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¿Por qué eligió Hillary Clinton púrpura para su último traje como candidata?

Una mujer que había hecho del significado de sus sastres y de los colores que llevaba puestos una de sus fortalezas políticas no iba a dejar que su última elección resultara un simple capricho. Al contrario, su vestido fue simbolismo puro.

Hoy sus colores no parecían tan brillantes como siempre, el negro siempre tan escaso entre los naranjas, rojos y azules de sus amores inundaba hoy sus telas. Su solapa y su blusa, sin embargo, eran púrpura, el mismo color que llevaba su marido Bill Clinton en la corbata y el que la esposa de su formula vice presidencial, Anne Holton, llevaba en su suéter.

Una mujer que había hecho de la significancia de sus trajes y de los colores que llevaba puestos una de sus fortalezas políticas no iba a dejar que su traje final, ese que la despediría de esta alocada carrera hacia la presidencia, resultara una simple elección caprichosa. Al contrario, el vestido con el que Hillary Clinton reconoció el triunfo del presidente Donald Trump, y con el que expresó sus deseos de “que sea un presidente exitoso para todos los estadounidenses”, es simbolismo puro.

Los Clinton estaban de luto parecía la lectura más rápida (algo quizás se había muerto). Habían elegido, sin embargo, el color que en las liturgias religiosa encarna siempre el duelo, la penitencia, una escogencia que muchos leyeron como una evidencia de esa activa vida religiosa que tiene Hillary Clinton más allá de sus avatares políticos.

El púrpura sin embargo, era una manera de llevar con mucha elegancia y sublimación ese luto pues es y ha sido durante los tiempos el color de los emperadores, de los maestros, en parte, porque su consecución en la naturaleza era tan difícil, que solo los más privilegiados podían darse el lujo de costear la extracción del molusco del que se obtenía este tinte.

Pero esa uniformidad de tonos que hubo sobre el escenario esta mañana durante la alocución de la ex candidata demócrata fue leída por otros como un mensaje contundente para seguir encarnando y soportando ese espíritu feminista que se creó en torno a ella y que, retomando la figura de las sufragistas, la convirtió en la mujer que rompería muchas barreras en Estados Unidos y por fin llevaría a las mujeres a la Presidencia.

El púrpura, fue junto al blanco emblemático que usó en sus debates y convenciones, el color que identificó a Partido Nacional Femenino y que según su manifiesto tenía el sentido de ser el color de “la lealtad, la constancia en los propósitos, la inquebrantable firmeza de una causa”, unas consignas que fueron manifiestas sin necesidad de que la candidata las dijera expresamente. Quedaron ahí resumidas en su solapa.

El púrpura parece además ser, casualmente, el color que resulta de la combinación del rojo(republicano) y azul (demócrata), y ya fuera que Hillary Clinton estuviera consiente de eso o no, sí se convirtió en una metáfora de su último llamado: hay que darle a Donald Trump una oportunidad para liderar el país.