Alexa Moreno: "Yo lo único que quiero es que todos dejen de hablar de mi cuerpo"

Después del acoso al que fue sometida por su peso, la gimnasta olímpica confiesa que solo quiere recuperar la confianza en su cuerpo y que tiene nervios de volver a México.
18 Ago 2016 – 11:51 AM EDT

El cuerpo que tiene Alexandra Moreno es el cuerpo que ha resultado de estar en el gimnasio entrenando para ser gimnasta desde los 3 años, la edad en la que sus padres decidieron impulsarla en una disciplina deportiva.

“No puedo decir cuál fue ese primer momento en el que sentí una pulsión para ser gimnasta, porque siempre he sido eso, una gimnasta, no tengo un recuerdo de mí fuera del gimnasio”, dice con voz tímida, de tono casi infantil, la deportista mexicana que ahora puede caminar por la Villa Olímpica sin las presiones de una competencia venidera y que intenta, aunque los medios no la dejen, dejar de hablar del episodio de bullying digital al que fue sometida en el que masivamente se le acusó de sobrepeso, se le llamó "gorda" y hasta se le comparó con un dibujo animado llamado 'Peppa Pig'.

Quizás, más a allá de los designios ineludibles de los genes, fueron el ejercicio y el trabajo intenso de darle forma y fuerza a sus músculos los que terminaron por moldear su silueta de mujer. “Mido 1,48 (4,8 pies) una estatura ideal para ser gimnasta y más allá de los accidentes y los desgarros, mi cuerpo ha sido mi mejor aliado, es el que me permitió viajar a las 8 años a California a competir y es el que a los 11 me enseñó que podía saltar tan alto que casi ninguna otra niña de mi edad me podía ganar”.

Pensar en su cuerpo es un ejercicio natural para Alexa Moreno, y cómo no, si sus mañanas empiezan observando con minucia sus manos mientras las cubre para que no se lastimen con las fricciones de las barras, si la fuerza de esas piernas, que todos dan tan por sentado al levantarse, en su caso deben ser medidas y retadas a su máximo esfuerzo a diario.

“Recuerdo que de niña a mitad del semestre siempre le decía a mi mamá que ya no quería volver al gimnasio; ella me decía que ya habían pagado la matrícula que no fuera caprichosa y esperara, y ahí, a pesar de los cansancios y de que el cuerpo a veces me dolía siempre llegaba el final de la temporada y le decía, 'no, mejor no me quiero ir'”.

Aunque nunca ningún entrenador le dijo que solo había un peso o una talla ideal para ser gimnasta, siempre le insistieron en que no cargara más peso del que podía manejar en sus ejercicios. Nadie le enseñó una dieta, pero siempre supo, casi por intuición, que ella no podía comer pizza como las otras jovencitas de su barrio y como creció así, tampoco lo lamentó.

“La gimnasia no es como el boxeo en el que te califican por tu peso, crecí viendo a gimnastas distintas. Desde la figura perfecta de Nadia Comăneci, pasando por Alicia Sacramone que era más alta y grande o McKayla Rose Maroney. Lo único que de verdad importa es que tu peso no sea un obstáculo para tu desempeño como deportista. En el gimnasio se veía que las que tenían más fuerza, debían trabajar en su elasticidad, otras, por el contrario, por ser tan elásticas no tenían tanta potencia en sus músculos, así que nunca sentí que tuviera que encajar en un estereotipo, porque todas éramos muy diferentes”.


Así, durante años, su cuerpo fue solo suyo. Las disputas que ella pudiera tener con él eran íntimas y del orden de la frustración que pudiera sentir, por ejemplo, cuando se lesionó justo tres meses antes de asistir a los Juegos Olímpicos en Río, lo que le impidió entrenar con la intensidad que hubiera querido.

Pero la semana pasada, después de la competencia de salto en los Juegos Olímpicos de Río, Alexa Moreno, la gimnasta que había logrado representar a un país en una disciplina en la que siempre estaba ausente, tuvo que someterse a que el mundo escrutara su máxima confianza: su cuerpo. “Soy como soy y qué hago, fue muy sorpresivo que después de una rutina que a mí me dejó aliviada, en la que no cometí muchos errores y que sentí muy digna, fuera denigrada porque yo no lucía como ellos querían”.


Ante la avalancha de comentarios que no se referían propiamente a su puesto 31 entre una lista de 59 gimnastas, Alexa no se contuvo y respondió: "Soy mexicana y luzco como mexicana. No pueden esperar ver a una rubia".

“Me sentí mal, aunque mis papás estaban conmigo. Mi hermana me decía que mejor no viera las redes sociales pero cuando empecé a ver los que me atacaban y los que me defendían no sabía si reírme o llorar, ni siquiera me quedaba claro quién estaba a mi favor y quién no”.

Alexa Moreno, sin proponérselo se convirtió en la carne de cañón de un debate que parece no dejar en paz a la sociedad contemporánea que se incomoda igual con los cuerpos femeninos raquíticos, que con los rellenos y con los no tan rellenos. “Yo lo único que quiero es que todos dejen de hablar de mi cuerpo. Es que es mío, de nadie más. Yo quiero que se hable de lo que soy como gimnasta, de mi buen o mal desempeño como deportista. Por eso tengo muchos nervios de volver a México”, confiesa sin dejar que las emociones duras de hace unos días se le cuelen en la voz.

La gimnasta mexicana quiere que esto sea pasajero, desea retomar sus estudios de arquitectura que por entrenar para los Juegos Olímpicos se dilataron mucho durante el último año. Y aunque el mundo quiera hacerla heroína de una causa, tampoco quiere volverse emblema para las nuevas generaciones de niñas e inspirarlas a ser reales, solo quiere reclamar el derecho a seguir confiando en su cuerpo y soñando que como Oksana Chusovitina, pueda competir hasta que tenga la edad en la que libremente quiera retirarse.


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