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A Donald Trump no le ilusiona su nueva casa

Con el reciente anuncio de que Melania Trump y su hijo Barron no se mudarán de Nueva York a Washington, al menos durante los primeros seis meses de mandato, nacen preguntas de cuánto tiempo en realidad pasará el presidente electo en el recinto gubernamental y cuánto en su palacete de Nueva York.
22 Nov 2016 – 3:15 PM EST

Es luminosa, inmaculadamente blanca, está ubicada en una estratégica zona de Washington, en ella solo han habitado personas famosas y relevantes en la historia de la humanidad. Tiene un buen huerto cuidado por la misma Michelle Obama, es muy segura y, sobretodo, la renta es gratis. Sin embargo, Donald Trump y su familia no parecen muy entusiasmados con la mudanza a la Casa Blanca.

El 20 de enero de 2017, cuando el 45° presidente de los Estados Unidos tome posesión, su familia no se mudará inmediatamente con él a la casa de Gobierno. Melania Trump y su hijo de 10 años, Barron Trump, lo harán solo 6 meses después, cuando el pequeño termine su colegio.

El anuncio, dado por el New York Post y confirmado por varios medios, resulta toda una rareza en la historia reciente de la Casa Blanca, a la que siempre se han movido en bloque las familias de los presidentes. Es verdad que las gemelas de George W. Bush siguieron viviendo en el college para no interrumpir sus estudios, pero la ausencia de una primera dama no se vivía desde Anna Harrison, quien en 1841 no se mudó porque su elegido esposo, William Henry Harrison, padeció una neumonía que lo mató al mes de ser elegido.

Michelle Obama también pensó en su momento en no mudarse para respetar el año escolar de Sasha y Malia, pero finalmente desistió de la idea. Melania Trump, por el contrario, parece estar desafiando toda regla y protocolo. Al parecer la campaña presidencial ha dejado algo aturdido a Barron, sin embargo, esta decisión, podría estar realmente alineada con un profundo deseo, que incluso el equipo de Donald Trump ha dejado de manifiesto: el presidente es una criatura neoyorquina y “viajará a Nueva York siempre que pueda”.

Con evidencias claras dejadas en sus épocas de campaña, en las que no importaba cuán lejos estuviera siempre tomaba su avión para poder pasar la noche en su lujoso apartamento en el piso 58 de la Torre Trump, no sorprende que el nuevo presidente quiera mantener más que una razón de peso para visitar (¿cada fin de semana?) su costoso palacete.

La modesta decoración de la Casa Blanca, que dista años luz del estilo rimbombante, rococó y dorado del penthouse de Donald Trump, no será cambiada según ha dejado claro el mandatario. “Creo que la Casa Blanca es un lugar especial y tiene mucho significado para los americanos y para el mundo. Nada va a cambiar. La Casa se mantendrá tal como es”.

Con la primera dama viviendo en Nueva York, al menos durante la primera mitad de año de mandato, Donald Trump podrá quizás replicar los horarios de los congresistas que dejan Washington durante los fines de semana para visitar Nueva York, o su campo de golf en Bedminster o su casa en Palm Beach, aunque eso demande un despliegue de seguridad y de servicio secreto sin precedentes por su costo y su logística, y aunque eso haga que los ciudadanos se pregunten qué pasará si un atentado acontece un sábado. Quizás el neoyorquino termine por darse cuenta de que su vida acaba de cambiar radicalmente.

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