terminas por andar descalza, cruzando los dedos para que en el mejor de los casoso, no tropieces con tu vestido dados los varios centímetros de menos. Un accidente por llevar los zapatos equivocados le puede suceder a cualquiera, incluso a una modelo (es decir: una mujer entrenada para caminar con los pies metidos en los artilugios más imposibles).



Esto lo puede constatar cualquier novia que haya comprado sus zapatos con los ojos y no con la cabeza (que son la mayoría). ¿Qué caso tiene gastar tanto en unos zapatos de novia que usarás un total de 90 minutos (si bien te va)? El calzado de novia rara vez recibe tanta atención como el vestido, pero harás bien en considerarlo tu mejor aliado, si bien el menos reconocido.

Los zapatos de novia deben de cumplir con tres condiciones.



Aptos para caminar.

Esto parecería un no-brainer, pero es asombroso el número de novias que terminan comprando un zapato que en nada se parece a los que usa normalmente. Si bien es cierto que se trata de un día irrepetible, no es el mejor momento para salirte de tu zona de confort. Si no acostumbras usar tacones muy altos, por ejemplo, el día de tu boda es el peor momento para comenzar. Entre más se parezcan tus zapatos de novia al tipo de zapatos que estás acostumbrada a usar, más probable será que permanezcan en tus pies a lo largo de esas varias, muchas, horas.



Aptos para bailar.

Hay tres maneras de asegurarte de que no te verás en la situación de mandar a la dama de honor por los tenis a media boda. En primer lugar: practica. En segundo lugar: practica. Por último: practica. Cuando te hayas decidido por tu vestido y antes de cerrar la etapa de los ajustes (como por ejemplo el dobladillo), compra tus zapatos y úsalos al probarte el vestido para darle los toques finales. No los dejes guardados en su caja hasta el día de la boda; úsalos, camina con ellos, baila, ensaya. Esto no sólo ayudará a que te acostumbres a ellos, sino que el uso hará que la suela no esté demasiado lisa llegado el gran día, evitando así que ofrezcas un espectáculo de surf en el momento menos aconsejable.



Aptos para usarse después.

Si no estás entre las mujeres a quienes su mamá trató de convencer de usar sus zapatos (o, para el caso, su vestido) de novia, después de haberlos guardado con ese anhelo en mente, lo más probable es que no seas un ser humano del sexo femenino. Aprende de esa lección: nadie va a querer tus zapatos de novia más adelante y como vas gastar en el calzado perfecto la mitad de lo que costará tu luna de miel, más vale que puedas usar tus zapatos incluso al terminar de sonar las doce campanadas. Los tonos metálicos, los tonos pastel y los neutros son excelentes opciones y las tendencias de temporada ofrecen una gama enorme. Piensa fuera de la caja y compra algo que tenga una vida después de la boda. Y prométete a ti misma que no se los "sugerirás" a tu hija llegado su día.

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