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La danza como revolución fotográfica

Parte del éxito del ballet cubano se debe a la herencia afro-caribeña de sus bailarines, sumada a la formación rusa de las escuelas nacionales.
2 May 2016 – 4:04 PM EDT

"Si no puedo bailar, tu revolución no me interesa." Estas palabras de la activista lituana Emma Goldman podría haberlas pronunciado cualquier bailarín cubano de las últimas décadas. En Cuba, el ballet es considerado un tesoro nacional, y esta semana se ha convertido además en fenómeno viral.

Bailarines flotando en el aire, cruzando la carretera, saltando sobre la acera. Las fotografías del puertorriqueño Omar Z. Robles muestran a algunos de los artistas más reconocidos del ballet en un escenario poco habitual: las calles de la ciudad. Tras retratar a bailarines en Nueva York, donde reside, Robles decidió viajar a La Habana para inmortalizar el talento del que tanto había oído hablar. Sus fotografias están dando la vuelta al mundo.

"Ya había conocido muchas historias sobre los bailarines cubanos, su calidad y su calibre, su educación," cuenta Robles a Univision. "Lo que más me impresionó fue su actitud hacia el arte, hacia su propia carrera, opuesta a muchas cosas que uno ve acá. La percepción del artista en Estados Unidos o en Puerto Rico es que es un ciudadano de segunda clase, mientras que en Cuba la gente respeta el trabajo del artista y del bailarín en particular."


Bailarines en Cuba

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En Instagram tiene más de 157,000 seguidores, pero en Cuba eso no significa nada. "Curiosamente, como allí la cultura de Internet no es igual, aunque yo tuviese dos millones de seguidores para ellos eso no era ninguna diferencia," explica Robles. Esto supuso un problema para encontrar bailarines a los que fotografiar. Normalmente, en Estados Unidos, Robles contacta a artistas a través de las redes sociales, sobre todo Facebook, y recibe docenas de peticiones de bailarines que desean ser fotografiados por él y aparecer en su popular cuenta de Instagram.

Antes de llegar a Cuba sólo logró contactar a dos bailarines, pero una vez retrató al primero, se corrió la voz. "Empezaron contactarse entre ellos y a pasarse mi número de teléfono. Tuve primero que encontrarme con ellos en una cita inicial, enseñarles mi trabajo y decirles, 'esto es lo que yo hago, esto es lo que quiero hacer...' y quedar de nuevo para hacer la sesión de fotos. Me pareció interesante esa diferencia con cómo logro contactar a la gente aquí. Los seguidores se han convertido en un tipo de moneda de canjeo, pero allí los seguidores no significan nada."

Sadaise Arencibia fue una de las protagonistas de las imágenes. Durante la sesión de fotos se puso a llover, pero continuó bailando, ajena al agua que empapaba su ropa. "Ella siguió trabajando sin ningún problema," recuerda Robles. Arencibia pertenece al Ballet Nacional de Cuba, donde se formó con la reconocida Alicia Alonso, y actualmente es Primera Bailarina, el puesto más importante al que puede aspirar un bailarín. Ha actuado en Latinoamérica, Europa, Rusia y Australia, y su representación de Giselle en el año 2005 fue alabada por el Financial Times así: "brazos que flotan en la brisa nocturna, y danza dulcemente expresada".

Además de conocer a bailarines de la talla de Arencibia, Robles fue testigo de un momento clave en la historia de la isla: la visita de Barack Obama el pasado marzo. Su viaje coincidió con el del presidente de Estados Unidos, y pudo vivir de cerca el ambiente y las reacciones de la gente al proceso de reapertura. "Había una esperanza y un optimismo que se sentían en aquel momento", dice el fotógrafo.

"Todos tienen un carácter optimista a pesar de todo," añade, refiriéndose a las dificultades económicas por las que pasa una gran parte de la población cubana. Aunque los bailarines del Ballet Nacional de Cuba disfrutan del apoyo del gobierno y cuentan con subvenciones estatales, su salario es muy reducido en la mayoría de los casos. Según Robles, esto es especialmente problemático para ellos: "Para el bailarín el cuerpo es importante y tienen que tener una buena alimentación," lo que supone mayores gastos. "A pesar de ello logran prevalecer".


Pero trabajar para una compañía de ballet en Cuba cuenta con sus ventajas: tener la oportunidad viajar por todo el mundo durante las giras. "Para ellos, el 'highlight' del año es salir de gira y hacer un poco de dinero extra," comenta Robles. "Cuando salen de gira, el sueldo es en dólares, y tienen un poco más de dinero para invertir o para su vida diaria (...) Muchos bailarines cubanos salen y trabajan en compañías extranjeras, y regresan." Laura Tosar, una de las bailarinas a las que fotografió, estará nueve meses en Australia. Las aspiraciones de los bailarines, sin embargo, no son irse de la isla como objetivo principal, cuenta Robles.

La variedad de orígenes que se ve sobre el escenario es difícil de encontrar en otros países, incluso en Estados Unidos, donde la falta de diversidad es una de las principales críticas hacia el sector. El año pasado, Misty Copeland se convirtió en la primera afroamericana de la historia en ser nombrada bailarina principal del American Ballet Theatre. Su logro está abriendo las puertas a bailarines de orígenes distintos, aunque lentamente. Al preguntarle a Robles si percibe un cambio, responde: "No te puedo decir que vea... Bueno, hay un cambio, sí, definitivamente hay un cambio. Históricamente, el ballet ha sido de gente con dinero y de gente blanca. Eso siempre ha sido así. Y sí creo que he visto un cambio, pero todavía falta, en mi opinión. Muchas de las bailarinas latinas y de color con las que yo he trabajado tienen un talento increíble."

Robles nos habla desde el tren de camino a Montreal, hacia donde se dirige para asistir al lanzamiento de una revista. Continúa viajando, como ha hecho durante años. Dejó Puerto Rico para estudiar mimo en la escuela de Marcel Marceau en París, después se recorrió Europa, y tuvo que volver a Puerto Rico cuando se le venció el visado. Las condiciones del teatro en Puerto Rico no eran como las de Europa, y se puso a buscar alternativas, hasta que descubrió la fotografía. "Se parecía al mimo porque era una forma de expresión artística no verbal, y en contraste con el mimo y el teatro, la fotografía me permitía captar momentos y expresarlos de forma permanente".

Entre sus próximos destinos está Brasil, un país que le atrae por razones similares a las que le llevaron a Cuba. "He escuchado hablar de los bailarines que salen de las favelas, es algo que me gustaría explorar un poco más, porque el ballet históricamente ha sido una cultura de gente con mucho dinero, y ver balarines que logran triunfar en un ambiente así me parece interesante."

La repercusión de sus proyecto en Cuba ha superado todas sus expectativas. "Tenía mucha ilusión de que tuviese impacto, pero no me esperaba que fuese tan grande. Como quien dice, yo cuando hago algo me preparo para lo peor. Me he quedado anonadado con la cantidad de sitios que encuentro a diario con mis fotos publicadas, en todas partes del mundo. Me han hecho ofertas para hacer libros... Me ha alegrado mucho también que la gente pueda ver el gran talento que hay en Cuba."


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