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Realitys shows y nuestra obsesión por ellos

¿Por qué nos encanta ver estos programas? ¿Qué dice esto de nosotros?
31 May 2016 – 2:49 PM EDT

Recuerdo el primer reality show que vi. Se trataba de ‘The Real World: Hawai’, transmitido por MTV, el cual cambiaba las locaciones conforme iban pasando las temporadas. Era algo totalmente novedoso para todos. Un grupo de desconocidos –todos guapísimos- de distintas nacionalidades iban a compartir una casa en Hawai. La casa era una mansión con todas las comodidades para los participantes y lo que hacían básicamente era pasarla bien. No está muy lejos de los realitys shows de hoy, ya que Jersey Shore es casi lo mismo, pero mucho más explícito en sus escenas de sexo y casi no censura los comportamientos de los participantes en estado de ebriedad.

Luego vinieron los niños bonitos de Laguna Beach -The Real Orange County, como rezaba su lema-, haciendo alución a la serie The O.C., con un guión muchísimo más pauteado. Si bien su éxito fue inmediato, se notaba que sus protagonistas estaban actuando y, de hecho, la única que logró el éxito después de Laguna Beach, fue Lauren Conrad, quien logró su propio programa The Hills. Conrad se convirtió en un ícono de la moda por su buen gusto y sacó más de un libro relacionado con la moda. Del resto de los participantes nunca más se supo nada.


Los Reality Shows hoy

Actualmente el panorama no ha cambiado mucho, ya que el formato de reality show es prácticamente el mismo que en el pasado. Parejas que son llevadas a una isla paradisíaca para poner a prueba su relación en Temptation Island, dos desconocidos se ven por primer vez desnudos en Adán y Eva y a un grupo de jóvenes se les paga por pasárselo increíble en Jersey Shore.

A simple vista podemos calificar todos estos programas como “basura televisiva”, pero hay un componente morboso por el cual nos gusta ver este tipo de programas. " Cuando vemos a un grupo de personas interactuando y reaccionando frente a diferentes estímulos, se produce un fenómeno espejo en el cual nos identificamos con algunos rasgos de estos sujetos y sus reacciones”, explica la sicóloga chilena Natalia Castro Avilés al diario el Observador. “La identificación genera que nos convirtamos en espectadores habituales de esta ‘realidad’ televisada, lo que provoca el alto rating que tienen”.


Es esa la identificación que nos mueve para mirar este tipo de televisión, o quizás porque en el fondo nos gustaría ser uno de ellos para experimentar lo que se siente ser famoso; va a depender de cada uno. Ver las frivolidades de la familia Kardashian en Keeping up with de Kardashians puede parecer asunto de alguien que no piensa mucho, pero en el fondo es un placer culpable muy extendido el de no poder dejar de ver con qué ropa saldrá Kim, la evidente lejanía de Kendall con su familia o la inestable relación de Khloé con Lamar. Quizás ni siquiera es identificación –nadie es tan millonario ni tan polémico como ellas-, sino una actitud morbosa más cercana a ese deseo humano de divertirse con el ridículo ajeno.

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