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Grey Power: la moda y la reivindicación de las arrugas

El clamor también se siente en la diversidad de edades. Mujeres de entre 65 y 95 años roban cámara en las pasarelas y campañas publicitarias
31 Mar 2016 – 10:46 AM EDT

Se le ha llamado grey power, retirement renaissance silver economy. Se trata de una repentina y notable presencia de mujeres de entre 65 y 95 años en las campañas publicitarias de moda y las pasarelas.

Todo comenzó en enero de 2015, cuando la octogenaria Joan Didion apareció en la campaña de la casa de diseño Céline. La imagen de la escritora estadounidense, creada por Juergen Teller, la muestra vestida de negro y portando unas enormes gafas oscuras, en el estilo típico del fotógrafo alemán.



Días más tarde, apareció la legendaria cantante de música folk, Joni Mitchell, de 71 años, en la campaña de Saint Laurent, fotografiada por Hedi Slimane.



Poco después, la excéntrica diseñadora de interiores Iris Apfel de 93 años, surgió como el "nuevo rostro" tanto de la casa de diseño Kate Spade como del joyero Alexis Bittar.



Aparecieron en otras campañas rostros largamente olvidados, como el de Twiggy a los 66 años, Helen Mirren a los 70 y Charlotte Rampling a los 70. Hasta JCrew se montó tímidamente en la ola, proponiendo su mesurada versión de Didion a través de Pia Gronning, de 65 años.

Incluso en México, la tienda departamental El Palacio de Hierro encontró su versión Didion en el aristocrático rostro de la modelo Carmen Dell'Orefice, de 84.



¿Cuestión de target?
Lo más fácil es suponer que la tendencia se debe al mercado, siempre afinando la puntería hacia su target. Las estadísticas parecerían apuntar a esta teoría. Según un informe publicado por el MassMutual Financial Group , las mujeres mayores de 50 años en Estados Unidos representan un valor neto de 19 billones de dólares. Una de cada cuatro mujeres en el mundo es mayor de 50 años y según la OMS , para 2020, habrá más personas mayores de 65 años que niños menores de 5.

Una buena parte de los entusiastas de Advanced Style, un blog dedicado a presentar a personas de la tercera edad con mucho estilo, son los así llamados millenials.

Sandra Howard, ex modelo y escritora de origen inglés, se ha quejado amargamente de las campañas de Céline, Kate Spade y Dolce & Gabanna. En el diario The Daily Mail, las califica como un acto de explotación fetichista y sugiere que aquellas imágenes poco tienen que ver con un retrato genuino de la mujer madura. Acusa a las casas de diseño de utilizar las imágenes por mérito de su shock value, más que para dialogar con consumidoras de la tercera edad.


Es de extrañarse que a Howard, como ex modelo, le parezca anómalo que la industria de la moda provoque con tal de llamar la atención. No hace tanto que se popularizó el heroin chic del que la entonces joven Kate Moss se convirtió en mujer emblema, o que circulaban las imágenes de Andrej Pejić , el andrógino modelo que perdió mucho de su enigmático appeal al transformarse en Andreja.

La moda es por definición una mezcla de realidad, aspiración y fantasía, y quizás esta ola reciente del uso de modelos—o más bien de personalidades—de la tercera edad, revela no tanto una respuesta del mercado a un envejecimiento de la población mundial pudiente, sino una necesidad alentada por los más jóvenes de poner de relieve valores como el desempeño intelectual y la falta de conformismo expresado en la excentricidad de mujeres como Iris Apfel o Joan Didion. Mucho más inspiradoras que las jóvenes modelos.

Una vez que se disipe la novedad —porque así lo exige la naturaleza de la bestia que es la moda—, y la industria vuelva a extraer a sus modelos de su inventario usual de púberes y caras bonitas, habrá quedado, en el mejor de los casos, una huellay una pregunta: ¿Estamos realmente preparados para aceptar a la mujer madura como un ser que ha pensado y que piensa, que vivió y que vive, y que además de sus arrugas también tiene un rostro bonito y par de senos?


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